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FEMENINO PLURAL

 

Hoy en día ser madre pasa por concebir con o sin pareja, con o sin un hombre, parir o no, criar o no, compartir o no maternidad y paternidad responsables, trabajar dentro y fuera del hogar, hacer el amor con probetas, acoger o dar en acogida, adoptar o dar en adopción..
 

AGOSTO  2003


Y A TI TE ENCONTRE EN LA CALLE
POR MARTA F. MORALES

El mes pasado, dentro de los cursos de verano de la Universidad de Oviedo, se celebró uno titulado "A vueltas con la maternidad. Retos políticos y artísticos ante el siglo XXI". Durante una semana, especialistas de distintas áreas de conocimiento reflexionaron desde sus diferentes posiciones sobre el dilema de ser madre entendido en toda su extensión: concebir, vivir un embarazo, parir, dar de mamar y luego ejercer de progenitora de una o varias criaturas. Cada una planteó cuestiones complejas y particulares a partir de su propia experiencia personal o de su investigación del tema de la maternidad en la literatura, el arte, la ciencia, el activismo político, etc. Más de medio centenar de alumnas y un hombre con sensibilidad, que tuvo la iniciativa de matricularse, tuvieron la oportunidad de pensar en qué significa ser madre (o no) en este siglo de guerras y mentiras que nos ha tocado vivir.
Durante décadas en España la cosa estuvo la mar de clara: dar a luz y criar churumbeles era destino inexcusable para toda mujer decente y de bien. Parir hijos para poblar la patria del caudillo era nuestra misión fundamental y última. De aquella, íbamos a por los cuarenta millones... y contando. El siempre irónico Luis Otero recoge en sus libros perlas de las campañas franquistas para potenciar la maternidad. En libros educativos y revistas de la época podían leerse maravillas como las que siguen: "Los primeros juguetes de las niñas han de ser las muñecas o cosas parecidas, en conformidad con sus fines ulteriores" (¿adivinan qué fines serán esos? No los de dependienta de jugueterías Imaginarium, me temo); "Las buenas amas de casa - eso son las madres, ¡las amas! - tienen que saber guisar para hacer comidas ricas y sabrosas; hacer la limpieza, lavar, planchar, y hasta alguna cosilla de las que saben los médicos para cuando sus hijos están enfermos" (limpiadora, planchadora, economista, cocinera, enfermera, pediatra, organizadora, psicóloga... ¿usted cuántas carreras tiene? No, es que soy ama de casa); "Ha de evitarse a todo trance que los estudios amengüen su feminidad" (madre sí, pero sin cultura, que eso es peligroso), etcétera, etcétera, etcétera.
Pero ahora resulta que las cosas ya no son tan sencillas, hermosas y hogareñas como nos las pintaban Don Francisco y sus secuaces. Hoy en día ser madre pasa por concebir con o sin pareja, con o sin un hombre, parir o no, criar o no, compartir o no maternidad y paternidad responsables, trabajar dentro y fuera del hogar, hacer el amor con probetas, acoger o dar en acogida, adoptar o dar en adopción... Quieran o no los padres de la patria (y algunos se empeñan en no querer), la cuestión ahora ya no se reduce a "madre no hay más que una y a ti te encontré en la calle". Las cosas son mucho más complejas que todo eso, y la sociedad tiene que empezar a caminar de la mano de las mujeres para que éstas puedan elegir. No es una opción real la de ser madre y profesional competitiva cuando no hay guarderías abiertas a las horas en que empieza la actividad de muchas empresas, o son tan caras que el sueldo entero se dedica a pagarlas. Tampoco va por buen camino el tema de los permisos por maternidad cuando se convierten en una maldición para los empresarios y en una garantía de discriminación laboral para las mujeres. Ni siquiera sirven esas megacampañas vacías del gobierno del estilo de "cien euros para las madres trabajadoras con niños menores de 3 años", porque esos cien euros ni son una paga, aunque así lo pretendan los políticos, ni dan para mucho, aunque así nos lo vendan. Y voy más allá: las supuestas elecciones a la hora de dar a luz, amamantar o no, epidural o no, etc., muchas veces tienen más que ver con los mitos masculinos y con la comodidad de la profesión médica, en gran medida aún androcéntrica, que con los deseos de las mujeres que están en trance de traer un bebé al mundo.
Por eso me parece fundamental que los seres humanos de a pie empecemos a fijarnos en las imágenes que se nos muestran en la televisión (la señora Serrano está estupenda y no tiene problemas para trabajar aun teniendo cinco vástagos en casa), en la prensa (¿se fijan en que las modelos, empresarias y reinas del corazón nunca están completas hasta que han sido madres?), en la publicidad (no todas las madres tienen tiempo para jugar a Blancanieves con sus hijas a las ocho de la mañana) y otras formas de socialización contemporánea. Porque hace falta que empecemos a exigir modelos alternativos de madres y padres de hoy. No sé a ustedes, pero a mí me gustaría ver en algún sitio parejas jóvenes que decidan no tener hijos sin por ello convertirse en demonios egoístas; mujeres solas satisfechas con una maternidad en la que parte de la carga la lleve el estado de bienestar; parejas homosexuales de uno y otro sexo adoptando criaturas sin que por ello la sociedad piense "pobre crío, va a salirles maricón" o "esa niña va para bollera fijo"; padres responsables de todas las facetas del cuidado de sus bebés, y no sólo del paseo del domingo para enseñarlos en el parque; madres profesionales a las que no se castigue por hacerse cargo de sus familias; películas sobre hogares perfectos en las que los hijos o hijas sean adoptados... En fin, un mundo real y mediático más cercano a los deseos de las mujeres y al bienestar de los niños y niñas. Ya vale de madres agobiadas, padres invisibles y criaturas infelices. Y si somos menos de cuarenta millones, que abran las puertas y que entren los de fuera, que llevan un buen rato tocando el timbre. ∆

e-mail: martafmorales@hotmail.com

   

   
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Última revisión: octubre 27, 2008. 
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