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FEMENINO PLURAL

 

Todo esto no suelta un tufillo preocupante a naftalina? Nuestra televisión, si es la que nos merecemos, como dicen algunos expertos, ¿no dice más bien poco y malo de las mujeres y hombres de este país?


MAMA, PON LA TELE
POR MARTA F. MORALES

Ultimamente, cuando me siento frente a la televisión (o sólo con mirar el programa, me temo), suelo terminar de muy mal humor. Tranquilas y calmados, que no voy a hablarles de telebasura, para eso ya tenemos filósofos renombrados. No, la cosa me enerva porque algo está pasando en la caja tonta y parece que no nos damos cuenta. O no queremos dárnosla, porque con el buche lleno es mejor callar, no vaya a ser que las cosas cambien. Y como por lo visto España va bien, pues nos tragamos ciertos programas junto con el filete de la noche o los macarrones del mediodía, y sin rechistar. Que más vale malo conocido...
Lo que a mí me empieza a asustar son todas esas series de instituciones y próceres modelo, y me explico: En una cadena, policías; en otra, el hospital general; en la de más allá, cuéntame cómo te ha ido si has conocido la felicidad; el boom televisivo (que no musical, por mucho que haya sido un Triunfo) del siglo, alabado en el Congreso de los Diputados por ensalzar valores estupendos para la juventud; no hace tanto tiempo, una serie de un cura la mar de marchoso, que además tenía la cara de Pajares, ídolo cómico de un cine cutre y destapado; también unas monjas, no vayan a creer, pero aquellas duraron menos (se ve que la mujer con hábito no estimula al telespectador); un dueño de una gasolinera que era fan número uno de Franco y sus maneras; un médico de familia tan perfecto que empachaba; unos profes de instituto que todo lo arreglaban con un poco de moralina... ¿Necesito seguir?
Y luego están los programas de variedades menos variados de la historia: sorpresa, sorpresa, su tío de Venezuela, al que hace treinta años que no ve y que no sabe ni qué aspecto tiene; magazine real como la vida misma donde se entrevista a estrellas de moda del corte de Juanito Valderrama y Marujita Díaz; entretenimiento nocturno con el apetecible título de "¡Ay, mi madre!"... Vamos, lo último en información y nuevas tecnologías. Ahora yo pregunto: ¿todo esto no suelta un tufillo preocupante a naftalina? Nuestra televisión, si es la que nos merecemos, como dicen algunos expertos, ¿no dice más bien poco y malo de las mujeres y hombres de este país?
Una no es muy vieja, pero recuerda ciertos programas de cuando gobernaba aquel señor bajito de El Ferrol, y mucho me temo que la cosa va de nuevo por esos derroteros: ensalzar a las fuerzas del orden, dar dignidad a profesiones tradicionales como maestros, médicos y niñeras, tener al personal entretenido con escotes y musculitos mientras pasan cosas ahí afuera que nadie nos cuenta. Y además, y eso es lo que más de cerca toca a todas las españolas y a las que vienen de fuera para adoptarnos como conciudadanas, vender la moto de que la economía del país está en peligro porque nacen pocos niños. Hagan memoria: "españoles, ¡hacia los cuarenta millones!" ¿Les suena de algo?
Tanto programita de madres, canguros, niñeras macizas y familias reunidas recuerda, con música de Operación Triunfo y un poco más de iluminación, a las perlas que recoge Luis Otero en sus espléndidos libros, que dicen cosas lógicas y claras del estilo de: "La vida activa de la mujer está dedicada, prácticamente toda, tal como la naturaleza la ordena, a la maternidad"; "El organismo femenino está totalmente orientado hacia la maternidad"; "Toda chica normal siente el anhelo glorioso de la maternidad"; y lo mejor: "¡Si no tenéis hijos, acabaréis por tener perros!". Sin comentarios.
Lo que yo me pregunto es si no harían mejor estas televisiones nuestras que son padres y educadoras a la vez en decirles a las mujeres que ser madre es una opción, y no una obligación. Quizá si empleasen tanto tiempo informando a las adolescentes sobre anticonceptivos como tratando de anestesiarlas para que no piensen ni se quejen de la reválida que se les viene encima, el número de embarazos en institutos se reduciría. Tal vez si hubiera una serie protagonizada por una madre soltera que no buscase marido, menos chicas se casasen "de penalti". Y hasta puede que si parte del dinero de la televisión pública se destinase a ayudas familiares, la natalidad en España subiera un poco. O quizá no, pero deberían darnos a elegir de verdad. No pretendiendo que por parir nuevos obreros para las empresas nos quedemos nosotras en casa; que volvamos al hogar después de haber salido al mercado laboral para dedicar "un tiempo" a los hijos; que nos creamos que actrices, top-models, empresarias y cirujanas sólo se realizan totalmente cuando tienen a su bebé en brazos (echen un vistazo a las revistas); que aceptemos una vez más que el papel de la mujer en la vida, en la producción y hasta en la tele es el de ser madre (y a ser posible también esposa) porque todo lo demás ya está conseguido y debemos volver a los placeres de la lactancia y de ver al nene dar sus primeros pasos. En un país donde lo que no sale en la tele no existe, las mujeres no-madres han desaparecido. Y ustedes me perdonarán, pero a una no le gusta que la borren del mapa, ni siquiera del Teleprograma, sin haberlo consultado antes. Cuarenta años de invisibilidad ya fueron demasiados. ∆

e-mail: martafmorales@hotmail.com

   

   
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Última revisión: agosto 26, 2008. 
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