
No quiero dejar de ser
aquella adolescente que un día fui, quiero conservar cierta dosis de
ingenuidad, capacidad de ilusión y de sorpresa, interés por todo lo que me
rodea y, si no hay más remedio, capacidad para estar a la altura de los
adultos convencionales cuando lo estime oportuno. |
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MAYO 2003

ADOLESCENTES VS ADULTOS
POR RAQUEL BUZNEGO (PSICOLOGA)
Q ué queda de aquellos adolescentes que
éramos? La pregunta me la formulé el otro día cuando reflexionaba acerca de
mi vida y la de todas aquellas personas que compartieron conmigo aquella
maravillosa etapa plagada, no obstante, de pequeños problemas que por
entonces parecían enormes, trascendentes, insalvables.
La respuesta no me es conocida aunque puedo conocer algo, que no todo,
respecto a lo que a mí concierne. Supongo que muchos estarán en el lugar
deseado, en el trabajo por el que lucharon, en la familia que habían soñado.
Otros vivirán la vida tal como les ha ido viniendo, sin pena ni gloria,
algunos sufrirán y unos pocos se han ido. Los accidentes o la enfermedad no
les han permitido seguir adelante, ni plantearse su vida ni siquiera llegar
a formularse las preguntas existenciales que todos nos hacemos alguna vez.
Me formulé esta pregunta en La Alameda, el lugar paradisíaco que fue para
muchos de nosotros cuando íbamos al Instituto, el parque cómplice de
nuestros amores, de nuestra amistad, de nuestras travesuras, el lugar donde
repasábamos los apuntes de última hora para el examen de la tarde y ¿por qué
no decirlo?, el lugar que nos protegía cuando estábamos pirando.
¡Qué tiempos aquellos! La adolescencia es algo maravilloso para algunos,
agridulce para otros y una etapa llena de complejos y traumas para muchos.
Significa adolecere y el término no precisa explicación.
A medida que nos vamos convirtiendo en adultos debemos formarnos, debemos
evolucionar acorde a las demandas de nuestro contexto y nuestras creencias,
debemos enriquecernos para poder enfrentarnos con más recursos a la vida,
una vida que nos reta, que nos desafía y que nos sorprende no siempre de
forma grata.
De aquellos que éramos dicen Celtas Cortos: " Hoy no queda casi nadie de los
de antes y los que hay han cambiado". La mayoría con quien he compartido
tantas horas, tantas risas, momentos extraordinarios y también llantos no
los he vuelto a ver, se han esfumado. Hoy, quizá, no nos conoceríamos, quizá
no compartiéramos ideas y ni siquiera estaríamos cómodos juntos. A unos
pocos los he visto, nos alegramos al encontrarnos y hasta tomamos un café,
sin embargo el tiempo cambia demasiado a las personas, piensan como malditos
adultos y yo no quiero dejar de ser aquella adolescente que un día fui,
quiero conservar cierta dosis de ingenuidad, capacidad de ilusión y de
sorpresa, interés por todo lo que me rodea y, si no hay más remedio,
capacidad para estar a la altura de los adultos convencionales cuando lo
estime oportuno. Entonces ¿qué queda de aquella época? Poca cosa, pero
suficiente para mí, quedan los lugares que afortunadamente se mantienen casi
intactos y quedan los recuerdos.
Con lugares y recuerdos vuelvo a mi adolescencia, la experimento cuantas
veces me apetezca, alimento así mi adolescencia de adulta de la que no
quiero desprenderme. Es una filosofía de vida porque sin filosofía no puedo
interpretar el camino, ni la conducta de las personas, ni la miseria, ni la
ignorancia. Por ello deseo adolecer de muchos rasgos, no deseo ser
convencional, ni educada (según el criterio de muchos), ni suficientemente
madura, ni esas cosas que hay que ser para que los adultos rancios no te
tachen de adolescente.
Ya veis, soy un proyecto, intento ser como me plazca, como me satisfaga y
como estime oportuno en cada momento para abrazar la vida con satisfacción
por el hecho extraordinario de tener la posibilidad de disfrutarla.
Y en esa historia me hallo.
A la memoria de Arturo Basoredo. No fue mi amigo, fue mi compañero de clase,
un buen compañero, el rival más duro a que hube de enfrentarme para que mis
notas no fueran inferiores a las suyas. Murió joven, en accidente de
tráfico, al otro lado del Atlántico. Su corta vida no le brindó la
oportunidad de hacer estas reflexiones.∆ |