
La mujer exige su sitio en
todo porque en realidad sabe que todo le pertenece, que tiene derecho a
todo y que no está en manos del hombre lo que ella puede conseguir.
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ERRORES
POR ELENA G. GOMEZ
A mí, particularmente, que la Iglesia
pida perdón por los errores cometidos hace 100, 200 ó 500 años, me ofende
mucho, porque me parece una postura hipócrita que ni ellos mismos se creen.
Además, parece que tiran migajas a los pobres para que se consuelen, migajas
de un banquete en el que ellos, los poderosos de la Iglesia, se aprovechan
de sus ilusos fieles.
Son tantos los errores que cometió y comete la Iglesia que necesitaría
muchas páginas para poder recogerlos, pero hay uno, en especial, que no
tiene perdón, y es cómo trata la iglesia a las mujeres.
Hace unos días leía una entrevista que empezaba con el siguiente titular
"Cristo llama al sacerdocio sólo a los hombres". Las palabras son nada más
ni nada menos que del polaco Zenon Grocholewski, Cardenal, prefecto de la
Congregación para la Educación Católica. (¿No les llama la atención tantos
títulos?. A mi sí, sobre todo si tenemos en cuenta que su Maestro, que bien
podía haber ostentado todos los títulos de este planeta, prefirió pasar a la
historia simplemente como Jesús, El Cristo).
Pues el Cardenal, que es algo así como el Ministro de Educación de la
Iglesia Católica, tiene muy claro y sin posibilidad a discusión alguna, que
para la mujer el magisterio de la Iglesia es un tema cerrado.
Y yo me pregunto, ¿cómo pueden esos hombres que se dicen ser los
representantes de Cristo en la Tierra, que hablan de amor, de igualdad, etc.
no admitir a la mujer como un igual?
Sus argumentos, personalmente, me resultan muy pobres, sobre todo teniendo
en cuenta que ellos que siempre han vivido a costa de las mujeres, porque no
podemos olvidar que son las mujeres las que con una mayoría absoluta se
encargan de llenar sus iglesias, las que les recaudan fondos, las que están
siempre dispuestas a todo cuanto de ellas se necesite, sin olvidarnos de que
son ellas las que se encargan de limpiar y cuidar sus iglesias, sus casas y
otras muchas cosas más.
Y si a pesar de todo la mujer en la Iglesia siempre fue y será una segundona,
digo yo, ¿no será que en el fondo tienen miedo?.
Miedo sí, miedo de que si la mujer empieza a hablar sobre el auténtico Amor
del Cristo los deje en evidencia.
Miedo sí, porque esas mujeres-sacerdotisas, serían mucho más sensibles al
mensaje del Cristo, y no serían capaces de vivir rodeadas de lujo sabiendo
que muchos de sus hijos se mueren de hambre a su lado.
Miedo a que actúen como Él lo hizo, y no se casen con los poderosos, y no se
bajen los pantalones, perdón, se suban los hábitos, ante los señores
poderosos junto a los que a ellos siempre se les ve.
Miedo a que la mujer se convierta en auténtica voz y manos del Cristo, un
hombre que se rodeó de mujeres, luchó y defendió a las mujeres de muchas
leyes que el hombre había construido, y que, curiosamente, las eligió para
ser las primeras en verle después de su resurrección. ¿Casualidad? No, no
hay nada en la Vida de Cristo que sea casualidad.
Los pecados de la Iglesia son muchos, pero sobre todo la Iglesia tiene una
deuda muy grande con la mujer, una deuda histórica que algún día tendrá que
pagar, porque la Iglesia a la mujer no sólo la aparta del sacerdocio, la
Iglesia, con sus Cardenales, Prefectos, Obispos y demás cargos y títulos,
han contribuido de una forma muy potente a someter y esclavizar a la mujer.
Y me pregunto ¿por qué?, y sólo encuentro una respuesta: miedo.
Miedo a la capacidad de la mujer, a su fuerza, a su poder. Por eso y sólo
por eso se han esforzado en crear un tipo de mujer que no les moleste, que
no ponga en peligro su posición privilegiada, su poder y dominio, un tipo de
mujer sumisa, callada, que siempre debe sacrificarse por la "paz de su
familia", una mujer que tiene que aguantar y soportar todo lo que su amo, es
decir, su marido, pida de ella. Porque eso sí, para la Iglesia el amo sigue
siendo el hombre. La mujer, la piadosa mujer, su criada.
Deberían estudiar mucho más la historia de esta humanidad, deberían saber
que todo funciona por ciclos, y deberían comprender que su ciclo se está
terminando, sencillamente porque la mujer está empezando a despertar y al
hacerlo está reclamando su lugar en la vida, en la sociedad.
La mujer exige su sitio en todo porque en realidad sabe que todo le
pertenece, que tiene derecho a todo y que no está en manos del hombre lo que
ella puede conseguir.
Esa es la primera gran mentira que la mujer está destruyendo, la dependencia
del hombre, sea cura, marido, jefe, hermano, etc. y al destruirla la mujer
sometida se está difuminando como la niebla y está dejando un paisaje muy
distinto ante sí. Y la mujer que está surgiendo es una mujer que posee
valor, inteligencia y capacidad para conquistar todo lo que ella desee.
Así que, siento decirle al señor Cardenal, prefecto de la Congregación para
la Educación Católica que, ponga como se ponga, si la mujer decide ser
sacerdote, sacerdotisa, o como se le llame, lo será. ∆ |