
Conviene no precipitarse
en conclusiones que puedan ser erróneas. Lo primero que se debe hacer es
recoger los síntomas y ver si pueden obedecer a alguna situación por la
que el sujeto esté atravesando. |
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LAS
SECTAS (SEGUNDA PARTE)
POR RAQUEL BUZNEGO (PSICOLOGA)
En las
sectas, como en las drogas, cuando los familiares se percatan o presienten
lo que está sucediendo es demasiado tarde, en ocasiones, para ser
abordado satisfactoriamente y sin embargo nadie entra en una secta de la
noche a la mañana, generalmente transcurre un tiempo, más o menos largo,
en que hay una especie de galanteo de la secta para con el que ellos
consideran como futuro integrante.
Es en ese momento cuando pueden ser observados cambios, bastante visibles,
en la conducta del individuo; cambios que pueden ser detectados por las
personas que le rodean, que son obviamente quienes conocen bien el modo de
ser habitual de la persona.
Los cambios de personalidad y comportamiento serán más o menos agudos en
función de la secta con que se está estableciendo contacto y
lógicamente con el tipo de personalidad que tenga el individuo. Las
personas que aparecían desencantadas o desesperanzadas, sin motivo
aparente que justifique tal cambio, comienzan a ilusionarse, a activarse y
a mostrarse más satisfechas y más enérgicas en líneas generales. Es
una especie de vivencia paradisiaca que hasta ese momento se consideraba
perdida. Estos comportamientos positivos ocurren en la época de noviazgo,
posteriormente se pueden ir apagando dependiendo de que la secta en que se
ha ingresado sea más o menos destructiva para el desarrollo de la
persona.
Es evidente que los cambios observados, y susceptibles de ser
considerados, han de ser tomados con la cautela que conviene puesto que no
necesariamente son reveladores de sectarismo, sino que pueden estar
presentes en trastornos orgánicos y/o emocionales, en contactos con
drogas y en otras muchas circunstancias. No obstante, consideradas las
anteriores advertencias, se puede decir que el individuo que ingresa en
una secta presenta, o puede presentar, algunos o muchos de los síntomas o
modificaciones que a continuación se enumeran:
Cambios de hábito: Habitualmente son llamativos los cambios en la
forma de vestir, también es curiosa su nueva forma de alimentarse
rechazando alimentos que hasta entonces había consumido y adiccionándose
a otros de forma un tanto obsesiva. A veces, incluso, se llegan a adoptar
dietas drásticas y, por tanto, muy llamativas sin causa que las
justifique.
También ocurre, con bastante frecuencia, que se abandonan algunas
adicciones como el alcohol y el tabaco argumentando, en no pocas
ocasiones, razones religiosas o éticas.
Otros cambios, que casi siempre se dan, son el abandono de los antiguos
hobbies para dar paso a otras pautas como son la asistencia a
conferencias, lecturas adaptadas del interés de la secta, incluso pueden
pasar horas escuchando determinadas grabaciones tanto de charlas como
musicales, música obviamente de corte místico o introspectivo.
Cambios de carácter: Muy acusados generalmente, apareciendo una
susceptibilidad muy marcada. También ocurre que el individuo se torne
irascible e incluso agresivo, mostrándose distante de las personas con
quien siempre disfrutó de relaciones forzantes. Evitará dar información
acerca de sus intereses y es muy probable que descienda su rendimiento
bien sea en el trabajo o en el estudio.
Modificaciones sociales: Se irá apartando progresivamente de sus
amigos y se relacionará, casi de forma exclusiva, con las personas del
grupo al que pertenece. Esto ocurrirá de forma especialmente intensa si
sus ideas son cuestionadas o criticadas. Los lazos sociales terminarán
rotos total y absolutamente.
Cambios físicos: Debido generalmente a los alimentos ingeridos, a
terapias naturistas, a la meditación, etc. Pautas que si bien pueden ser
altamente positivas, dejan de serlo si se utilizan para manipular al
sujeto en la dirección deseada. De esta forma es observable la adopción
de posturas rígidas, ensimismamiento, tensión y considerables dosis de
ansiedad por el temor que implica ser descubierto y censurado.
Estos y otros cambios observables en el sujeto proporcionarán una
clara advertencia de que algo está ocurriendo. Conviene no precipitarse
en conclusiones que puedan ser erróneas. Lo primero que se debe hacer es
recoger los síntomas y ver si pueden obedecer a alguna situación por la
que el sujeto esté atravesando y que le sea especialmente gravosa. Si no
es así y hay motivos para pensar que el origen del problema es una secta,
lo adecuado es descubrir de cuál se trata. Confirmado esto jamás se
harán críticas acerca del grupo al que pertenece, tampoco se le debe
imponer el abandono y, de ninguna manera, entregarle, sin más,
información censora.
Una alternativa positiva, según los expertos, será interesarse por sus
nuevas relaciones, sus nuevos intereses y sus nuevas ideas, hecho esto
conviene acompañarle en algunas charlas, reuniones y actividades. Ganada
la confianza del sujeto es hora de evaluar y compartir información acerca
de los riesgos de las sectas.
En caso de carecer de una estrategia razonable y ante la duda lo más
adecuado será consultar con un profesional. ∆ |