
Algunos profesores son
así. Afortunada-mente también los hay cumplidores, trabajadores y
sabedores de la responsabilidad que supone formar bien, cuanto más mejor,
a sus alumnos. |
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EL
PROFESOR CHIFLADO
POR RAQUEL BUZNEGO (PSICOLOGA)
Lo
conocí en un bar, de los de mi aldea. Fue una noche de verano, va para
tres años; entró y montó el numerito. Comenzó a contar historias para
no dormir: su venida del "más allá", su rango de
"príncipe de las Galias", sus viajes a través del "hiperespacio",
etc. La peña no salía de su asombro y yo tampoco ¿por qué negarlo? Lo
bueno vino después, pasó de la devoción a la acción y comenzó a
danzar, a bombardear con misiles y a gatear.
Fue una comedia ¡una auténtica comedia! pero cuando consideró que la
gente flipaba, con tales conductas, sacó su carné. ¿Policía? ¡No
hombre! ¿Político? Tampoco es el caso. Profesor de Universidad.
Curiosamente observé que algunos cambiaban su actitud y lejos de seguir
el cachondeo, como quien no quiere la cosa, se iban arrimando a charlar
con él a la vez que contaba más y más aventuras, todas ellas
disparatadas.
Un joven de los de allí presentes, que pasada la época estival
comenzaría su andadura universitaria, justo en la Escuela del susodicho,
se lo hizo saber. Ni corto ni perezoso le espetó: ¿Ah sí? Cuenta
entonces con que vas a suspender. Hablar por hablar, ya se sabe.
Seguí viéndole en otras ocasiones y en las mismas condiciones:
impresentables.
El verano pasó y el curso comenzó. El alumno acudió,
tal como os dije, a sus clases, y con él se topó, en prácticas.
También impresentable, por lo que me refirió. ¿Explicar?, nada de nada,
se limitaba y limita a mostrar diapositivas y a fumar en clase, eso sí,
arrojando las colillas al suelo, que para eso está el servicio: a su
servicio.
El verano siguiente volví a encontrarlo en el mismo lugar y en idénticas
disposiciones, danzando, llamando ignorante a la gente, parafraseando el
latín y procediendo al conveniente ejercicio de levantamiento de vidrio,
a costa de su acompañante que espera, tal como le prometió, por una
colocación en una siderurgia asturiana en la que él tiene conocer y
poder.
¡Ya puedes esperar, Pepín! Tienes que pagar unas cuantas copas más y
alguna que otra cena, a bien ser de marisco. A fin de cuentas no te
servirá de nada y concluirás que el "espabilao" de turno te ha
tomado el pelo y se ha tomado, de paso, unas cuantas copas a tu costa
porque, ya sabes, cuando se te agota la "guita", que tanto te
cuesta conseguir, dale que te pego a la motosierra, haga frío, llueva o
te duela el espinazo, él no paga porque es el momento justo en que,
también a él, se le ha acabado el dinero, y, para que lo sepas, uno de
esos precisos días, en que decía que no tenía, vieron mis miopes ojos,
un billetito de diez, curiosamente doblado, entre los carnés que tantas
veces muestra.
Y como, puestos a ello, todo hay que decirlo, el dueño del bar, aún
tiene que cobrar unas copitas, que el profesor anotó. Ya puede ir
cambiando el lugar de la anotación y anotar las cifras, como dicen
algunos, en la barra de hielo, porque como no lo vaya a buscar al despacho
de la Universidad, cosa que también puede acontecer, no sé cómo va a
cobrar.
Algunos profesores son así. Afortunadamente también
los hay cumplidores, trabajadores y sabedores de la responsabilidad que
supone formar bien, cuanto más mejor, a sus alumnos. Y ello implica,
monín, a ver si te enteras de una vez, cumplir con tu deber que para eso
te pagan. También implica aprender para ver si así consigues explicarte
mejor y cumplir con las normas establecidas, a saber: no fumar en clase.
¡Que está prohibido hombre!, ¿no te has enterado? Claro que no diste
conmigo, porque si tú fumas yo fumo, y a ver cómo me lo prohíbes.
¡Ah! tampoco olvides que en tus ratos libres puedes divertirte tal como
te plazca, pero sin hacer el payaso, chico; para eso apúntate al circo
que igual reflotas a Angel Cristo. ¡Menudo dúo!
Finalmente también digo, porque soy libre de decir y porque me viene en
gana, que me cae la cara de vergüenza, que ganando lo que ganas y
viviendo donde vives, te dejes constantemente invitar por pobres hombres
que para tener mil duros sudan la gota gorda. La dignidad no está en ser
profesor de Universidad sino sencilla y llanamente en ser persona, sin
más, que tampoco cuesta tanto trabajo.
¡Con los universitarios de antes me hubiera gustado verte! Quizá se te
hubiesen bajado los humos.
¡Un pelín! |