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PSICOLOGIA Y SOCIEDAD

 

De Pinfi nos queda su semilla, su ejemplo, su humanidad y también nos quedan muchas de sus frases y citas celosamente guardadas.

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 RECORDANDO A PINFI (JOSE GONZALO SANCHO FLOREZ)
POR RAQUEL BUZNEGO (PSICOLOGA)

De su muerte hace un año, el tiempo se nos escapa entre risas y llantos, entre quehaceres, rutina, fracaso y éxito y así es la vida, nuestra vida.
Determinadas fechas suscitan el recuerdo de los que se han ido para no volver, es quizá el momento idóneo para preguntarnos si hemos continuado la obra que nos han mostrado y por la que les hemos admirado, y también hemos de preguntarnos si aquellos valores que defendieron y practicaron, por encima de todo, siguen siendo cultivados con el mimo y cuidado con que los hemos experimentado cuando ellos los defendían.
Pinfi fue un magnífico profesor, el profesor que todos hubiéramos deseado tener, maestro de humildad, de comprensión y de apoyo, el hombre, por encima de todo, que se ocupó de transmitir humanidad y de compartir sus conocimientos y pensamientos con sus alumnos y sobre todo con aquellas personas que, en la cárcel, esperaban todas las semanas con ilusión escuchar sus palabras de aliento.
Fue querido, como nadie, por sus alumnos. Los padres de esos alumnos tampoco olvidaremos que les enseñó un gran camino, el camino de la honestidad, de la honradez y sobre todo les enseñó a pensar, por eso estamos en deuda con él, con el profesor, con el pensador, con el amigo.
Mi hijo fue alumno suyo en el bachillerato. Cuando comenzó la carrera, en horas libres, lo iba a visitar y a pedirle libros, aquella relación hermosa que se había establecido en las aulas se mantuvo fuera de ellas. Cuando hablé por última vez con el profesor, ya bastante enfermo, me dijo que si mi hijo necesitaba libros que fuera al instituto y se los pidiera a un compañero (me dijo un nombre). Yo no salía de mi asombro, la enfermedad minaba su vida y sus energías y aún se ocupaba de los demás.
El día que me notificaron su muerte sentí impotencia, una nueva injusticia de la vida, una bofetada, una traición, porque siempre es una traición que muera un hombre que tanto aporta a los demás. Cuando mi hijo llegó de la Universidad y se lo dije apenas pudo hablar, jamás le vi llorar por nadie y aquel día le vi llorar desconsoladamente, incapaz de contenerse, le vi derrumbarse y le vi sufrir. Había muerto el pensador, el profesor, el compañero al que había querido y admirado.
De Pinfi nos queda su semilla, su ejemplo, su humanidad y también nos quedan muchas de sus frases y citas celosamente guardadas.
De su muerte hace un año, el tiempo se nos escapa entre risas y llantos, entre quehaceres, rutina, fracaso y éxito y así es la vida, nuestra vida. Nunca el curso de los acontecimientos pasados se puede cambiar pero el cerebro es perfecto y guarda escrupulosamente en su seno todos aquellos momentos que merece la pena que sean rememorados, es lo que nos va quedando de los que se van, de lo irrepetible, es el recuerdo, una herramienta maravillosa que nos permite deleitarnos nuevamente en momentos que hemos clasificado como únicos.
Todas las experiencias, hasta las más dolorosas, pueden ser ilustrativas, al menos para los que quedan. Quizá algunos de los compañeros de Pinfi han reflexionado y hasta han aprendido cómo practicar bien la profesión, cómo meter en el bolsillo a los alumnos y cómo enseñarles a interesarse por el saber y, de paso, a reforzar más las buenas conductas en vez de mandar tanto a jefatura a quien en clase se porta mal.
En fin, que los adolescentes necesitan no sólo conocimientos sino atención, saber que alguien se interesa por ellos y que el profesor también los valora como si fueran personas y no ratas inmundas que mejor estarían en alguna alcantarilla donde no molestasen y así poder dar la clase en el más estricto orden a las ratas más selectas.
Los profesores, siempre lo pensé, tienen una prodigiosa memoria selectiva, se les olvida que ellos también fueron niños, que si no hicieron travesuras disfrutaron, posiblemente, si otro las hacía y se les olvida que el adolescente está conformando su personalidad y en ese proceso surge, muy frecuentemente, la rebeldía, la oposición, la inseguridad y la necesidad de hacerse notar, de cualquier forma.
Pero ya se sabe, la mayoría esto ni lo sabe ni le interesa porque de lo único que se preocupa es de su comodidad y de su sueldo y los hay que ni siquiera se molestan en explicar, que ya es el colmo, porque lo que hacen es ir leyendo lo que trae el libro y, si acaso, hacer notar al alumno lo que debe subrayar.
Así que cuando emerge alguien excepcional, alguien que es diferente, que hace las cosas como se deben hacer, que sabe el terreno que pisa y con quién está tratando para mejor proceder y llegar todo, a fin de cuentas, a buen puerto, viene la vida y se lo merienda, y es que siempre es igual, parece como si la vida dotara de seguro de vida, valga la redundancia, solamente a vividores, impresentables, aprovechados, caraduras y otras especies más que no deseo mencionar.
Pinfi fue un hombre querido, un profesor amado y admirado, fue el profesor de todos, de los buenos y de los malos, de los listos y menos listos y también de los hombres que por una u otra circunstancia estaban privados de libertad. De cualquier forma les enseñó la libertad porque les enseñó a pensar y el pensamiento no tiene rejas.
El recuerdo de Pinfi seguirá en la memoria de quienes le hemos conocido. ∆

   

   
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Última revisión: octubre 27, 2008. 
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