
En qué se basa una relación
donde el hombre está en su cultura, habla su idioma, conserva su empleo de
siempre, vive en su comunidad de siempre y tiene un cierto poder
adquisitivo; mientras que la mujer viene de la otra punta del mundo, no
entiende la lengua, ha sido arrancada de sus raíces, y llega sin ningún
tipo de independencia económica? |
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MAYO 2003

SE BUSCA
POR MARTA F. MORALES
Se busca mujer joven, de belleza exótica, educada, modosa y sin
intereses feministas. Se ofrece: marido occidental, mayor, con una renta
suficiente como para ir a buscarla a Rusia, a la República Checa o a
Filipinas, seguramente divorciado, con actitudes machistas y posiblemente
con hijos de relaciones anteriores. Se garantiza paso por la vicaría, pero
no protección contra la violencia ni el asesinato.
No es la
sección de anuncios por palabras de ningún periódico, y no es que en esta
revista la dirección se haya vuelto loca. Es un negocio real, que no se
presenta en estos términos, sino disfrazado de romanticismo y de glamour
(gracias a cierto hotel, esta palabra está cobrando nuevos y sorprendentes
significados). Un negocio que mueve millones de euros y que se gestiona a
través de agencias especializadas o por Internet. Se lo digo como lo
cuentan en el artículo (traduzco del inglés) "Compradores de esposas",
publicado en el suplemento del Sunday Times alrededor del día de San
Valentín de este bélico 2003. Me lo envía una buena amiga, culta y
lectora, que precisamente ese domingo (qué mala suerte para los
traficantes de carne humana) llevaba puestas las gafas de género. Me dice
que se indignó muchísimo leyéndolo, y que espera que yo haga algo. Como lo
mío es escribir, se lo agradezco de corazón, por amiga y por lectora, y
les invito a que sigan su ejemplo, porque nunca sobran temas para próximos
artículos.
El caso es que explican en el reportaje del dominical inglés que el tema
de comprarse mujeres para matrimoniar está subiendo como la espuma. Parece
que cada vez hay más empresas que se dedican a reclutar jóvenes
desesperadas en Europa del Este, en islas perdidas de océanos lejanos o en
la fría Estepa, donde hay polvorones y pobres a raudales. Dicen que sólo
en Internet, la entrada "novias por catálogo" en un buscador da como
resultado 77.000 documentos. Y que de todos los casorios por este
procedimiento, algunos (no pocos, me temo) terminan como el rosario de la
aurora. Ejemplo: Mr. King, licenciado en economía, callado y amable, acaba
de ser condenado por homicidio en primer grado. La víctima, su esposa por
correo, Anastasia, de veinte años y nativa de una república soviética con
nombre de cuento de hadas. Segundo ejemplo: un piloto norteamericano ahogó
"accidentalmente" a su mujer de agencia internacional, ¡oh casualidad!,
después de haber contratado varias pólizas millonarias sobre su vida. El
piloto en cuestión vive ahora con su sexta mujer de catálogo.
También hay en el reportaje parejas felices, pero esas no son noticia. En
todo caso, aunque estas mujeres no acaben siendo asesinadas por su
marido-amo, ¿en qué se basa una relación donde el hombre está en su
cultura, habla su idioma, conserva su empleo de siempre, vive en su
comunidad de siempre y tiene un cierto poder adquisitivo; mientras que la
mujer viene de la otra punta del mundo, no entiende la lengua, ha sido
arrancada de sus raíces, y llega sin ningún tipo de independencia
económica? ¿Cómo puede ser satisfactorio para sus dos miembros un
matrimonio en el que el hombre ha elegido a la mujer a dedo entre cientos
de fotos, fijándose en su físico por encima de todo, y solicitando que
cumpla un perfil determinado en el que se incluyen la sumisión al cónyuge
y la falta de conciencia feminista? ¿Qué vida espera a mujeres extranjeras
maltratadas y violadas en una nación que no es la suya, donde no pueden
presentar cargos por miedo a ser repatriadas? ¿Qué valores aprenderán los
hijos e hijas de una pareja así?
Algunos de los clientes de estas agencias de romanticismo por correo
afirman que lo suyo es como una cita normal, sólo que tienes que irte algo
más lejos que al café de la esquina o al cine de tu barrio (Moscú,
Manila). Pues bueno. Unas pocas novias de agencia sostienen que ellas
eligieron a sus maridos tanto como ellas mismas fueron seleccionadas;
nadie las obligó a nada. Correcto. Pero quienes conocen el negocio y
ciertas mujeres-objeto que lo han vivido al menos una vez, defienden la
idea de que si lo que buscas es amor, no te casas con un extraño. Tal vez.
Eso, al fin y al cabo, es lo que menos me preocupa. Lo peor no es que
ellos se gasten miles de euros en viajes a países diferentes para mirar a
sus ciudadanas como a objetos de saldo; ni que ellas se vean aisladas,
víctimas de la estereotipia y el racismo (cito: "las mujeres checas son
bellas, inteligentes, educadas y sin caprichos"... Si usted ha nacido en
Praga o alrededores y no cumple estos requisitos, no es que los mitos no
sirvan, es que fue parida en el lugar equivocado... ¡si es que no nos
fijamos!). Lo peor, desde luego, es que a ellas este juego capitalista y
cosificante llegue a costarles la vida. Ya no basta con que un señor del
pueblo de al lado haya golpeado a su mujer hasta la muerte. No es
suficiente con que la vecina de enfrente lleve siempre mangas largas para
tapar moretones. No está el machismo satisfecho con más de una veintena de
femicidios en lo que va de año sólo en España. Ahora, a nuestros futuros
cadáveres los envían en sobres certificados. No es por cargar contra el
mensajero, pero si esto es así, maldito sea el servicio de Correos. O más
bien, quienes con él se llenan los bolsillos de billetes manchados con
sangre de mujer. Si La Celestina levantara la cabeza, se uniría a una
asociación feminista, aunque sólo fuera por joder a quienes practican este
intrusismo letal en su añeja profesión. ∆
e-mail:
martafmorales@hotmail.com
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