Revista Fusión

 Subscripción RSS

FUSION también eres tú,  por eso nos interesan tus opiniones,  tus reflexiones y tu colaboración  para construir un  mundo mejor

Recibe nuestras noticias en tu correo

 


 

FEMENINO PLURAL

 

Ser mujer en Los Ángeles es ser estrella de Hollywood, aspirante a ello (traduzco: camarera), canguro de una estrella (o sea, latina) o simplemente no existir.


QUERIDA SARA

POR MARTA F. MORALES

Espero que te encuentres bien al recibo de esta carta. Te escribo desde Los Ángeles, donde estoy por cuestiones de trabajo. Se agradecen las oportunidades de ver mundo, aunque es duro estar lejos de la gente que quiero. Y también, por qué no reconocerlo, de la forma de vida a la que estoy acostumbrada. Esto de comer a las doce, hacer la compra a medianoche y tener que ir a todos lados en coche es complicado de asimilar. Pero bueno, ya me conoces, yo me adapto rápido y siempre termino disfrutando de las diferencias. Hay que conocer lo extraño para apreciar más lo propio. En todos los programas educativos tendría que haber una estancia obligatoria en el extranjero, para quitarles a nuestras universidades el olor a provincias y naftalina.
Lo que no llevo con paciencia en esta ciudad es la superficialidad que, amiga, como casi todo lo malo en esta vida, nos afecta más a las mujeres. Para variar. Tener vagina en Los Ángeles es como vivir dentro de una burbuja, parece pura ficción. Te cuento, para que veas que no son locuras mías: lo primero, tenemos a Angelyne. Qué decirte de ella para que me creas (porque la primera vez que te lo cuentan parece cachondeo). Es una mujer de cerca de sesenta años autoerigida símbolo de la ciudad. Así, por puro marketing. De alguna parte sacó un montón de dólares y se pagó una campaña que la llevó a estar en carteles, fotos y paneles visibles desde todas las autopistas. Para nada, sólo para demostrarle al mundo que ella es el puritito espíritu de Los Ángeles reencarnado. Nadie sabe cómo se gana la vida (dicen que de más joven fue actriz, como tantas aquí), ni dónde vive, ni a qué dedica el tiempo libre. Lo único que los habitantes de este lugar saben es que, igual que les pasó con su presidente, les impusieron un símbolo, un icono, una especie de bandera absurda que nadie pidió ni aprobó.
Y lo peor no es que Angelyne vaya por ahí como mascota surrealista. Lo peor, amiga mía, es la imagen que vende de la ciudad y de sus mujeres. Porque este símbolo hecho carne, no es un ama de casa de éxito, ni una figura del mundo de las artes, ni una política con apoyo popular, ni siquiera una belleza natural. Angelyne es un engendro de silicona y tintes construido en una mesa de operaciones. Sin voz, sin apellido, sin pasado. No es una mujer. Es una Barbie añosa a quien alguien le enseñó que su única oportunidad de pasar a la posteridad era hinchar, modelar y destrozar su cuerpo para luego hacerle fotos y que la gente la mire. No con admiración ni con respeto. Simplemente, que la miren, convirtiéndola en un objeto grotesco y sin explicación. Porque si le preguntas a un angelino quién es, te contará la historia de cómo se subió a las vallas publicitarias a golpe de bisturí y de talonario, pero nada más. Ni siquiera podrá darte un buen argumento para deshacerse de ella. Porque Angelyne, que conoce el mundo en el que vive, sabe que la ciudad de Los Ángeles no se levantará contra ella mientras no se convierta en una amenaza. Igual que el país entero deja a Bush II ser su presidente sin quejarse hasta que el riesgo es demasiado grande. Como ahora, con el fantasma de Irak a la vuelta de la esquina.
Lo más duro, Sara, no es que Angelyne exista, sino que esa muñeca que podría ser abuela (y tal vez lo sea, nadie lo sabe) personifica lo que significa ser mujer en Los Ángeles, California. Aquí los telediarios incluyen en sus noticias de máximo interés los últimos tratamientos para eliminar las arrugas y acabar con la celulitis. Las presentadoras, inmersas en las fauces del sistema, se hacen cómplices de unos mensajes que se presentan como serios y rigurosos y que incluyen, en medio del programa informativo, anuncios de Prozac para el Síndrome Premenstrual. Los programas de la tarde sugieren recetas de cocina, venden libros con las dietas definitivas, dan consejos sobre maternidad en estos tiempos de peligros y terrorismos de piel morena. Ser mujer en Los Ángeles es ser estrella de Hollywood, aspirante a ello (traduzco: camarera), canguro de una estrella (o sea, latina) o simplemente no existir. Como no existen las miles de víctimas de violencia de género a las que la fabulosa pintora angelina Genice Grace, superviviente de una relación casi letal, dedica su arte. Nadie las menciona en las noticias. Igual que no existen las miles de mujeres pobres que caminan por las grandes avenidas sin peatones arrastrando carritos de la compra llenos de basura. La gente no las mira cuando pasa en sus coches. De la misma forma en que son invisibles las miles de activistas en universidades de la ciudad, el estado y el país. Las manifestaciones no salen en la prensa. Como no cuentan las miles de madres solteras que buscan cada día ese recoveco de realidad alternativa que les permita criar hijos y ser personas a la vez. Todas ellas, amiga, no son suficientemente importantes en este microcosmos de celuloide que es Los Ángeles para convertirse en símbolos de la ciudad, aparecer en monumentos ni en libros de historia. Angelyne, sin embargo, esa no-mujer irreal y triste, construida sobre cimientos de dinero y ficción, sí tiene su lugar en estas calles, aunque sólo como objeto. Ahora dime si no es para hacer las maletas y volver ya mismo. Yo ya me lo estoy pensando. ∆

e-mail: martafmorales@hotmail.com

   

   
INDICE:   Editorial Nacional, Internacional, Entrevistas, Reportajes, Actualidad
SERVICIOS:   Suscríbete, Suscripción RSS
ESCRÍBENOS:   Publicidad, Contacta con nosotros
CONOCE FUSION:   Qué es FUSION, Han pasado por FUSION, Quince años de andadura

    Add to Google Reader or Homepage
Revista Fusión.
I  Aviso Legal  I  Política de privacidad 
Última revisión: octubre 27, 2008. 
FA