
Aquí, mal que nos pese, no se movía ni Dios. Los niños se ocupaban
(ya se encargaba el maestro y el cura) del catecismo, la comunión, los
sacrificios, las flores de Mayo, los ejercicios espirituales y el Domund.
También de jugar, no digo que no, pero en pecado. |
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CUENTAME
POR RAQUEL BUZNEGO (PSICOLOGA)
C ómo pasó. Es una serie de TV como
bien sabe todo, o casi todo el mundo, el mundo español, que no mundial. La
he visto algunas veces, no digo que no, porque Imanol es un gran profesional
y me gusta su hacer, pero cuenta, la serie, pocas cosas y poco exactas.
Como los jóvenes parece que leen más bien poco y la historia reciente les es
prácticamente desconocida, quizá se estén haciendo una idea de los años en
cuestión un tanto equivocada e incompleta y, si me apuran un poco, un tanto
"light".
La casa, bien decorada, al puro estilo de la época que describe, fascina a
quienes siguen la serie, "no falta detalle", dicen algunos. Sin embargo,
cabe decir que ya era una casa demasiado completa y cómoda en comparación
con la mayoría de la época. A la gente se le olvida que muchos trabajadores
vivieron hacinados, hambrientos y sucios; otros iniciaron su vida familiar
en pensiones de mala muerte, con derecho a cocina, o bien en casas que no
reunían las mínimas condiciones de habitabilidad.
Los hijos de un trabajador iban en contadas ocasiones al Instituto, no
digamos a la Universidad y sobremanera si ese trabajador tiene tres hijos en
cuyo caso lo más probable era que, tan pronto finalizara sus estudios
primarios, se pusiera a trabajar duramente y explotado, en no pocas
ocasiones, para colaborar con la economía familiar.
En la serie los hechos son duros pero, siempre hay un arreglito. El niño
izquierdoso entra en la cárcel, pero casualmente, alguien poderoso lo pone
nuevamente en la calle. Cierto era, sólo que los pobres tenían pocos amigos
poderosos.
También se les debe olvidar a los directores del guión, para variar, la
dureza de vida de algunos hombres que vivían escondidos en los montes,
defraudados, dolidos, moribundos a fuerza de vivir en la pura y dura
clandestinidad. El hambre, la enfermedad y la muerte eran sus preocupaciones
diarias.
El monte albergaba a hombres de espíritu rebelde, pero los guardias de
Franco estaban dispuestos a todo, se infiltraban, se hacían pasar por un
rebelde más, convivían con ellos, comían su pan y luego los mataban con la
arrogancia de haber culminado una gran obra. Todo por la patria.
Y se les olvida la Escuela, un centro de "culto al franquismo", del "Cara al
sol", el Catecismo y el maestro que pegaba y castigaba impunemente, pero que
se preocupaba poco o nada, de formar para el futuro. Y no te cuento, para
contar algo de lo que pasó, cuando el maestro se enteraba, que se enteraba
siempre, de quiénes eran los hijos de los rojos, entonces podías ponerte a
temblar, porque podías llevar todos los palos. Y es que los maestros, salvo
raras excepciones, eran defensores del régimen, porque los que no lo eran ya
podían dar clase en su casa o en la cárcel.
Se les olvida que en la radio no se podían sintonizar todas las emisoras. La
gente no adicta al régimen quería saber, porque aquí no se sabía más que lo
que el dictador quería que se supiera: las fugas de Eleuterio Sánchez, "el
Lute", u otras milongas por el estilo, para distraer la atención y
entretener el estómago. Pero, digo, los que querían saber de política, de
ideas, de lo que otros países opinaban acerca de nosotros y del movimiento
revolucionario, sintonizaban "La Pirenaica" y se ponían al día, pero a la
"chita callando", porque como se enterasen, y las paredes oían, ya te podías
ir preparando para dar con tus huesos en un catre del talego.
Y luego van y nos ponen en el cuento de "Cuéntame", la historia de los niños
que se rebelan porque en el barrio van a construir viviendas en su zona
verde, se manifiestan y se atan a las palas excavadoras para impedir el
inicio de las obras. En aquella época se trabajaba para malvivir, los
adultos se manifestaban poco o nada, ya sabían lo que podía acontecer, así
que no me cuenten de los niños.
Aquí, mal que nos pese, no se movía ni Dios. Los niños se ocupaban (ya se
encargaba el maestro y el cura) del catecismo, la comunión, los sacrificios,
las flores de Mayo, los ejercicios espirituales y el Domund. También de
jugar, no digo que no, pero en pecado, porque cualquier cosa que hacías era
pecado, así que tanto tiempo como empleabas en jugar tenías que emplear en
confesar y redimir tus pecados.
Así que en la serie podrían crear a un hermano de Imanol, arrastrando su
miserable vida por el monte, o bien en la cárcel, para contar cómo cada día
convivían con la muerte de un compañero a causa del hambre, por decir algo
suave; o que dicho hermano fuese un maestro facha hasta la médula, de los
que humillan a un niño de diez años porque su padre es un asesino, tal como
decían de los rojos, y destrozándole cualquier intento de superación;
también podía ser el susodicho un vecino chivato de tus ideas e ideales por
lo cual venían y te llevaban sin más comprobación que la palabra del otro.
"Cuéntame como pasó" puede equivocar mucho a quienes la ven y no han visto,
no han vivido y no han leído más que de reojo nuestra historia reciente. ∆ |