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PSICOLOGIA Y SOCIEDAD

 

Los romanos llevaban a los cristianos al circo y se los entregaban a los leones o se deleitaban con las sangrientas luchas de gladiadores, pero todo ello era un juego comparado con los hechos que todos los días descubrimos en las civilizadas sociedades del 2000.

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HISTORIAS DE NUESTRA CIVILIZACION
POR RAQUEL BUZNEGO (PSICOLOGA)

No lo podía creer, ¿o no lo quería creer? La noticia era la siguiente: un grupo mafioso, integrado por rusos e italianos, se dedicaba a la grabación de vídeos. El contenido de los mismos era la violación y el maltrato a niños llegando, en ocasiones, hasta la muerte. La noticia no debió de sorprender porque nadie habla de ella; el mundo ha perdido su capacidad de sorpresa, permanece, parece, aletargado e inmunizado.

En otra ocasión se llegó a hacer lo mismo con mujeres, prostitutas fundamentalmente, a quienes se les ofrecía un papel para una película de vídeo. Luego venía la verdad, o sea, más de lo mismo, la violación y el maltrato hasta la muerte, que por si acaso alguien no ha entendido, porque cuesta entenderlo, era real. Y todo ello para que algún malnacido adquiera el vídeo, por una cantidad que ronda el millón de pelas, y se siente tranquilamente en el gran salón de su casa a presenciar cómo agoniza y muere una persona, cuánto aguanta un cuerpo y cómo el miedo y el horror que antecede al fin, transforma y deforma el rostro de la víctima.
Al fin y al cabo son escoria -pensará- y a la escoria la vida no les puede hacer mejor favor que una muerte filmada.
¿Y los cámaras? ¿Cómo pueden filmar semejantes atrocidades? ¿Cómo pueden volver tan ricamente a su casa y sentar en sus rodillas a sus hijos que tienen, tuvieron o tendrán, la misma edad que aquel niño que, a fuerza de violencia, acaba de dejar su vida en el macabro plató?
Hay muchos más psicópatas de los que podemos imaginar, unos cometen el crimen y otros pagan por ver, con pelos y señales, cómo se inicia, desarrolla y culmina la agonía. Agonía de unos ojos suplicantes que no aciertan a comprender cómo aquellas personas que tan amables se mostraron al principio son capaces de someterles a tanto dolor y a tanta humillación. Pero no hay salida, no hay retorno, la suerte está echada, solamente una fría fosa, cavada en cualquier parte, arropará su cuerpo.
Hemos llegado a tal estado de violencia que resulta imposible entender: mentes perturbadas, mentes calenturientas, mentes hambrientas de dolor y sangre. Los romanos llevaban a los cristianos al circo y se los entregaban a los leones o se deleitaban con las sangrientas luchas de gladiadores, pero todo ello era un juego comparado con los hechos que todos los días descubrimos en las civilizadas sociedades del 2000.
Y tampoco, ingenua de mí, hace un tiempo quería creer en el tráfico de órganos, porque no podía comprender cómo un médico podía ser capaz de hacer una intervención con tales fines.

Un hombre que ha estudiado para salvar la vida de sus congéneres, para protegerles de las miserias de la enfermedad y para practicar la humanidad, no puede implicarse en tales mafias, argumentaba yo. Un día hube de convencerme de lo contrario, unos periodistas investigaron el tema, buscaron contacto y se hicieron pasar por gente que necesitaba un órgano, filmaron los encuentros, el precio y hasta las conversaciones con el médico. Finalmente tuve que creer en el contrabando de órganos y tuve que admitir que algunos médicos son capaces de sacrificar a los más débiles en favor de los más poderosos. Solamente por dinero.
También el otro día me dolió el estómago, mucho, al leer en una revista un reportaje acerca de las peleas de perros. Descubrí cómo es el proceso de entrenamiento, cómo llegan a hacerlos extremadamente agresivos y asesinos. Les someten a tales prácticas que prefiero no rememorar, cada cual que imagine lo que quiera, aunque a no ser que lo lea, como es mi caso, es difícil de imaginar, por mucha imaginación que se ponga en el asunto.
Finalizado el entrenamiento el perro estará en disposición de ser el rey del ring, se conciertan las peleas y los clientes apuestan fuertemente. Otro espectáculo macabro al servicio y para el placer de mentes retorcidas.
La gente que es capaz de ver semejante espectáculo, la gente que entrena a los perros, la gente que filma, patrocina, vende y mira las cintas de vídeo de las que hablé, no deberían ser duramente penados, deberían ser pasto de los perros entrenados.
Y aún me parece poco. ∆

 

   

   
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Última revisión: octubre 27, 2008. 
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