Como ven el conocer lo que pasa en el mundo tiene un alto precio. Sobre
todo en ese mundo que prefiere ocultar sus vergüenzas, sus métodos salvajes, sus baños
de sangre.
La verdad sigue teniendo un precio y éste, como en el caso de todos estos periodistas, a
veces es el más caro, la vida.
Pero también es cierto que su sangre riega y alimenta el árbol de la verdad. Sigamos
luchando.

El año que terminó se cerró con un dramático record, el de
catástrofes naturales.
Pero da igual. Los países ricos no van a dejar de contaminar, nadie se pone de acuerdo y
las voces de los científicos suenan en el desierto.
La ignorancia y el egoísmo son ciegos ante la realidad.
Que lástima de planeta, de humanidad.

Y China sigue a su aire. Temida y respetada. Lo que este diario denuncia ya era sabido,
y como allí los ejecutados públicamente se suman por cientos o por miles, pues tenemos
un buen negocio a la vista.
Pero seguro que sus "amigos", los EE.UU, no dicen nada.

Y ya ven, este pobre hombre no solo vive su extraña historia, sino que
además sufre la burla de propios y extraños.
Aquí sí que se podía decir aquello de además de cornudo, apaleado.
