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FEMENINO PLURAL

 

Pero las mujeres del mundo, que en general somos cantidad de irreverentes con la ciencia, en lugar de suicidarnos a base de biberones de cianuro, seguimos adelante.


DE NIÑA A MUJER
POR MARTA F. MORALES

A lo largo de la vida de una mujer hay una serie de circunstancias que marcan su paso de la infancia a la adolescencia, de ahí a la vida adulta, la mediana edad y la vejez (perdón, tercera edad). Casi todos estos "momentazos" tienen que ver con la sexualidad, el cuerpo y los roles sociales. Vayamos por orden: según ciertos psicoanalistas, el primer paso traumático en la vida de una mujer llega... cuando nace. Ya ven, jodidas desde el primer aliento. Parece que nos vemos incompletas porque nos falta cierto apéndice colgante. Y desde ahí, imagínense la carrera que hacemos teniendo que sentarnos para según qué cosas. Pero las mujeres del mundo, que en general somos cantidad de irreverentes con la ciencia, en lugar de suicidarnos a base de biberones de cianuro, seguimos adelante.
Un día nos vemos redondeces nuevas que nos hacen pensar que nos estamos hinchando para luego reventar, dejando paso a otros seres incompletos llenos de envidia del pene. Pero hete aquí que tampoco explotamos. Nos convertimos en hermosas guitarras españolas y empezamos a cargar con la cruz de la menstruación (no será agradable, pero peor es cuando nos mordemos las uñas porque no nos llega... ¿o no?) Desde ese momento en que nos "hacemos mujeres" (como quien se hace budista, según parece) hasta que nos llega la hora de desfilar en horizontal, todavía pasamos por varios puntos álgidos de esta feminidad nuestra que trae locos a los varones, a saber: el primer beso (húmedo); la elección entre clases de hogar o pre-tecnología (no vean lo que marca eso); la primera ruptura (=borrachera + resaca); pérdida de la virginidad (no pongo "la primera" aunque algunas vayan de vírgenes hasta el séptimo novio); visita al ginecólogo (¿relaciones? ¡nooo! Vengo porque insistió aquí, mi madre); primera entrevista de trabajo (2 puestos para 150); matrimonio (el día más feliz de tu vida, hija); la primera bronca marital (yo también trabajo, ¿sabes?); los contratos temporales (¡hurra, tres meses con pan que llevarme a la boca!); el primer parto (la próxima vez que te acerques a mí te la corto); bronca porque quieres compartir la baja maternal (si ahora ya lo hacen muchos padres); la vida empieza a los cuarenta (¿y para qué nos hacen venir tan pronto?); síndrome del nido vacío (nadie me necesita); las faltas que en vez de nerviosa ponen triste (¿menopáusica, ya?); El Corte Inglés queriendo venderte cremas antiarrugas... así hasta ser parte de la tasa de mortalidad.
En medio de todo esto algunas pasamos otro rito de iniciación. Sólo las mayores de 18 con carnet de conducir y vehículo propio. No se sonrían pensando que no tiene nada que ver con el tema, porque para quien esto escribe, la primera ITV superó con creces las citas con el tocólogo. Hace ya semanas y todavía revivo el trauma cuando me pongo al volante, porque quien se examina no es el coche, sino una misma: recibimiento tipo centro de salud, tras pedir cita y con loro de repetición incluido: ¿dni? ¿es suyo el vehículo? ¿los papeles? ¿permiso de circulación? ¿resguardo de la cita? Yo, que no había sacado la documentación del coche desde que lo tengo, que había pedido cita por teléfono... indefensa me hallaba ante la arpía del mostrador, totalmente falta de solidaridad de género.
Puede pasar... Cola en cada puerta, todo cerrado y tú oyendo ruidos y gritos: ¡tira!, ¡suelta!, ¡dale! No sabes si están mirando el coche, operando a corazón abierto o tratando de forzar a un grupo de mulas tordas a fornicar con una manifestación de leones hambrientos. Ahora vas tú. Confiada, pensando que les dejarás el coche y ellos lo harán todo, como en el taller, que tardan un mes pero al menos no le ves las tripas al pobre chisme. ¡Ilusa! Estás atrapada entre decenas de hombres cubiertos de grasa que dan órdenes cual Führer cabreado. Tu Hitler particular te mira de arriba abajo (estoy sentada, estos michelines son por la postura) y tú adivinas que piensa: "Otra tía, y con un abollón lateral... ¿pa qué les darán el carné?" Tú, impertérrita, poniendo cara de experta, como en tantos otros momentos clave (¡claro que no es mi primera vez!). Empieza el espectáculo: abra la puerta, baje la ventanilla, frene, luz de cruce, larga, de población (¿por qué no repasaría yo el código antes de venir?), niebla, avance, ahora, más, menos, tire, afloje, ponga, quite... todo sin mirarte, sin una sonrisa, como un amante casual que sólo se ocupa de su propio placer. Cuando terminas, aparte de pensar que tu coche va a explotar de los humos y olores que salen de todas partes, te sientes inútil, molesta y cabreada por la hora y pico que te han hecho perder, pero todavía tienes que sonreír cuando te dicen "pasa... con faltas leves". O sea, que acabo de vivir un calvario mecanizado y claustrofóbico y encima apruebo por los pelos. Nunca más, oye, nunca más.
Pero como a pesar de todo ya eres una mujer, porque has pasado tu primera regla, el gine, la boda, los hijos, el curro, y todo lo demás, pagas, pones la pegatina en el ángulo superior derecho del parabrisas y te vas dando gracias porque quedan 12 meses para la próxima. ¡Si no cambio de coche antes y no me veis el pelo en cuatro años, so capullos! ∆

e-mail: martafmorales@hotmail.com

   

   
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Última revisión: octubre 01, 2008. 
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