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El verano es un buen momento para llevar a cabo maniobras varias que busquen pasar lo más desapercibidas que sea posible.

Ventana Nacional

LA FACTURA DEL VERANO

Menos mal que existe septiembre. La modorra de los calores del veranillo cañí llegan a su final por este año. Agosto siempre es un mes un poco fantasma. Entre las vacaciones, los sobresaltos del tráfico, las fiestas patronales, las procesiones, los festivales de música, el eclipse, y el mambo nº 5, el mes se nos pasa sin enterarnos. Por eso es un mes tan interesante, porque la mayoría del país está bajo los efectos narcóticos del verano y tiene menos capacidad de reacción -si cabe- que el resto del año. Buen momento, pues, para llevar a cabo maniobras varias que busquen pasar lo más desapercibidas que sea posible.

Veamos. En octubre hará un año que le echaron el guante al Sr. Pinochet, venerable ancianito enfermo que tiene sobre sus espaldas uno de los capítulos más sangrientos de la historia de Hispanoamérica. Después de estar casi doce meses mareando la perdiz, parece que se acerca el esperado momento de la extradición. Digo que parece, porque hasta que no lo veamos con un pie en la Audiencia Nacional y el otro en la trena, no nos podemos creer nada de nada. Pero hete aquí que es verano, y al calor de agosto florecen sin rubores una serie de personajes que se arman de almohadones de plumas para amortiguarle en lo posible la caída al dictador. Así, los contactos con el gobierno español para lograr el deseado "arbitraje amistoso", han sido y están siendo escandalosos. Ambas partes tantean el terreno buscando arreglar el pleito bajo la mesa y con apretón de manos, y aquí no ha pasado nada. Desde la ministra de Justicia, Margarita Mariscal de Gante, hasta el ministro de Asuntos Exteriores, Abel Matutes, pasando por Eduardo Fungairiño, fiscal jefe de la Audiencia Nacional, y Jesús Cardenal, fiscal general del Estado, dos "joyas" que han dado sobradas muestras de apoyo incondicional al ex dictador; una postura, por cierto, opuesta a la que mantiene en Londres el Servicio de Fiscalía de la Corona. Son actitudes propias de una derecha extrema, que como bien se ha recordado estos días, una vez más, no tiene siglas propias, lo cual no quiere decir que no exista y que no acampe a sus anchas, a la sombra de un gobierno que alardea de su posición de centro-derecha. El caso es que viendo el cariz que toman los acontecimientos, ya se está preparando el terreno para que sea Gran Bretaña el país que inicie un proceso contra el ex dictador si finalmente España retira la solicitud de extradición.

Desde luego, sería una pena. Pues todo esto sucede en un mes en el que el país sobrevive bajo mínimos, bastante más preocupado por otros asuntos de interés nacional, como por ejemplo las medidas del "instrumento" del conde Lecquio, que dicen que ha sido lo más apabullante del verano.

Quizás esos que le sonríen al viejo dictador, son los mismos que han hecho la limpieza en Onda Cero y se han llevado este mes por delante a Julia Otero, junto a otros profesionales de la misma cadena menos famosos que ella, pero que también han caído con la llegada de la nueva directiva. Fue agosto el mes elegido para hacerles la liquidación, y de paso para llamarnos gilipollas y tontos de remate a todos los españoles que buscamos esos programas "elitistas", un adjetivo que ha sido esgrimido casi con violencia, como un insulto, como si pedir calidad fuese una tara que hay que esconder. A lo mejor, cuando vengamos a darnos cuenta, nos encontramos con que los medios de comunicación estarán acaparados por grupos claramente ideologizados que tamizan la información y orientan la opinión en nuestro país. Pero el golpe de gracia es siempre el último de una lista más larga. Lo sucedido en Onda Cero son las muestras visibles de un cáncer que nadie se está preocupando por atajar. ¿Cuáles pueden ser las consecuencias en un futuro? Quién lo sabe, pero serán graves, seguro, porque una democracia joven e inmadura como la nuestra, no puede crecer recta con estas "podas" fascistas.

Pero lo que sí llega a la gente, porque toca al bolsillo directamente, es el subidón de la bombona de butano. Qué bestias, casi doscientas pelas. También a mediados de agosto, con poca audiencia, para que se sepa poco que desde que en abril el gobierno empezó a decir que quería que bajase el precio de los combustibles, butano en particular, no han hecho más que subir: más del 35% en cuatro meses. ¿Qué es lo que se les está yendo de la manos? ¿Es necesario que quienes lo paguen sean los diez millones de familias españolas que lo utilizan? ¿Son estas las consecuencias de la liberalización del mercado de las gasolinas y el butano? En septiembre ya estará olvidado.

Pues estas y otras preguntas se plantearon este final del último verano del siglo. Esperemos que con septiembre lleguen las respuestas.
Y la cordura. / C.F.

 

   

   
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Última revisión: abril 07, 2011. 
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