
Mi deber es alentar a la
gente a vivir, a disfrutar, a superar las vicisitudes de la vida, a
agarrarse a cualquier cosa que sirva para seguir adelante, pero si a fin
de cuentas las cuentas no salen, bueno es tener la posibilidad de elegir. |
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VIDA VS. MUERTE
POR RAQUEL BUZNEGO (PSICOLOGA)
P or qué no se suicida?,
-preguntaba el psiquiatra Viktor Frankl a sus pacientes.
Sin duda una pregunta muy fuerte, pero la justa pregunta que desenmascara al
individuo poniéndolo frente a frente con sus deseos más íntimos, los más
recónditos, acaso los nunca compartidos, e incluso aquellos en los que ni
siquiera se hubiera parado a contemplar o revisar. El deseo de ser amado por
alguien, de sentirse útil, de ser necesario, de concederse, pese a todo, la
oportunidad de vivir algo más, no vaya a ser que tras tanta neblina queden
aún luminosos momentos por vivir, por experimentar.
Entonces se hace una pequeña luz, una luz que el terapeuta se debe de
encargar de mantener, de avivar; la luz que, a fin de cuentas se debe
utilizar en el proceso terapéutico.
Viktor Frankl, judío, vivió en los campos de concentración, sufrió la
humillación, el dolor, el hambre, la furia de unos hombres sobre otros y la
muerte, día tras día, de sus compañeros, de los hombres que como él sólo
eran útiles cuan mulas de carga que, latigazo tras latigazo, debían
trabajar, porque los enfermos y los inútiles ya sabemos donde iban a parar.
Así que aferrándose a la vida, a su vida, recordando a su esposa y
visualizando su pasado, lo único que nadie era capaz de arrebatar de la
mente de un condenado, fue capaz de sobrevivir.
La fe en el futuro también había de conservarse, el que la perdía perecía.
Cuenta V. Frankl cómo un compañero suyo tuvo un sueño, en el sueño alguien
le invitaba a preguntar todo aquello que deseara saber y le sería revelado.
El hombre preguntó por el día en que serían liberados y obtuvo respuesta,
una fecha.
Como necesitaba creer creyó. Aquel sueño fue interpretado por el soñador
como una intuición que necesariamente se habría de cumplir; los días
siguientes fueron para él el preludio de la liberación y los vivió con
energía, con esperanza, con ilusión. El día anunciado llegó, las alambradas
siguieron en pie y las puertas permanecieron cerradas. El hombre exhaló el
último suspiro. Fue el fin de la esperanza, lo último que se ha de perder,
se aferró a una irrealidad, a un sueño y los sueños casi siempre se
desvanecen. Entonces no queda más que la cruda realidad y un enorme vacío
existencial, un vacío que agrede, que mata, que amortaja. La pregunta de V.
Frankl es la más útil que se pueda formular, sin embargo es una pregunta
difícil de hacer, él podía hacerla porque le avalaba su propia historia
desgarradora, como la historia de tantos otros seres humanos, la historia
más dramática que se pueda vivir, una historia que degrada, que destruye, a
veces, los sentimientos, que acalla las emociones y que puede convertir al
hombre noble en un ser cruel.
Los pacientes que fueron y que son capaces de encontrar una respuesta, que
son capaces de inventar un sentido para su vida, de crear una esperanza,
incluso de fingir una ilusión allá donde sólo queda fracaso, desilusión y
amargura, fueron y serán capaces de retomar la vida de una forma más
positiva.
Y si no es así siempre queda la última elección. Cioran , el pensador
rumano, defensor del suicidio dijo: "La vida se hace soportable cuando se
considera la idea del suicidio". Ambas posturas pueden reconciliarse, a mi
modo de ver, si un individuo no tiene un porqué, si nadie ni nada le espera,
si no hay esperanza, si en su sano juicio decide que la vida le puede porque
se ha hecho insoportable y que desea poner fin al sufrimiento, al desinterés
y a la apatía, está en su pleno derecho. No hemos pedido nacer y aquí
estamos, sin embargo, no necesariamente hemos de irnos cuando la vida nos
haya envejecido, desgastado, acabado, maltratado y ultrajado sino que
debemos de tener la libertad de poder irnos cuando queramos.
Es una elección personal. Mi deber es alentar a la gente a vivir, a
disfrutar, a superar las vicisitudes de la vida, a agarrarse a cualquier
cosa que sirva para seguir adelante, pero si a fin de cuentas las cuentas no
salen, bueno es tener la posibilidad de elegir. Admiro la lucha de V. Frankl,
las experiencias y la terapia que a través de sus libros llega a nuestras
manos teniendo la posibilidad de incorporarla a nuestro desempeño
profesional para ayudar al que sufre, pero también encuentro útil la
filosofía de Cioran porque a fuerza de darle vueltas he llegado a la
conclusión de que como él dice es otra posibilidad, una fórmula de libertad.
Dos actitudes ante la vida, dos pensadores: Cioran murió en París en 1.995 y
Viktor Frankl murió en 1.997. ∆ |