
El hecho de que un artista
con la calidad de Pedro Guerra nos regale el cien por cien de su trabajo
es una conquista. La conquista de una mente inteligente que merece la pena
conservar de nuestro lado. |
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SAN PEDRO
POR MARTA F. MORALES
E l final de 2002 nos trajo a las
mujeres una grata sorpresa: el nuevo disco de Pedro Guerra, "Hijas de
Eva". En esta misma revista contaba el cantautor hace un par de meses cómo
se interesó por el tema de la discriminación de género. Buscando,
buscando, encontró tantas formas de oprimir a la mujer que le salieron
catorce canciones. Todas con título rotundo y con tema bien explícito.
Sólo unos ejemplos: el primer tema es el que da nombre al trabajo, pero en
los cortes dos y catorce sigue con la Biblia y titula "Eva" y "Lilith". La
cuarta canción se autoexplica: "Burka". La décima es un homenaje y se
llama "Madres". Yendo más allá de nuestras fronteras, Guerra se acerca a
la mutilación genital en "Malicunda" y a las revolucionarias mejicanas en
"Adelita".
Como mujer, como amante de la buena música, como admiradora de Pedro
Guerra desde que le descubrí con aquel "Contamíname" (claro que él cantaba
antes, pero yo no lo sabía), no puedo más que dar saltos de alegría ante
este disco que trata de las que son como yo. Porque ya era hora de que
algo tan redondo se dedicara a las mujeres. Porque el hecho de que un
artista con la calidad de Guerra nos regale el cien por cien de su trabajo
es una conquista. La conquista de una mente inteligente que merece la pena
conservar de nuestro lado. Porque sus letras demuestran que miente la
sabiduría popular cuando sentencia que "todos los hombres son iguales".
La maldición de las hijas de Eva empezó cuando la susodicha pecó por, como
dice Guerra, "codiciar los frutos del árbol del bien y del mal". Lo que no
nos cuentan es que el Dios de los patriarcas le dio el aviso a Adán de que
no echara mano de aquella planta, pero Eva no estaba cuando lo dijo. Cito
textualmente de la Biblia: "y mandó Dios al hombre, diciendo: "De todo
árbol podrás comer; pero del árbol del conocimiento del bien y del mal no
comerás, porque el día que de él comas, ciertamente morirás". Quince
líneas más abajo, aparece la madre que nos parió a todas: "De la costilla
que Dios tomó del hombre, hizo una mujer". Repito: quince líneas más
abajo. O sea, que la pobre Eva no estaba cuando el gran jefe avisó de lo
malísimo que sería comer de aquel arbolito. Y en todo caso, a Adán le
amenazó con la muerte, no con la expulsión del paraíso. Luego cambió de
idea y saltó con aquello del sudor de tu frente y los dolores del parto
(de los de la regla no dijo nada, pero los incluyó en el lote).
Pero es que antes de esta historia de Eva y el mordisco, y según nos
recuerda Pedro Guerra, letrista de los buenos, hubo alguien más que se nos
ha borrado de la memoria común. Pregunta el artista: "¿Quién fue la
primera mujer, la que se hartó de vivir para Adán y se marchó del Edén?
¿Quién fue la mujer que pasó del paraíso del bien y del mal y sin pensarlo
se fue?". Y como buen retórico, él mismo se responde: "Lilith fue la
primera mujer". Lilith. ¿Les suena de algo? A mucha gente, para nada.
Desde aquí animo a investigarla. Lilith, de la que Guerra canta "ni
heroína, ni princesa, ni voluble, ni perversa, crece libre y no se deja
someter". Lilith. La primera antes que la primera. Porque en el Génesis (y
sigo citando de la fuente original) se dice en un primer momento que "creó
Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios los creó, varón y hembra los
creó". O sea, que ya estaban los dos, igualitos, creados del mismo
material ("polvo de la tierra"), paridos sin dolor ("sopló en su nariz un
aliento de vida"_ ¡qué fácil, tú, y sin epidural!) y sin diferencias
importantes más allá de un mero apéndice visible. Pero hete aquí que una
página más adelante, el autor de la Biblia, que sería un santo, pero a
veces tenía sus fallos, vuelve sobre la historia de la creación, pero de
forma algo distinta: "Dios hizo caer un sueño profundo sobre Adán y,
mientras este dormía, tomó una de sus costillas y cerró la carne en su
lugar. De la costilla que Dios tomó del hombre, hizo una mujer, y la trajo
al hombre". Y Adán, que debía de haber tenido sus más y sus menos con la
primera hembra, la de tierra y aliento, dijo entonces, el muy listillo:
"¡Esta sí que es huesos de mis huesos y carne de mi carne!" Añadiendo
después una cosa a la que yo no le veo nada de lógica, ustedes me dirán:
"Será llamada "Mujer", porque del hombre fue tomada" (oye, igual es cosa
de la traducción, pero a mí no me queda nada claro). En fin, que aquella
primera antes que la oficial no le sirvió a Adán. Cuentan otros libros tan
gordos como la Biblia que fue porque se negó a yacer debajo de él durante
el acto sexual. Pronunció entonces el nombre de Dios y se fue del paraíso.
Su segunda casa fue el Mar Rojo, donde dicen que se acostó con todos los
demonios que encontró y fue castigada por Dios a parir miles de hijos
malignos de los cuales el muy gracioso le mataba cien al día. Lilith, en
venganza, iba a casa de las buenas mujeres, las hijas de Eva, y robaba a
los bebés de las cunas. Qué sorpresa, que una que se nos rebela, de pronto
sea la encarnación del mal. Pues también de ella nos habla Guerra en el
disco que me hizo empezar con este artículo. Aunque sólo sea por hacerles
un poco de justicia a Lilith y Eva, escuchadlo. Si podéis, compradlo. Y si
tenéis cerca a mujeres que amen la música, regaládselo. Por lo menos para
darle las gracias a Pedro, que hoy que estoy yo tan bíblica, tengo para mí
que se ha ganado a pulso el título de santo varón. A ver si, como otros
santos mucho menos interesantes, San Pedro Guerra crea escuela. ∆
e-mail:
martafmorales@hotmail.com
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