
Los médicos le hablaron del
estrés pero ella no quiso ni oír, esa palabra no existía en su
vocabulario, era cosa de ejecutivos y, en todo caso, de personas débiles. |
|

LOS BENEFICIOS DEL CAMBIO
POR RAQUEL BUZNEGO (PSICOLOGA)
T rini no es una ejecutiva, ni es
profesora, ni enfermera, tampoco es artista y sin embargo ha sufrido estrés.
Un estrés al que no atendió y que poco faltó para que la llevara a la tumba.
Un día decidió que mientras el cuerpo aguante hay que trabajar "a tope" para
ganar dinero y así cambiar de coche, vestir ropa de marca y comprar muchas
cosas de las que apetecen. Trini trabaja en un comercio y los fines de
semana y festivos, hasta altas horas de la mañana, en un bar musical.
Vivía para trabajar y trabajaba, decía, para vivir mejor. Comenzó con
problemas digestivos, trastornos de la piel, dolores de cabeza y otros
muchos síntomas a los que fue aplicando terapias paliativas. Los médicos le
hablaron del estrés pero ella no quiso ni oír, esa palabra no existía en su
vocabulario, era cosa de ejecutivos y, en todo caso, de personas débiles.
Un mal día sufrió un infarto. A solas con su conciencia hubo de reconocer
que debía ser menos tozuda y escuchar algo más a los profesionales de la
salud. El organismo había protestado, primeramente de forma tímida, más
tarde de forma severa.
Se había salvado, pero quizá la próxima vez no pudiera decir lo mismo así
que debía replantearse su vida, sólo tenía una y no deseaba seguir
maltratándola.
Dejó el trabajo del disco-bar y se limitó al trabajo en la tienda, ganaba
menos dinero pero poco importaba, a fin de cuentas en su afán por tener más
cosas casi lo paga con la vida y en último caso tampoco le había dado la
felicidad, ahora que lo pensaba. No había disfrutado, desde hacía años, de
un fin de semana, ni había viajado ni, por supuesto, había vagueado.
Decidió que tenía que vivir de otra forma, pero no sabía ni cómo ni por
dónde empezar. Ella siempre había estado en acción así que no podía estar
parada, no sabía que hacer con sus horas libres y, desde luego, no sabía ir
a sitio alguno simplemente con el fin de mirarlo, disfrutarlo y vivirlo.
Tendría que aprender a reinterpretar su vida, descubrir sus verdaderas
necesidades, aprender a valorarse más, indistintamente de la firma de su
ropa, y tendría que aprender a vivir intensamente cada momento de su vida,
sin prisas, sin agobios, sin estrés.
Prometió intentarlo, aunque no sería fácil, tendría que renunciar a algunas
cosas pero quería suplirlas de alguna forma así que se me tendría que
ocurrir algo que para ella fuera, al menos tan importante como lo que dejaba
atrás. Se me ocurrió la idea de la fotografía, sería un pretexto para salir
en busca de paisajes diferentes, permanecer en ellos, disfrutarlos, respirar
aire puro y mirar hacia algo que no fuera su ropa, su coche o su imagen.
La fotografía, le dije, es algo dinámico, te entretiene, te acompaña, te
hace buscar. Un árbol es totalmente diferente en diferentes momentos, un
banco está lleno de vida en días soleados y sencillamente olvidado en días
grises y lluviosos, la primavera te ofrecerá colores brillantes y flores que
jamás has mirado, en el otoño pisarás sobre una alfombra de hojas que
crujirán a tu paso, el mar está en calma un día y embravecido al siguiente.
Hace dos años que se inició en la fotografía; ha fotografiado casas de
aldea, faenas del campo, animales, playas y hasta instrumentos de labor
(antiguos y modernos). Actualmente tiene una gran colección que va
clasificando por temas y que piensa exponer algún día, pero de momento
solamente le preocupa su vida, su salud y su afición a hacer pequeños
desplazamientos que la llevan en busca de un árbol diferente, un horizonte
nuevo o un riachuelo cantarín escasamente visitado.
Ha sustituido la ropa de firma por otra más económica con la que se siente
estupendamente, dice que de esa forma le sobra dinero para carretes y
revelados. El coche tampoco le importa, es viejo pero no ha pensado en
cambiarlo, es mudo testigo de su nueva vida.
Trini no sufre estrés porque no está al tanto de las firmas, ni de la
peluquería cada dos por tres, ni de parecer. Ahora disfruta de su tiempo, no
tiene ni quiere ponerse grandes metas pero saborea muchos momentos consigo
misma.
Son sus momentos de oro. ∆ |