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PSICOLOGIA Y SOCIEDAD

No se deben expresar las emociones sin tino, con cualquiera y en el momento de mayor intensidad de la emoción, pero tampoco se debe prolongar la rumiación de esas emociones y la represión porque el organismo pasará factura.

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LABERINTO DE EMOCIONES
POR RAQUEL BUZNEGO (PSICOLOGA)

"Hay fuerzas en marcha. Es preciso crearlas y las soluciones aparecerán".
A. de Saint- Exupéry.


Las emociones son impulsos que nos llevan a actuar. Según algunas definiciones una emoción es "una agitación o perturbación de la mente; sentimiento pasión, cualquier estado mental vehemente o agitado". En toda emoción hay implícita una tendencia a la acción porque la emoción afecta a los pensamientos, al estado de ánimo, al equilibrio del cuerpo y a la voluntad de acción.
Cuando estamos enojados, por ejemplo, se incrementa el flujo sanguíneo, el ritmo cardiaco y la tasa hormonal. Estas variables generan energía para la acción. En el caso del miedo la sangre se retira del rostro, palidecemos, y fluye a la musculatura esquelética para favorecer la huida.
Las emociones tienen una influencia determinante en nuestra vida ya que ayudan en la misma medida que perjudican.
Las emociones pueden modificar nuestro pensamiento, nuestro estado de ánimo y hasta nuestra voluntad de actuar en uno u otro sentido. Sin embargo ¿qué da lugar a qué?, ¿el pensamiento da lugar a la emoción o viceversa? No es tan sencillo, caben todo tipo de explicaciones.
A los pocos meses de nuestra vida adquirimos algunas emociones como son: el miedo, el enfado o la alegría. Otras se aprenden merced a la experiencia. La envidia, pongamos por caso, surge de un pensamiento de inferioridad. El envidioso odia a otras personas porque tienen bienes o cualidades de las que él carece, o estima que carece. En este caso su estado de ánimo sigue a sus pensamientos y ello da lugar a la rabia y al rencor que siente.
Las emociones son como los colores (a partir de los primarios se crea una amplia gama). Según el psicólogo Robert Plutchik que ideó la "rueda de las emociones" habría ocho básicas que se reducirían a cuatro y sus contrarios ( tristeza- alegría, sorpresa- anticipación, aceptación- rechazo y enfado- miedo). A partir de la combinación entre estas emociones básicas surgirían la emociones complejas.
El mundo de las emociones es un complejo laberinto; sin embargo para simplificar se puede decir que surgen, fundamentalmente, a través de dos vías: cuando hacemos una valoración mental que atribuye un significado a un suceso externo, según esa valoración podemos sentir rabia, celos, esperanza, alegría, etc. También puede ocurrir que no exista un suceso externo sino que la emoción surja desde nuestro propio interior, suscitada por nuestros recuerdos o imaginación.
Pero ¿qué importancia tienen, vengan de donde vengan, nuestras emociones en nuestra salud mental y física? Es evidente que contribuyen en gran medida. Si las emociones negativas son reacciones breves (ej., miedo ante una circunstancia pasajera) sirven para prepararnos, disponen un mecanismo de acción; digamos que contribuyen y son necesarias para salvaguardar nuestra supervivencia.
Sin embargo, si las emociones negativas son rumiativas, intensas y de larga duración (ej., la envidia, los celos, etc) pueden hacer que nuestro organismo enferme.
Existen, por tanto, emociones positivas y emociones negativas, según contribuyan a nuestro bienestar o malestar.
Para aprender a controlar nuestras emociones debemos aprender a observarnos, aprender a analizarnos con objetividad ¿qué me ocurre?, ¿por qué?, ¿qué siento?, ¿cómo expreso ese sentir? Debemos aceptar nuestras emociones, nuestros sentimientos negativos (es evidente que los positivos generan bienestar) que no conviene reprimir sino expresar adecuadamente y cambiar en la dirección deseada.
Debemos airear las emociones, hablar de ellas, compartirlas con alguien que nos pueda comprender, orientar y no juzgar. La expresión verbal de las emociones es terapéutica, sin embargo requiere una reflexión previa de con quién se van a compartir y cuándo y cómo se va a proceder. No se deben expresar las emociones sin tino, con cualquiera y en el momento de mayor intensidad de la emoción, pero tampoco se debe prolongar la rumiación de esas emociones y la represión porque el organismo pasará factura.
Sobre las emociones, en definitiva, se puede actuar de dos formas: actuando sobre sus manifestaciones fisiológicas o conductuales (ej, en la Ansiedad se ralentizará la respuesta fisiológica a través de relajación, ejercicio, ansiolíticos, etc., lo cual modificará nuestra forma de vivenciar esa ansiedad) o bien sobre los pensamientos (ej., en una emoción como la envidia podemos y debemos aprender a valorarnos más, sin comparaciones que puedan conducir a incrementar nuestra insignificancia).
A través de la Voluntad podemos cambiar pensamientos, creencias e ideas. La actitud mental positiva es algo que con entrenamiento se puede adquirir.
No es un camino fácil, pero es posible.∆

   

   
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Última revisión: octubre 27, 2008. 
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