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PSICOLOGIA Y SOCIEDAD

 

 

Es inconcebible, pero así es: el violador y asesino retoma la rutina sin más problema que ocultar el horrendo crimen que acaba de cometer.

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MENTE ASESINA
POR RAQUEL BUZNEGO (PSICOLOGA)

No concibo cómo uno puede ir para casa, como si tal cosa, después de haber violado, torturado y matado a una joven. Es inconcebible, pero así es: el violador y asesino retoma la rutina sin más problema que ocultar el horrendo crimen que acaba de cometer.
Se sentará, tranquilamente, en la mesa, junto a sus hermanas, y charlará sobre lo que hizo el fin de semana, sobre el tiempo, y si viene a cuento, que vendrá, acerca del degenerado que ha terminado con la vida de la joven a quien casi todos en el barrio conocían y querían. Mantendrá la sangre fría, el aplomo y el cinismo de forma que su madre se sentirá feliz y afortunada de tener en su casa a un muchacho no como esos que andan por ahí poseídos por el demonio, buscando una víctima en quien descargar sus más bajos instintos.

Llegará la primera noche, tras el crimen. En el Telediario han dicho que la policía cree que el asesino no está lejos, probablemente sea del círculo de conocidos, incluso amigos de la víctima, pero no hay problema, no tiene antecedentes y es un chico bien considerado por el vecindario. No hay nada que temer. Además, tiene un par de hermanas. ¿A quién se le va a ocurrir que un joven con hermanas de la edad de la víctima cometa tan cruel asesinato? Eso le protege porque ¡claro! habiendo tales alimañas por el mundo la próxima víctima puede ser una de sus hermanas. Saldrá con ellas algo más, al menos en día venideros, habrá que transmitir sensación de unidad, de familiaridad, de que los sentimientos y las emociones están bajo control y, desde luego, habrá que sumarse al entierro, eso sí, cabizbajo y sacudido emocionalmente por las conductas tan depravadas de algunos machos.
Apaga la luz y el sueño deviene sin hacerse esperar, la noche anterior ha sido agitada. Comienza una nueva vida, una vida de fango y ocultación pero sin remordimientos, sin sufrimientos, únicamente habrá que comportarse con cautela.
Los sueños sorprenden la paz en que se ha dormido, porque la vida es así y no se siente culpable; el rostro de la joven sonríe sin cesar cuando están tomando unas copas, el ambiente es relajado y a la chica le resulta un joven divertido y atractivo. Se van, al amparo de la noche, la lleva a un descampado y comienza la función; la víctima se resiste habrá que actuar con mano dura, que es lo que en el fondo le está pidiendo. La sonrisa, de hace tan sólo unos minutos, es borrada por el miedo, un miedo atroz que no tarda en convertirse en amargo terror. Eso le estimula aún más y se recrea en el sacrificio, la sangre le hierve en las venas y en ningún momento piensa en el dolor que está infringiendo. Sencilla y llanamente se ha entregado a la acción y la acción ha concluido.
Despierta temprano, ¡malditos sueños! también de ellos habrá que protegerse, no vaya a ser que en algún momento alguna palabra, o alguna frase, traicionen su secreto.

El día será largo, habrá entierro y habrá que asistir, el barrio es pequeño y casi todo el mundo se conoce, no hay alternativa. Habrá, incluso, que construir alguna frase condenatoria por si la ocasión lo requiere.
Su madre le prepara el desayuno, sus hermanas y su padre se han ido al tajo; él no tiene curro ni estudio, así que verá la televisión porque no está de humor para darse un garbeo. Su madre comenta lo que dice la radio del cruel asesinato. "¡Hay que ver!, no se puede una fiar de nadie, mucho hijo de mala madre hay suelto por el mundo, ¡mira que si un día le pasa algo a tus hermanas!".
Hace algún comentario, como es menester, y enciende la televisión. No se habla de otra cosa, el terrible crimen, incluso hay un debate sobre el tema y la violencia de algunos jóvenes ¿acaso no habrá algo más interesante de qué hablar? se pregunta.
Por la tarde acude al entierro, muchas caras conocidas, rostros congestionados por el miedo, la indignación y el dolor. Recuerda su plan, hay que bajar la cabeza y permanecer serio. No siente pena, no siente remordimiento, no siente dolor, así que solamente se trata de ser buen actor, imitar los rasgos y el andar de los otros. Con esto está cumplido y protegido.
Ha pasado la función, piensa. Los próximos días traerán la paz y la normalidad porque todo está bajo control, nadie los vio, con nadie se encontró y nadie escuchó.

A la mañana siguiente también despierta precozmente. Oye voces, gritos y llantos. "¡Malditos sueños!", piensa. Pero no son sueños, es la voz de su madre, la policía ha llegado y han de llevarse a su hijo. Cuestión de rutina, señora. Su madre entra en la habitación. Adormilado aún, ve nuevamente los ojos de la víctima aterrados y desorbitados, frota los suyos y mira de nuevo. No son los ojos de la víctima, son los de su madre que también están aterrados. Entiende lo que ocurre, no son los sueños. Se viste lentamente, besa a su madre y se va mansamente. Ni sorpresa, ni una protesta, ni la mínima resistencia.
Su madre lo ve irse, desde la puerta. Se han equivocado, piensa. ¡Esos cabrones siempre se equivocan! No puede pensar más, un desmayo la rescata de tanto dolor, de tanta vergüenza y de tanta injusticia.
Cuando despierta, su hijo ya ha declarado ante el juez.

 

   

   
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Última revisión: abril 07, 2011. 
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