
No nos amamos, ni siquiera
nos respetamos, carecemos de empatía y disfrutamos, por tanto, con las
miserias de los otros porque disculpamos, así, nuestras propias miserias,
nuestra mediocridad. |
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JUNIO 2003

INSATISFACCION VS VIOLENCIA
POR RAQUEL BUZNEGO (PSICOLOGA)
L a violencia es como una maldita
epidemia, no hay forma de erradicarla, es una pesadilla constante que planea
a nuestro alrededor y que se evidencia en forma de conductas crueles,
aberrantes, grotescas. Sin embargo también aparece de forma más sutil, menos
estrepitosa, ocurre de puertas adentro y sigue su curso porque nadie es
capaz de pararla.
Un porcentaje considerable de niños sufre abusos por parte de sus
progenitores, unas cuantas mujeres conviven con el miedo y el pánico
diariamente. Sus maridos, aquellos con quien un día soñaron un mundo mejor,
son ahora sus enemigos, sus verdugos. Otras muchas personas sufren
humillación en el trabajo, acoso sexual, mobbing.
El hombre actual, más preparado, más informado, acomodado en cierto
bienestar material, no ha mejorado en muchos aspectos y es que, a pesar de
todo, no se ha logrado vencer la insatisfacción, ni la envidia, ni la
frustración, ni la soledad. El hombre junto a su teléfono y sin tener un
número en quien confiar.
Entiendo, por tanto, el éxito de determinadas líneas (amistad, sexo,
adivinación) la gente encuentra una voz cálida al otro lado del hilo
telefónico, alguien que escucha, a la vez que se lima las uñas, pero no
importa; sencillamente alguien te deja hablar y responde aquello que te
apetece oír.
Las cosas no existen porque sí; existen porque muchos las demandan y hacen
uso de ellas y ahí están los "sin moral", los aprovechados que llenan sus
arcas a costa de la soledad de muchos, de hombres y mujeres que no tienen
con quién hablar, en quién confiar y que, en última instancia, saben que,
hayan dicho lo que hayan dicho, nadie de su entorno lo va a saber, no van a
conocer esa información y, por tanto, no la van a utilizar.
Alarmada me hallo, ante esta situación. Estamos rodeados de gente pero solos
con nuestros problemas, con nuestras contradicciones, con nuestras emociones
y con nuestras alegrías.
Y de esta falta de comunicación, de calor humano, de frases de aliento, de
amigos de verdad, surge el vacío, la nada, la desconfianza, la frustración.
Finalmente esto se convierte en insatisfacción y de este malestar cabe
esperar escasa bondad.
No nos amamos, ni siquiera nos respetamos, carecemos de empatía y
disfrutamos, por tanto, con las miserias de los otros porque disculpamos,
así, nuestras propias miserias, nuestra mediocridad.
Si cada uno de nosotros supiera valorar y disfrutar de lo que tiene, supiera
valorarse como persona, sin que esa valoración dependa de su capacidad para
impresionar al vecino, si supiera vivir su vida sin compararla con la de
otros, otro gallo cantaría, sería una melodía maravillosa, la melodía de la
satisfacción y, por consiguiente, de la concordia.
El hombre se sentiría satisfecho y no tendría que canalizar sus
frustraciones de forma violenta contra los más débiles porque la violencia
no es el camino, no hace sentirse mejor a quien la practica, sólo puede
alimentar la frustración, el odio y la soledad.
Valora y serás valorado, escucha y serás escuchado, sonríe y alguien te
sonreirá.
Si, en el fondo, deseas un poco de amor comienza por amarte a ti mismo,
luego serás capaz de amar a los demás.
No tendrás que arrepentirte de nada. ∆ |