Revista Fusión

 Subscripción RSS

FUSION también eres tú,  por eso nos interesan tus opiniones,  tus reflexiones y tu colaboración  para construir un  mundo mejor

Recibe nuestras noticias en tu correo


 

PSICOLOGIA Y SOCIEDAD

 

La muerte no hace distingos, se lleva a ricos y pobres, a científicos y obreros, a jóvenes y viejos y así lo hizo con el hombre que dio más vida a muchos seres humanos de lo que la propia naturaleza les hubiera concedido.

psico.jpg (26337 bytes)
UN LATIDO, UNA ESPERANZA
POR RAQUEL BUZNEGO (PSICOLOGA)

Podía haber vivido unos años más. La noticia inexacta al principio, atribuyó su muerte a un infarto; una gran paradoja -pensó-. Finalmente supimos que la causa de su muerte fue un ataque de asma.
La muerte llamó también al hombre que fue capaz de desafiarla.
Cuando era muy niña recuerdo que me encantaba ver en las revistas la imagen de aquel eminente cirujano que se atrevió a jugar a los milagros, sus manos fueron capaces de sembrar esperanza de vida donde ya no era posible más que la muerte.
Me gustaba saber de su vida porque aquel hombre no podía ser como los demás, era el pionero de una nueva forma de cirugía y, por supuesto, lo veía como un genio capaz de vivir su vida como un superhombre y a la vez hacer posible el sueño de un ser humano que a las puertas de la muerte es capaz de reilusionarse con la vida.
Pero la vida, maravillosa por el mero hecho de poder vivirla, es absurda y caprichosa e hizo que el médico de hábiles manos por las que muchos enfermos de corazón desearían ardientemente ser intervenidos tuviera que retirarse de la profesión por la artrosis reumática que venía padeciendo desde 1956.
Así que cuando se dedicó al estudio del rejuvenecimiento y mucha gente criticó su nueva faceta profesional, yo seguí creyendo en él y en su trabajo porque no imaginé jamás a un cirujano semejante trabajando en algo en lo que de antemano no hubiera creído.
He leído, varias veces, el libro que escribió junto con un colaborador titulado "Tensión", es una novela, pero una magnífica obra en la que están plasmadas todas aquellas vivencias, contratiempos y emociones que surgen del trabajo en un hospital y concretamente en un quirófano: también se plasma la angustia de un cirujano cuando tras cometer una negligencia escucha en la mesa de operaciones el último suspiro de un ser humano.
En esta novela también contemplan los autores del problema racial que existía en Ciudad del Cabo y concretamente en los hospitales donde las salas para negros y blancos debían estar separados, así como la forma de atención médica y sanitaria a unos y otros.
Lo último que supe acerca del Dr. Barnard fue cuando el pasado año nuestra región tuvo el honor de contar con su presencia. En aquel momento sentí envidia, mucha, de las personas que tuvieron el gran privilegio de conocerle y de intercambiar con él pocas o muchas palabras.
Supondría, supuse, una intensa emoción, una emoción sin precedentes especialmente para el grupo de personas trasplantadas con las que se reunió, porque habrán tenido la sensación de que gracias a la ciencia y a las manos del gran cirujano una nueva puerta se abrió para la posterior investigación. Investigación que, a fin de cuentas hizo posible la vida para quienes de otra forma no habrían soñado con vivir más allá de lo que su enfermo corazón les hubiera permitido.
Así son las cosas, la muerte no hace distingos, se lleva a ricos y pobres, a científicos y obreros, a jóvenes y viejos y así lo hizo con el hombre que dio más vida a muchos seres humanos de lo que la propia naturaleza les hubiera concedido.
La vida podría haber sido más generosa con el hombre que la perfeccionó, con quien merced a su mente despierta y hábiles manos fue capaz de subsanar lo que por naturaleza, por uso o por accidente, presentaba cualquier defecto mortal de necesidad.
Supongo que el Dr. Barnard habría sabido aceptar su incapacidad, la incapacidad que le apartó de su brillante profesión. No queda más remedio que aceptar lo que no se puede cambiar, de cualquier forma debemos agradecer a la vida el haber dado a luz a este hombre, a un hombre que cambió el curso de muchas vidas, que sembró esperanza donde sólo cabía impotencia y dolor y que ilusionó nuevamente a los pacientes a quien atendió.
Luego se lo llevó, no le concedió más tiempo, hemos perdido a un gran cirujano pero quienes vivimos aquel momento histórico del primer trasplante de corazón jamás podremos olvidar al hombre que lo llevó a cabo.
La vida y la obra del Dr. Christian Barnard contribuyó de forma crucial a la cirugía del corazón, pasará a la historia de la medicina como uno de los grandes.
Su último latido hará eco en no pocos corazones trasplantados. ∆

   

   
INDICE:   Editoriales, Entrevistas, Reportajes, ONG's,
SERVICIOS:   Suscríbete, Suscripción RSS
ESCRÍBENOS:  Contacta con nosotros
CONOCE FUSION:  Qué es FUSION, Han pasado por FUSION, Quince años de andadura

    Add to Google Reader or Homepage
Revista Fusión.
I  Aviso Legal  I  Política de privacidad 
Última revisión: agosto 26, 2008. 
FA