
Todo lo malo que le pase a
la humanidad es culpa nuestra. ¿O acaso no se comió Eva la maldita
manzana? Lo que no todo el mundo recuerda es que antes de Eva hubo otra
mujer, Lilith, que sí fue la primera, pero que no le sirvió a Don Adán
porque se le rebeló en la cama. |
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EL PESO IDEAL
POR MARTA F. MORALES
G racias a la generosidad de una
amiga que no deja nunca de sorprenderme, llegó a mis manos hace unas
semanas el trabajo de investigación titulado "En manos de mujer",
realizado por la Asociación de Mujeres por la Salud Nielda de Gijón. Dicho
estudio, llevado a cabo en los últimos meses de 2001, pretende, según reza
su introducción, "visualizar el volumen de carga transportado y manipulado
por las mujeres" a lo largo de sus vidas. Loable intención que parte de
una razón tangible que también se explica en la introducción: "uno de los
problemas más frecuentemente relatados por las mujeres comprendidas en la
franja de edad que corresponde a la premenopausia y menopausia son el
dolor de piernas, brazos, espalda y hombros".
"En manos de mujer", en fin, es un estudio exhaustivo que incluye
encuestas sobre los pesos transportados en las labores domésticas y
referencias comparativas a la normativa de manipulación de cargas por
parte de los trabajadores (para las trabajadoras del hogar de normativa,
nada). Y lo que cargan y transportan las mujeres encuestadas va desde las
bolsas de la compra hasta los niños, pasando por la plancha, la
aspiradora, la ropa de la colada o las personas dependientes
incapacitadas. El total es escalofriante, y cito: la carga total
transportada por las mujeres entre los 25 y los 65 años asciende a 1022.4
Tm, y "lo transportan a lo largo de 3886 Km y durante 31890 horas a lo
largo de su vida". Ahí es nada.
Pero más allá de los datos recogidos por Nielda, que se agradecen sobre
todo por inéditos, la cuestión del peso, la carga y las mujeres la lleva a
una a pensar en otro tipo de asuntos. Así, por ejemplo, y por ser el más
obvio, se acuerda una del peso del propio cuerpo. Y no sólo porque nos
bombardeen a diario con cientos de anuncios de productos para estar
delgadas hasta la enfermedad, mucho más monas y parecer adolescentes a los
40. La cosa va mucho más allá: el cuerpo de una mujer lleva encima
multitud de pesos a lo largo de su vida además de planchas y de escobas.
¿No es un peso terrible tener que mirarse al espejo cada mañana, pensando
en lo que una se va a echar encima por ver si es apropiado? Porque una
minifalda más corta de la cuenta puede justificar una violación en según
qué tribunales. Un pantalón, en la línea del AVE, significa quedarse sin
empleo. Un sujetador de menos, la acusación de ser feminista trasnochada y
sin arreglar; un wonderbra de más, la de ir provocando al personal
(masculino, añado).
Pasando a lo simbólico, hablemos de otros pesos en nuestro cuerpo de
mujer. El primero, el original, el único, el incomparable: todo lo malo
que le pase a la humanidad es culpa nuestra. ¿O acaso no se comió Eva la
maldita manzana? Lo que no todo el mundo recuerda es que antes de Eva hubo
otra mujer, Lilith, que sí fue la primera, pero que no le sirvió a Don
Adán porque se le rebeló en la cama. Y es que la muy indecente no quería
someterse y yacer bajo el varón. Entonces Lilith huyó del Paraíso, y Dios
le dio a Adán una segunda oportunidad de hacerse valer: creó a Eva de una
costillita suya (Lilith era de barro, igual a él por tanto desde su
nacimiento), dejándola en deuda con el hombre para siempre. Al ver a esta
segunda mujer que todo el mundo toma por la primera, dijo Adán (y cito de
la Biblia): "¡Esta sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne! Será
llamada "Mujer" porque del hombre fue tomada". ¡Míralo qué listo, esta sí!
Eva, que llegaba al Paraíso de segundona y no se sabía las normas (porque
lo de "no comas del árbol" se lo dijo Dios a Adán tan sólo, y si no me
creen vayan al libro sagrado), le dio un muerdo a la manzana y adiós muy
buenas. Las mujeres, condenadas para siempre por pecadoras y por tragonas.
Ya se sabe: medio minuto en la boca, y en las pistoleras toda la vida.
Hablando del peso de la culpa...
No sólo el cristianismo ha colocado el peso de su civilización sobre el
cuerpo femenino. El Islam usa y abusa de velos y chadores para dejar bien
claro quién manda y quién no; quién puede exhibir su cuerpo serrano y
quién debe parecer un saco de patatas en toda circunstancia y ocasión.
Aquella discusión de las niñas Fátimas (porque no era una sola) y sus
cabezas cubiertas en la escuela es parte del asunto del peso cultural y la
mujer. Y no es un peso ligero de llevar, porque cuesta incluso vidas. Que
se lo digan si no a Sofiya, carne de telediario en nuestro país porque iba
a ser enterrada hasta el cuello y apedreada hasta la muerte por haber
tenido un hijo de soltera. Ella afirmaba que era el resultado de una
violación. A los patriarcas de su cultura poco les importaban sus
argumentos. El cuerpo de Sofiya era un símbolo de pecado y transgresión.
Destruyámoslo, pues.
Si las Fátimas, Sofiyas, Marías, Evas y Marujas del mundo no cargan mucho
más peso del que dobla a diario sus castigadas espaldas, que baje Dios y
lo vea. No importa qué dios, al fin y al cabo, hoy en día todos son
hombres. ∆
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martafmorales@hotmail.com
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