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Estimados
amigos: Me han comunicado que mi carta ha recibido el
primer premio del concurso de Cartas de Amor de Tarifa, certamen
organizado por Radio Tarifa y el Ayuntamiento de dicha localidad. Les
remito la carta premiada.
Con mis más Naturales saludos,
Antonio Rodríguez Dosantos
A tus años y a mis años:
Nos dicen que a tus años y a mis años ya no tenemos edad para
amarnos. Que nos espera por todo hogar las cuatro paredes de un asilo,
como única ventana la luz de un televisor, como única emoción las
partidas de cartas, como única compañía el calor de un animal y como
única esperanza esperar un nuevo día.
¡Yo sigo vivo! Mis manos todavía pueden acariciar, y mis labios se
mueren por volver a besar los tuyos. Mis pies aún recuerdan los viejos
pasos de baile, y mis brazos todavía pueden estrecharte con fuerza, para
cálidamente protegerte, otra vez, de cualquier viento.
Ni tus sentimientos ni los míos tienen arrugas, están limpios, claros a
la luz de nuestros ojos. Tu cuerpo y el mío hace mucho que dejaron de ser
niños; pero tienes los ojos azules de niña traviesa, y mi alma corre
todas las tardes a la playa resistiéndose día a día a madurar, para
poder volver a jugar entre las peñas, e ir a robar para ti manzanas de
los huertos prohibidos.
Pero no recuerdes, no quiero recordar el pasado, ni el bueno, ni el malo.
Quiero vivir el ahora, el ya, contigo abrazados. Vivir nuevas emociones,
inventar nuevos besos, recorrer nuevos senderos. Antes de volver a
encontrarte vagaba como un minero sin luz, entre frías galerías de
infinita oscuridad azul, excavando cada día, con mis manos, una nueva
razón para vivir. Pero ahora tú eres mi faro, mi razón única, mi
esencia. Quiero volver a pasear mis dedos por tu melena, a que vuelvas a
sonreír con mis tonterías, a tomar un helado compartido, a acariciarnos
en la oscuridad y abrazarnos hasta el amanecer.
No me hables de los años pasados y perdidos, el único tiempo para mi
baldío es el que pasa sin estar a tu lado, sin poder decirte que te
quiero, sin querer amarte, sin amar hasta querer morir en tus brazos, sin
morir por tu querer, sin querer que me ames como yo te quiero, y te amo, y
muero. Y sé que me quieres; porque la luz de tus ojos es la misma de
siempre y tus ojos nunca han mentido.
El tiempo ha pasado y nuestras vidas han corrido y tropezado muchas veces.
Maldigo a la parca que ha jugado con los hilos de nuestro destino. Pero
ahora volvemos a unirnos, no en nuestra hora final, sino en una nueva hora
primera. Que digan lo que digan nuestros hijos y nietos, que puede que
lleven nuestra sangre; pero no nuestros sentimientos. Que a tus años y a
los míos vamos a amarnos hasta el último suspiro. ∆
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