
En cualquier parte hay una
persona que es más hábil, que tiene mayor capacidad para organizar, para
convencer, para calmar. Se trata de aprovechar esas capacidades y ponerse
al servicio de ellas. |
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NOVIEMBRE 2003

SITUACIONES DE EMERGENCIA.
PRIMEROS AUXILIOS PSICOLOGICOS
POR RAQUEL BUZNEGO (PSICOLOGA)
A l hablar de prevención, incluso de
intervención, en el campo de Psicología de Catástrofes, se está hablando de
fomentar hábitos adaptativos de la sociedad ante situaciones de desastres,
amenazas y emergencias.
En cualquier sociedad existen peligros potenciales, y reales, que en
cualquier momento y lugar pueden sorprendernos. No siempre podemos evitar
que ocurran pero, en ocasiones, podemos y debemos hacer algo a fin de evitar
un mal mayor.
El alto coste de las cada vez más sofisticadas medidas aportadas por la
ingeniería (seguridad en edificios, alarmas, cámaras, escaleras, etc), ha
provocado la exploración de medidas complementarias, menos costosas, pero
que se han mostrado altamente eficientes y que tienen que ver con el
componente humano (formación y organización).
Una catástrofe es todo suceso nefasto que altera gravemente el orden natural
provocando destrucción material, desplazamiento poblacional, gran número de
víctimas o significativa desorganización. La clasificación de las
catástrofes se puede hacer:
A. Según la causa que las origina (desastres naturales, atrocidades humanas
y percances imprevistos).
B. Según el nivel de riesgo (previsibles e imprevisibles).
C. Según la evolución (rápidas o lentas).
Es, por consiguiente, obvio que poco se puede hacer en aquellas que no se
pueden prever pero aquellas que hemos denominado previsibles, en las que una
alarma o cualquier indicio nos señala la inminencia, o presencia, de una
situación de emergencia es donde debemos poner en funcionamiento algunas
estrategias, de primera medida, a fin de mantener cierto control de la
situación, al menos mientras se produce la espera de los profesionales
pertinentes (policías, ambulancias, bomberos, etc).
¿Por qué a veces las pistas, las señales, los indicios, las alarmas, o demás
estímulos que nos advierten de que algo grave puede ocurrir son desoídos?
¿Por qué los pasajeros, al menos algunos, del Yakolev comunicaron a sus
familiares el pésimo estado del aparato y sin embargo tomaron el vuelo?
Según estudios de investigación hay algo en nuestro cerebro que funciona
como un "guardaespaldas mental". El córtex cerebral, estructura tardíamente
adquirida, es el responsable de seleccionar y procesar mucha de la
información que le llega a través de los sentidos y desoye, a veces,
información a fin de reducir la ansiedad que nos podría causar tanta
estimulación alarmante. Es como si mirase hacia otro lado.
Seguramente los pasajeros del Yakolev no consideraron las señales como
verdaderamente peligrosas porque sus "guardaespaldas mentales" en su afán de
proteccionismo le jugaron una mala pasada, quitaron hierro a las señales que
bien pudieran haber salvado su vida. Recordemos, asimismo, las grietas del
Columbia.
Hay ocasiones, muchas, en que si atendemos a las señales de alarma hay mucho
que hacer en pro de nuestra existencia.
Es muy importante mantener la situación bajo cierto control y, para ello,
las conductas deben someterse a una mínima organización. Desde el campo que
me ocupa he elaborado algunas pautas que se pueden, y se deben, poner en
práctica mientras la ayuda competente nos socorre.
Cuando una catástrofe nos sorprende son frecuentes las reacciones de
ansiedad, pánico, miedo, incapacidad para emprender cualquier tipo de acción
y pérdida del sentido del tiempo.
Es evidente que se hace necesaria alguna ayuda que controle esas conductas a
las que he aludido. Por consiguiente algo de crucial importancia es
establecer una mínima organización; de los allí presentes se deben de elegir
a las personas que tengan determinadas capacidades para poner en práctica
esos primeros auxilios psicológicos que sirvan para mantener bajo cierto
control las emociones.
Algunas de las cualidades necesarias para ello son las siguientes:
Capacidad para convencer: se trata de una cualidad importante. La persona
que la posea debe hacerse cargo de la situación, en la medida de lo posible,
a fin de establecer una mínima organización de los pasos a dar, o no dar, en
ese momento preciso.
Empatía: se trata de ponerse en el lugar de la persona que pierde el control
de la situación, esta cualidad le hará percibir que se comprende su estado y
que no por ello va a ser abandonada a su suerte, esa percepción le hará más
colaborador.
Utilizar el lenguaje correcto: Absolutamente necesario para clarificar qué
se va a hacer. Se debe, además, utilizar la lógica para trasmitir cierta
seguridad. Pocos podrán mantener la calma si, además de la vivencia que se
está experimentando, alguien le reprocha su inoperancia, histerismo o
estupidez.
Mantener el contacto físico: de trascendental importancia para calmar la
agitación de cualquier organismo, se trata sencillamente de tocar a la
persona, abrazarla o mantenerla junto a una persona que sea capaz de
aparentar cierta calma.
Mantener la esperanza: alguien debe de ser capaz de trasmitir alguna
seguridad, debe recurrir a la razón, a la lógica, al conocimiento del
edificio, a la proximidad de los profesionales que acudirán, etc. No se
trata de engañar, se trata de manejar un discurso, basado en hechos
favorables probables, que sirva para mantener un espíritu de afrontamiento,
de lucha, de búsqueda de una vía de resolución, aunque esa vía sea una
angustiosa espera.
Estas pautas deberían ser manejadas por personas que, de alguna manera, las
dominen; por eso es importante detectar inmediatamente al líder. En la
oficina, en la fábrica, en cualquier parte hay una persona que es más hábil,
que tiene mayor capacidad para organizar, para convencer, para calmar. Se
trata de aprovechar esas capacidades y ponerse al servicio de ellas.
No es momento de rivalidades, está en juego cualquier vida.
Incluso la propia. ∆
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