
Hasta hace muy poco, no se
nos permitía mirar hacia atrás ni hacia los lados para ver lo que estaban
logrando nuestras congéneres. Sólo se nos dejaba mirar hacia abajo. |
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MARZO 2003

ELOGIEMOS AHORA A
MUJERES FAMOSAS
POR MARTA F. MORALES
Y a está aquí. Este es el mes de la
fiesta femenina por excelencia, del día en el que la mitad de la
población, como en el anuncio, se da cuenta de que le gusta ser mujer,
mientras la otra mitad reconoce, con cara de circunstancias, que serlo no
es nada fácil en según qué momentos. El 8 de Marzo llega un año más, todos
los políticos se visten de morado por un día, hablan, hacen campaña,
prometen, recuerdan y discuten, para volver el día 9 a su existencia
normal. Como yo estoy un poco cansada de que por la celebración del Día
Internacional de la Mujer Trabajadora nos enfrasquemos en politiqueos
baratos, voy a dedicar esta página no a lamentarme, sino a hablar bien de
las mujeres, a dar ejemplos de las que lo consiguieron para que las que
estamos en camino tengamos espejos agradables en los que mirarnos. Porque
parte del problema de la educación femenina es que, hasta hace muy poco,
no se nos permitía mirar hacia atrás ni hacia los lados para ver lo que
estaban logrando nuestras congéneres. Sólo se nos dejaba mirar hacia
abajo. Y con la boquita cerrada, por si las moscas y los palos que las
espantan.
Pues antes que nosotras vino Helen Adams Keller (1880-1968), mujer
estadounidense que fue ciega y sordomuda desde los diecinueve meses.
Ustedes pensarán que menudo modelo positivo les propongo. Pues sí, porque
ahí donde la mayoría la imaginaría inútil total, Helen Keller, como tantas
discapacitadas llenas de coraje, se pensó a sí misma un ser normal, y
gracias a la ayuda de otra mujer extraordinaria, llevó una vida plena y
cargada de logros. Anne Sullivan le enseñó el lenguaje de los signos, el
braille, la pronunciación de los sonidos y mecanografía. Con todo ello,
con paciencia, amor y energía positiva de la que tenemos las mujeres
metida en las entrañas, Keller aprendió varios idiomas y se licenció con
honores en la universidad. El resto de su vida fue escritora, y por si
quieren acercarse a algún título suyo, aquí les cito algunos con la ayuda
del "Diccionario de Mujeres en la Historia" de Cristina Segura Graíño:
"Historia de mi vida", "Luz en mi oscuridad", "Maestra" y "La puerta
abierta". Creo que, aunque sólo sea como premio a su valor y trayectoria,
todas deberíamos leer algo suyo.
Igual que en todas las clases de arte debería hablarse al alumnado del
trabajo de otra mujer que supo ser ejemplo, maestra, y mito: Frida Kahlo.
La pintura de esta mejicana indomable tiene una fuerza, un peso y una luz
que la sitúa entre los y las grandes del pincel, y su legado va más allá
de esa película que ahora está en ruta y donde Salma Hayek es una Frida
hermosa, pero demasiado pequeña para mi gusto. Nunca he visto al original
en persona (se nos fue en el 54, y mi máquina del tiempo anda averiada),
pero a través de sus cuadros y todo lo que se ha escrito sobre ella se
imagina una a Frida como una presencia que llena la habitación. A la Hayek,
detrás del actor que interpreta a Diego Rivera, ni se la ve, tan gordo es
él y ella tan chiquitina. Y yo no creo que Diego deba ensombrecer a Frida
en ningún sentido; ella fue artista por sí misma. Como recomendación,
además de cualquiera de sus cuadros, les dejo otra cosa: "El diario de
Frida Kahlo. Un íntimo autorretrato". En él encontrarán dibujos, escritos,
borradores, color, dolor y mucho talento. El que propulsó a Frida Kahlo
más allá de los corsés que toda su vida la ataron, ayudándola a superar el
dolor físico y espiritual. Desde su cama de tullida, Frida vio el mundo
que a tantas mujeres se les niega. Y lo pintó para nosotras.
Ya que estamos con artistas, mi último homenaje en este mes de marzo que
espero sea lo más ginocéntrico posible, para una actriz que desprende
pasión, seguridad y paz interior: Vanessa Redgrave. Si alguien la vio en "Isadora"
seguro que no habrá logrado borrar de su mente los bailes de ese cuerpo
alto y espigado haciendo movimientos imposibles. La Redgrave (para mí los
mitos del teatro llevan artículo, La Espert también se lo ha ganado) es
belleza, es compromiso, es maternidad, es sexualidad sincera, es alegría y
es firmeza. La única de las mujeres de este artículo que sigue viva además
de yo misma, Vanessa Redgrave es una estrella de la escena y de las
pantallas. Pero no una estrella barata y brillante a ratos como muchas de
las de Hollywood, sino una luz permanente, un faro que buscar cuando una
está perdida en la mediocridad y la pena. Nacida en Londres en 1937, esta
columna de mármol del teatro lleva la actuación en la sangre, y se la ha
transmitido a sus hijas, que siguen sus pasos (aunque aún a distancia, en
este caso Mamá ha llegado tan lejos que les costará toda una vida
alcanzarla). En Europa y en Estados Unidos ha dejado Vanessa Redgrave la
impronta de su carácter, con papeles en obras de Shakespeare, en películas
dispares de distintos directores, pero siempre poniendo muy alto el listón
de la calidad. Es además ferviente feminista y luchadora por todo lo que
le parece justo, y ello le ha costado más de un disgusto en algún caso.
Pero la Redgrave, como Frida Kahlo, Helen Keller y miles de mujeres de las
que nos rodean y que no salen en ninguna enciclopedia, decidió que sí, que
le gustaba ser mujer. Pero todos los días del mes. Y todos los meses del
año. Y todos los años de su vida. Porque cada día que despertamos, a
nuestro alrededor hay mujeres extraordinarias. Sólo tenemos que abrir los
ojos. Feliz 8 de Marzo. ∆
e-mail:
martafmorales@hotmail.com
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