
Ellas pueden ir a profesar
su respetable fe, pueden llenar los cepillos y sostener los dogmas, pero
no pueden dar hostias ni predicar desde los púlpitos. Y ahora ni siquiera
pueden limpiar el cáliz o recogerle las faldas al párroco. |
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NOVIEMBRE 2003

USOS Y ABUSOS DE LAS
MUJERES
POR MARTA F. MORALES
Cuando este
artículo llegue a sus manos quizá las cosas hayan cambiado. Algunas
personas se habrán ido y otras habrán llegado a este valle de lágrimas,
pero ciertas cosas, por la gracia de Dios, seguirán igual, de eso estoy
segura. Porque hay asuntos que llevan siglos y milenios sin
transformaciones sustanciales, y así tienen plan de continuar per secula
seculorum. Por si no se me nota ya en el vocabulario, voy a hablarles hoy
de la Iglesia y sus pecados. Porque últimamente se están luciendo más de
la cuenta los de la sotana, y alguien debería echarles el alto. Aunque por
ello se arriesgue a arder eternamente en las llamas del infierno. Si no,
díganme qué explicación le encuentran a los siguientes fenómenos
paranormales, que ya estoy por llamar a un exorcista:
Primero, las nuevas encíclicas, leyes papales o como den en llamarse,
sobre los "abusos litúrgicos". Resulta que le parece al Santo Padre (que
no sé cómo ni dónde estará cuando esto se publique, está el hombre malito
y no le dejan tranquilo los de los faldones y las cruces) que las cosas
andan muy locas por las iglesias del mundo, y que aunque Dios debería
estar en todas partes por contrato, está empezando a faltar al curro
porque se escandaliza. Según dicen en el Vaticano, sobran guitarras,
palmas y otras lindezas en las celebraciones católicas, que ya no son lo
que eran. O sea, que lo de las misas rocieras se acabó (no veo yo a las
gitanas con traje de faralaes sin palmear media hora), las misas
campesinas tendrán coro, pero no se le podrá aplaudir y cantará a capella,
etc. ¡Pues sí que van a ser entretenidos los servicios, tan alegres de
contenido y con esa puesta en escena tan variada! Pero eso no es lo único
ni la cosa acaba ahí. Hay restricciones a esos "abusos litúrgicos" que
poco tienen que ver con la juerga y la musiquilla y mucho con la
discriminación. Resulta que estos nuevos caprichos vaticanos prohíben
también que las niñas ayuden durante la misa. O sea, que no puede haber
monaguillas. Una se pregunta si será porque así se evita que las criaturas
se aficionen a una profesión que de adultas les está vetada, si la cosa
tendrá que ver con la supuesta impureza femenina, que contaminaría el
altar, o si los tiros irán más por una simple voluntad de seguir apartando
a las mujeres de todo lo que tenga que ver con el poder religioso. Las
iglesias siguen abiertas como negocio fundamentalmente gracias a las
mujeres creyentes y beatas varias, pero eso no se tiene en cuenta. Ellas
pueden ir a profesar su respetable fe, pueden llenar los cepillos y
sostener los dogmas, pero no pueden dar hostias ni predicar desde los
púlpitos. Y ahora ni siquiera pueden limpiar el cáliz o recogerle las
faldas al párroco. ¿Hasta dónde va a llegar la exclusión femenina en la
iglesia católica que nos toca padecer?
Pues según los Legionarios de Cristo, hasta el matrimonio y más allá. En
sus códigos educativos, que se nos han dado a conocer gracias a una
operación financiera de lo más sospechoso en un colegio madrileño, se
incluye la curiosa intención de potenciar que sus alumnos y alumnas se
casen entre ellos "para evitar el divorcio". O sea, que la libertad de
elección, la capacidad de amar a quien se quiera, de uno u otro sexo, la
pasión y la espontaneidad quedan excluidas de la vida de estos niños y
niñas desde un principio. Y eso se les va a imponer a los y las asistentes
a este colegio en cuestión, que era laico y concertado, sin previo aviso
ni consulta. Los padres y madres se encuentran con que un buen día,
después de pagar la matrícula y de empezar el curso, el centro educativo
cambia de manos y pasa a las muy radicales y sacrosantas de los
Legionarios de Cristo, que como ustedes entenderán, son el colmo de la
tolerancia, la igualdad y la democratización de las aulas. Nadie ha hecho
nada al respecto. Al fin y al cabo, "sólo" se trata de que las niñas
aprendan la sumisión a las pruebas y cruces que les envía el Señor
(incluidas la de la violencia, la discriminación laboral, la maternidad
obligatoria, etc.) y los niños crezcan pensando que sus compañeras son
inferiores porque nacieron de una costilla suya y Dios las castigó a parir
con dolor. Es para que los padres y madres del alumnado del susodicho
colegio renuncien a la fe si es que la tienen, por abuso económico y
tomadura de pelo pedagógica.
Es que la Santa Madre Iglesia y todos sus brazos financieros y políticos
lleva demasiados siglos diciéndoles a las mujeres lo que deben o no deben
hacer: yacer bajo el marido, cumplir con los deberes de buena esposa,
parir hijos para la patria y la fe, confesar los pecados a una voz
masculina tras una reja, no tomar decisiones sobre su propio cuerpo ni su
vida... ¿hasta cuándo vamos a seguir así? Yo propongo una huelga de celo
de todas las creyentes de este país: ni un rosario más, ni una misa, ni
una hostia, ni una limosna, hasta que se publique una encíclica que hable
del trabajo silencioso de las mujeres en lo privado y en lo público, que
autorice la presencia activa de sacerdotisas, obispas y papisas, que no
tolere ni una frase más del estilo de "es tu cruz y tienes que llevarlas"
a las mujeres maltratadas, que reconozca el matrimonio y la maternidad
lesbiana, que acabe con el celibato obligatorio y con la persecución de
prácticas sexuales alternativas, y que rompa definitivamente con aquello
de "Señor, no es por vicio ni por fornicio, sino por dar un hijo a tu
servicio". Ya vale de señores y vasallas. Somos iguales para bien o para
mal, y aquí, o cabemos todos y todas o no cabe ni Dios. ∆
e-mail:
martafmorales@hotmail.com
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