
La
vida es caprichosa, se van personas necesarias para crear esperanza, para
sembrar ilusión y para contagiar algo de humanidad, y se quedan muchas
veces personas que dañan, que violan, que matan y que torturan. |
|

JOSE
GONZALEZ
SANCHO
(PINFI)
POR RAQUEL BUZNEGO (PSICOLOGA)
Fue un hombre de utopías", así lo definió el párroco
que ofició su funeral. "El hombre que enseñó a pensar",
escribió E. G, Palacio en la Nueva España (15-2-2000)
Tuve la
oportunidad, la gran oportunidad, de conocerlo hace cinco años. Mi hijo
era alumno suyo por aquel entonces y cada día hablaba de él, mentaba sus
frases y comentaba sus clases. En cada argumento, en cada discusión, en
cada conversación el referente era él, su sabiduría, su hacer y su
forma de proceder.
Enraizada en mí esa admiración que solamente son capaces de suscitar las
personas singulares, las personas de vuelo superior, como diría E. Rojas,
y las personas ejemplares, decidí conocerlo personalmente.
A partir de ese momento crees y compruebas que en este mundo de estupidez,
de frivolidad, de falta de amistad, de hipocresía y de traición, son
capaces de existir y supervivir raras especies, personas de talla inconmensurable
ante cuya presencia nos sentimos empequeñecidos, personas altruistas,
personas que tienen la ilusión, ingenua en no pocas ocasiones, de que el
hombre puede retomar su cauce, perdido en aras de las sociedad del tener y
del poder. Son personas que sencilla y llanamente hacen el bien, y crees
entonces, porque necesitas y quieres creer, que su semilla necesariamente
ha de germinar.
José Gonzalo Sancho Flórez (Pinfi)
fue querido y admirado por sus alumnos, por las personas que tuvimos la
suerte de conocerle, por los internos de la prisión de Villabona, a los
que enseñó, desinteresadamente, Historia, y alentó en el difícil
discurrir de su vida y por algunos de sus compañeros.
Los alumnos esperaban su vuelta; no pudo ser. Belmonte de Miranda lo
recibió en su seno, para siempre. La vida es caprichosa, se van personas
necesarias para crear esperanza, para sembrar ilusión y para contagiar
algo de humanidad, y se quedan muchas veces personas que dañan, que
violan, que matan y que torturan. Son las paradojas de este estúpido
mundo que entre todos hemos construido y que, sin ánimo de ofender,
tolera el justo Dios de algunos.
No reirá la primavera porque en las aulas no se escuchará más su voz,
ni en los pasillos hablando con los chavales, ni en la sala de profesores,
ni en su casa. No reirá la primavera porque se ha ido un hombre ejemplar,
un hombre joven al que aún quedaban muchos años para aprender y enseñar.
Quienes han asistido a sus clases han sido afortunados, han estado en el
lugar y momento oportuno. Si quieren y a bien lo tienen seguirán su hacer
porque solamente así será posible construir una buena y auténtica
sociedad: una sociedad más humana.
Hace cuatro años,
julio del 96, en esta misma revista escribí: "En nuestra sociedad
hay sujetos como Gonzalo Sancho Flórez
que practica día a día lo que lleva reivindicando muchos años, que
tiene conciencia de trabajador, que ni tiene ni busca problemas con sus
alumnos, que les enseña a reflexionar, que es tolerante, que es humano y
que presta ayuda a los marginados".
Fue el profesor querido, el profesor admirado, el profesor cuestionado, el
investigador, el pensador, el escritor, pero, sobre todo, fue una
excelente persona, ejemplo que deberíamos seguir todos cuantos lo hemos
conocido.
Ha sido una gran pérdida, una pérdida irreparable. Pinfi
se ha ido para no volver y el mundo seguirá rodando sin su presencia
pero, sin duda alguna, muchos le recordarán con afecto y admiración, su
obra debe ser recordada y retomada por hombres y mujeres de buena voluntad
y franca humanidad. En mi caso y en mi casa seguiremos pensando en él
como modelo de conducta.
Y los modelos de conducta, si uno quiere, jamás nos abandonan.
Es un
consuelo. |