
Hay que hacer un serio y
riguroso estudio de la psicología del espectador. La televisión es un
reflejo, ni más ni menos, de lo que en la sociedad acontece y de lo que
la sociedad quiere. |
|

GRAN
HERMANO
POR RAQUEL BUZNEGO (PSICOLOGA)
Vivir
para ver y ver para creer. No salía de mi asombro el memorable día, para
ellos supongo, en que entraron en la jaula. Milá y otro presentador
mostraban a los "agraciados" y describían los aspectos
técnicos del "tinglao"; micrófonos y cámaras para dar y
tomar. Esperaba, ingenua de mí, que, al menos en el baño, quedaría
preservada su intimidad, así que, cuando de lo contrario me hube
percatado, quedé con una cara de tonta que para qué contar.
La televisión es así, sin más, rastrera, morbosa y maquiavélica,
reflejo fiel de esta sociedad en que vivimos.
La gente quiere que la caja tonta deje de ser tonta para convertirse en un
pasadramas y así poder olvidar la propia mediocridad asomándose a la
mediocridad de los otros, a las miserias de los otros y a los problemas de
los demás. Y el que no se conforma con ver también puede contar, que
para eso están algunos programas, para que el idiota de turno salga en
pantalla describiendo con pelos y señales cómo le agredió el vecino,
cómo se lo montó con la querida y cómo le dieron por el...
Ya se sabe, algunos piensan que si no salen en televisión no existen. Sin
comentario.
Así que ahora tenemos más de lo mismo en versión culebrón. Un
culebrón que a Tele 5 le va a salir a precio de rastrillo, veinte
milloncejos para el mejor, o sea, para el mayor farsante.
Cada cual mostrará, al menos al principio, sus mejores cualidades, sus
dotes asertivas, pero la guerra de desgaste se hará notar y andando el
tiempo surgirán los no tan buenos instintos. Y si no, al tiempo.
Entretanto algunos espectadores comentan la gran aventura como la vida
en una comuna, andan un poco desinformados; en las comunas hay que
gestionarse la luz, el agua y la manduca. Hay que cavar el huerto y doblar
el espinazo para fumigar las patatas, los guisantes y las coles, hay que
regar y entresacar las malas hierbas, en definitiva laborar, porque
holgazaneando no hay sustento.
Aquí, en esta especial comuna, siguiendo el lenguaje de algunos, se les
da todo, no tienen más que preocuparse del papel, de su representación
tal como estimen que ha de ser. Y la verdad es que es un aburrimiento,
porque la gente espera acción, la que sea, amor o guerra, el término
medio no da para tres meses, aunque de amores, creo, estamos servidos. La
guerra ya vendrá a renglón seguido.
Así que en las cafeterías, en los corrillos, en las aulas y donde quiera
que uno esté no se escucha más que la estúpida historia de "Gran
Hermano" y luego dicen, los tertulianos, que no la ven, que algo han
oído de refilón.
Hay que hacer un serio y riguroso estudio de la psicología del
espectador. La televisión, repito, es un reflejo, ni más ni menos, de lo
que en la sociedad acontece y de lo que la sociedad quiere y, por tanto,
así estamos, en pleno 2000 disfrutando de casos y de cosas que no
enseñan sino que aletargan, que no son constructivas sino destructivas y
que no animan sino que deprimen.
Y pensar que hace dos décadas, y menos también, algunos no veían, o
decían no ver, las películas de entonces, las de Mari Sol, las de Paco
Martínez Soria o las de Carmen Sevilla por citar algunas, porque no
aportaban nada, vacías de contenido, decían, porque eran pésimas y
porque las consideraban un agravio a sus mentes cultas. Esa gente que
criticaba, además, a quienes las veían, que te llamaban estúpido a la
cara si se te ocurría decir que, a fin de cuentas, entretenían y que se
jactaban de ver solamente aquello que aportara formación y mereciera por
tanto, consideración, son precisamente algunos, o muchos de los que hoy
disparan los índices de audiencia deleitándose ante el televisor que les
ofrece programas basura, uno tras otro, sin tregua, cada vez más
despreciables y cada vez más vergonzosos. ¡Qué pena!
Entretanto podemos jugar a adivinar: ¿Cuál será el próximo programa
que televisión importe? A saber, pero también sorprenderá, sin duda.
El pueblo, queda perfectamente demostrado, necesita basura con la que
idiotizarse.
Aún más. |