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FEMENINO PLURAL

 

Me planteo a quién me gustaría acompañar durante un día si yo pudiera convertirme en sombra. Primera elección: a una mujer.


MUJERES CON SOMBRA (I)

POR MARTA F. MORALES

Desde hace una temporada el escritor Juan José Millás lleva a cabo para un semanario de este país un interesante proyecto periodístico: elige a una persona por algún rasgo que la haga diferente y atractiva a los lectores y pasa con ella veinticuatro horas, siguiéndola a todas partes, observando su comportamiento en público y en privado, siendo su sombra. La idea parte de una divertida novela del británico David Lodge, Nice Work (traducida como Buen Trabajo), en la que una profesora de universidad, activista de izquierdas, feminista y especialista en semiótica se ve envuelta en un proyecto de investigación en el que debe actuar como sombra de un industrial materialista, fondón y malhumorado, con el subsiguiente choque de sexos, clase e intereses.
Millás, que como Lodge es un maestro de la pluma (o ya en estos tiempos, del teclado), ha sido hasta ahora sombra de personas tan dispares como José Luis Rodríguez Zapatero, la directora de una empresa líder en telefonía o un chico con Síndrome de Down que trabaja como el que más. No sé cómo se lo pasará el escritor siguiendo arriba y abajo a estos personajes (parece ser que el Debate sobre el Estado de la Nación no fue precisamente un parque temático), pero el resultado suele ser un reportaje que pone cara, y lo que es mejor, voz y alma a seres excepcionales por una u otra razón. Sólo por eso, el Proyecto Sombra ya merece la pena.
Pensando en este esquema periodístico unos años después de haber leído la hilarante Nice Work, me planteo a quién me gustaría acompañar durante un día si yo pudiera convertirme en sombra. Primera elección: a una mujer. Porque no me cabe la menor duda de que todas las mujeres de este país, incluso las que no saben juntar letras para leer a Juanjo Millás, merecen la pena (no digo que los hombres no, pero a una la puede la conciencia de género). Cada vida en femenino es una biografía de trabajo diario dentro y/o fuera de casa, esfuerzo por ser ciudadanas de pleno derecho, lucha contra el miedo de no ser un hombre en según qué calles... toda mujer merece su propia sombra.
Ahora bien, yendo un poco más allá, cavilo sobre a qué mujeres extraordinarias les regalaría yo veinticuatro horas de mi vida como sujeto para pasar a ser un mero apéndice en negro. Aquí me vence la deformación profesional, y aunque me atraigan los entresijos del poder político y las vidas heroicas de mucha mujer anónima, tengo que inclinarme por una escritora. Porque el cerebro de alguien capaz de parir novelas es un lugar que me apetece visitar, y si viene acompañado por un cuerpo y una boca con la que conversar, mejor. De entre mis favoritas, hago un repaso y me quedo con la que en mi hambre de letras y mi estantería se lleva la palma del tiempo y del espacio: Rosa Montero.
Mi Rosa favorita es madrileña de cuna y de crianza, lleva bajo el brazo el saber de dos carreras (periodismo y psicología) y mantiene un ya largo romance con el diario El País que no parece interferir en su matrimonio con las editoriales. Su rostro maduro suele sonreír desde las solapas de sus libros, sus ojos tienen el punto triste de quien sabe y ha vivido, uno de sus brazos está adornado por el tatuaje de un reptil muy poco tierno. Pero por encima de todo, su verbo y su pluma (lo del teclado queda muy prosaico) sobresalen entre los millones de páginas que se publican y se compran (aunque no todas se leen) en España cada año.
La obra de Rosa Montero me acompaña desde mi adolescencia, y nunca me ha dado ni un disgusto, que es más de lo que se puede decir de familia, amigas o amantes. Sus libros y yo nos hemos llevado bien durante años, unas veces entendiéndonos mejor que otras, pero siempre en una dulce y extraña armonía. Casi nunca gusta todo lo que graba el cantante favorito; hay ocasiones en que un guiso que nos encanta no se nos presenta apetecible. No es ese mi caso con las novelas o las crónicas de esta mujer que me mira ahora desde la hermosa edición de El Corazón del Tártaro que llena estos días mis atardeceres. Por alguna razón que no alcanzo a comprender, la Montero, hasta ahora, siempre ha acertado con mis humores de lectura y mis cambios de rumbo literario.
Esa incomprensible facilidad para conquistarme cada vez como lectora, su dedicación a la que es mi preferida de las artes, su pericia para dar con la palabra apropiada, su imagen de antidiva accesible y comprometida, el gesto decidido de sus manos, su valentía para experimentar con lo narrado todas son razones que me convencerían para ser su sombra. Probablemente para ella el día elegido sería una jornada como cualquier otra, con lo que ello conlleva de reto y de repetición. Pero estoy segura de que quien esto escribe conviviría con una mente activa y curiosa, con un pedazo de escritora apasionada por su trabajo. Sería la orgullosa sombra de un ser humano, de una mujer, de una escritora, de un personaje, de todo eso y por ese orden. ∆

e-mail: martafmorales@hotmail.com

   

   
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Última revisión: octubre 27, 2008. 
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