
El día 25 se ha declarado
Día Mundial contra la Violencia de Género, y como todas las celebraciones
de este tipo, al volverse oficial se ha vuelto también altamente simbólica
y a veces peligrosamente partidista. Pero al menos existe. |
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NI UNA MAS
POR MARTA F. MORALES
E n Gijón nos pegan. En Oviedo nos
violan. En Avilés nos arrancan los ojos. En Madrid nos apuñalan. En
Barcelona nos queman vivas. En Nigeria nos apedrean. En Bangladesh nos
rocían con ácido. En Africa nos cortan el clítoris. En América nos
descuartizan. En Asia nos atan los pies o nos estiran los huesos de las
piernas. Así es nuestro paso por el mundo. Si usted, como yo, es mujer,
corre el riesgo de vivir este recorrido cruel y asesino por el globo
terráqueo. Porque usted, como yo, pertenece a la mitad de la población de
este planeta que está amenazada por el tremendo hecho de haber nacido sin
un pene.
Noviembre es "el mes". El momento de las jornadas, los congresos, las
manifestaciones, las marchas, las charlas, las conferencias y los buenos
propósitos. El día 25 se ha declarado Día Mundial contra la Violencia de
Género, y como todas las celebraciones de este tipo, al volverse oficial
se ha vuelto también altamente simbólica y a veces peligrosamente
partidista. Pero al menos existe. Por lo menos durante un mes, o quince
días, o uno solo, alguien se atreve a hablar en público de un problema que
está causando más de una muerte por semana en España. Mucho más que el
terrorismo etarra o el del IRA en sus tiempos más cruentos. Y por supuesto
que las víctimas del terrorismo político merecen protestas y homenajes,
pero las del terrorismo de género también ¿O es que la vida de una mujer
vale menos?
Desgraciadamente, parece que el aliento de alguien que no es hombre no
tiene el mismo valor en la bolsa de la existencia diaria. Y desde que
tenemos el euro, la cotización no deja de bajar, me temo. Cada día, en
cada programa de información, en cada periódico, las mujeres salimos. Sí,
no podemos decir que no tenemos presencia en los medios de comunicación.
Pero, ¿dónde? Mientras los prohombres de todas partes aparecen en
secciones de política, deportes, cultura, internacional, nacional,
comarcal y si me apuran regional preferente, las mujeres de este mundo
estamos casi siempre en las secciones de sucesos o sociedad. En las
primeras, muertas, en las segundas, adornando. Excepto cuando alguna
hermana comete el acto imperdonable de disparar una bala que acabe con
años de violencia y le salve la vida. Entonces sí, entonces se gana las
portadas. Porque una mujer asesinada por su marido no es noticia, pero un
personaje homicida con ovarios llama mucho la atención.
Y ustedes no lo sé, pero yo desde luego, estoy harta. Hartita de que las
manifestaciones mensuales de un grupo de mujeres que lucha contra la
violencia de género en Madrid no aparezcan en ningún medio de
comunicación. Hasta las mismísimas trompas de Falopio de que cada mujer
muerta se convierta en cifra vacía. Muy cansada de que los políticos de
alta alcurnia utilicen nuestra sangre como arma electoral. Descorazonada
por la falta de ayudas a las víctimas de la violencia de género y a las
asociaciones que tratan de ayudarlas. Triste por la resignación de algunas
mujeres que conozco y que no ven salida a una vida de golpes y de
insultos. Y desde luego, muy, pero que muy cabreada con todos los
maltratadores y agresores sexuales, culturales o simbólicos que se creen
que la mitad de la población está para servirles y para satisfacer sus
ansias de poder.
Por eso desde esta página quiero hacer una declaración de principios y una
exigencia, por ese orden. Con la primera me comprometo con usted, lectora
o lector, y conmigo misma, a seguir aburriendo al personal con este tema.
No pienso dejar de hablar de la violencia de género, doméstica, sexual,
machista o como quieran llamarla. En cada momento que se haga posible, a
cada oportunidad, el tema se hará visible en mis labios. Porque lo que no
se nombra no existe ni se conoce, y a lo desconocido se lo ignora o se lo
teme. Mi exigencia se convierte aquí en un grito dirigido, ante todo, a
los hombres que se creen con derecho a levantar la mano cada vez que el
cuerpo se lo pide, pero también va para políticos, policías, guardias
civiles, jueces, fiscales, abogados, asistentes sociales, forenses,
vecinos, amigos y familiares: no permitan que suceda una vez más. Que
ninguna mujer vuelva a ser apuñalada diecisiete veces y encima se diga en
el juicio que no había intención de causar la muerte. Que nunca más su
vecina del tercero tenga que esconderse tras las gafas de sol. No dejen
que las imágenes de una mujer africana a punto de ser lapidada se
conviertan en poco más que un postre amargo en el sofá. No toleren que
nadie se atreva a decir en voz alta junto a ustedes que si a esa la
violaron por algo sería, que algunas son muy ligeras de cascos. Y desde
luego, exijan conmigo que desde ya quienes tienen el poder se pongan a
trabajar, que nos den la ley integral contra la violencia de género que
estamos pidiendo a gritos, que condenen en público y en privado a los
maltratadores, que no busquen excusas para las muertes violentas de las
mujeres, que no se parapeten tras el alcohol, la marginación, el paro o la
cultura. Exijamos ahora mismo y en todos los foros posibles que no haya un
caso más de maltrato doméstico. Que no violen a niñas ni mujeres en ningún
lugar del mundo. Que no las marginen por haber nacido hembras. Que no haya
más víctimas de la violencia de género en este planeta nuestro que se
muere de pena. Desde hoy mismo, desde ahora, griten conmigo y bien alto:
¡¡¡NI UNA MAS!!! ∆
e-mail:
martafmorales@hotmail.com
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