
Cuando tenga sesenta quiero
ser la Maruja Torres de hoy, la que nació en el 43 y sigue dando mucha
guerra. La que tiene las rótulas hechas cisco de correr entre trincheras.
La que cada semana rescata su mejor humor para escribir su página "perdonenquenomelevante". |
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¿QUE QUIERES SER DE
MAYOR?
POR MARTA F. MORALES
D urante la infancia tiene una que
hacer frente a una serie de preguntas bastante peliagudas, que va
sorteando como puede según su habilidad para la dialéctica y el engaño
familiar. La primera, obviamente, es "¿a quién quieres más, a papá o a
mamá?". Se me viene a la mente Mafalda, con su rostro tan expresivo,
pensándose muy bien la respuesta para acabar soltando un diplomático "yyyyyy...
a los dos lo mismo", para regocijo de la oronda señora que propuso el
enigma. Supongo que en esos difíciles casos sólo se atreven a elegir las
que tienen una madre que se fue de casa para unirse a la mafia siciliana o
un padre golpeador que no hay forma de que se largue.
La segunda cuestión que se plantea cuando una todavía no pasa del metro de
altura es "y tú, bonita, ¿qué quieres ser de mayor?" Esta es aún peor que
la primera, porque no sólo te compromete en ese momento ante los ojos de
la vecina del tercero, sino que implica una apuesta de futuro ante ella,
ante tus padres y hermanos y, sobre todo, ante ti misma. Durante una época
de nuestra vida casi todas queremos ser lo típico: enfermera, maestra,
esas cosas estupendas pero estereotípicas que se nos suponen vocacionales
a las mujeres. Luego, a algunas les da por la ley, el orden y la tradición
patria (quizá para intentar romper a base de uniformes los techos de
cristal que nos imponen) y quieren ser bomberas, policías, guardias
civiles o incluso toreras (¿por qué será que el ordenador me señala como
error algunas de estas profesiones en femenino?). No es mi caso, nunca me
han excitado especialmente los uniformes, ni en mi cuerpo ni en el ajeno.
Luego estamos las raras, las que con seis años hacíamos un test en el
colegio y salía que no queríamos ser enfermeras, ni maestras, sino
escritoras, periodistas o investigadoras de letras, en todo caso, algo
relacionado con las muy poco rentables humanidades, algo que no quedaba
nada bien al lado de los tests de los compañeros que, según la máquina
evaluadora, tenían vocación de ingenieros, químicos o físicos nucleares.
¡Eso sí que lucía! Veías las caras de las madres a la puerta del colegio
cuando nos iban a recoger, y por su gesto adivinabas el futuro que esa
especie de Rappel institucional había marcado para sus hijos o hijas:
sonrisa radiante de oreja a oreja: ingeniero de telecomunicaciones; media
sonrisa a boca cerrada: va a estudiar empresariales; gesto neutro: turismo
o relaciones públicas; ceño fruncido y cara de cabreo:
vayaconlaniñaescritoranosvaasalirpuesmenudotrabajotodalavidaenparo. Tengo
que decir que mi madre no se tomó tan mal mi inclinación hacia las letras.
Al fin y al cabo, ella también es de las mías. Y siempre quedaba una
esperanza de cambio, sólo teníamos seis años.
Ahora que ya he dejado atrás los seis, los dieciséis y alguno más, he
repasado los resultados de aquel test (en mi casa nunca se tiraba un papel
que tuviera que ver con la educación) y he vuelto a pensar en la eterna
pregunta: ¿qué quiero ser de mayor? Con el tiempo, la cuestión ha
adquirido matices nuevos. Puesto que ya soy mucho mayor de lo que la
palabra significaba para mí en aquel momento, he pensado en qué me
gustaría ser cuando fuera aún mayor (lo de "más mayor", por mucho que
salga en la tele, no me convence). Digamos la edad que ahora implica eso
de "ser mayor", digamos acercándose a los sesenta, cuando aún te queda
mucho tiempo, pero menos del que tienes detrás. Y he llegado a la
conclusión de que cuando sea mayor quiero ser Maruja Torres.
No escribe esto una mitómana, ni alguien obsesionada por la fama de
algunas de nuestras figuras de las letras, sino una persona que siente
absoluta reverencia por quienes viven de su habilidad con la palabra
escrita y además lo hacen bien. Cuando tenga sesenta quiero ser la Maruja
Torres de hoy, la que nació en el 43 y sigue dando mucha guerra. La que
tiene las rótulas hechas cisco de correr entre trincheras. La que cada
semana rescata su mejor humor para escribir su página "perdonenquenomelevante",
así, sin espacios, en El País. La que se ganó el respeto de los
corresponsales machotes bebiendo tanto como ellos. La que no tiene más
marido que su portátil ni más heridas románticas que las de la pasión bien
vivida. La autora de "Amor América", carta de amante a todo un continente.
La que escribió "Un calor tan cercano". La cinéfila que empezó en
"Fotogramas". La que sabe de lo rosa tanto como de lo negro de esta
sociedad. La que Ágreda dibuja más joven y delgada cada fin de semana. La
cronista. La escritora. La profesional del reportaje. Miss Planeta. La
conozco, como ustedes, solamente por su prosa, pero Maruja Torres me
gusta. Me cae bien. La siento cercana. La admiro por su educación tan
particular. Por el optimismo y las ganas de vivir que transmiten sus
palabras. Y porque cuando tu madre, tu maestra y tu amiga ha sido la vida,
no puedes por menos que hacerle el regalo de escribir sobre ella. Yo,
cuando sea mayor, quiero ser Maruja Torres. Después de todo, el test tenía
razón. ∆
e-mail:
martafmorales@hotmail.com
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