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CONTRAPUNTO

 

 

Son capaces de sacarle los colores al establishment, que ya es un logro. No pueden menos que admitir la burla: Touché, a regañadientes, cabreados y tirándose de los pelos, pero touché.

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LOS NUEVOS PICAROS
POR CAROLINA FERNANDEZ

Viajeros errantes, ingeniosos y desvergonzados. Pícaros de la red. Los hay que cometen fechorías y se escapan elegantemente de la justicia -a veces-; otros se devanan los sesos buscando el timo perfecto, la jugada maestra para darle el jaque a alguna super empresa y sacarle unos dineros. Aunque lo mejor es la estocada en el corazón utilizando las armas del contrario, es decir, sin salirse del sistema, absolutamente dentro de la legalidad. Una faena impecable.

En cualquier caso, se conforman con el orgullo personal de haber desvirgado páginas web intocables, o de haber metido las narices en donde se supone que nadie puede meter las narices, superando todos los impedimentos, saltándose todos los cerrojos que protegen un secreto, husmeando en lugares prohibidos y largándose sin dejar huella. Bromas inocentes o timos millonarios. La red sólo pide un ordenador y una cabeza para manejarlo.

La gente tiene una confianza ciega en las cosas de Internet. Piensa que tener un secreto enchufado a un ordenador, es un secreto. Piensan que tienen un página inviolable, apartada de los lascivos malhechores por un invisible cinturón de castidad, y cuando se vienen a dar cuenta la página ya está más sobada que el cabezón del Apóstol Santiago en pleno año santo. Y no hay manera. Lo que más me fascina de estos individuos es que son capaces de sacar de quicio a los que nunca se inmutan, sacarle los colores al establishment, que ya es un logro. No pueden menos que admitir la burla: Touché, a regañadientes, cabreados y tirándose de los pelos, pero touché.

Lo confieso: me encanta. Desde mi ignorancia internetil, me lo paso pipa enterándome de las jugarretas cuando salen en la prensa. Las hay inocentes, como la última de Aznar, que ya conocen: nuestro presi dotado de una generosa cornamenta vikinga, y una frase-pataleo con el famoso estribillo "España va bien".
Una infantilada, dijeron algunos medios de comunicación, queriendo quitarle hierro a la gamberrada; otros hicieron comentarios bastante más airados, pelín pasados de la raya, porque al fin y al cabo no apuñalaron a nadie. No es nada que no pintarrajee cualquier chaval ocioso en los carteles electorales, acompañándolo, además, de un par de obscenidades tope guarras para animar la lectura.
Y mucha gente -no me siento sola- creo que se rió a gusto con la hazaña. Y no por la pintada en sí, que era simplona, sino por lo que tiene de desafío, de provocación, de afrenta. Y el mensaje: nada es intocable.

Hay otros que se dedican a escudriñar los mil y un recovecos de la red para buscarle las cosquillas y encontrar agujeros en los que nadie se había fijado antes. La prensa, que enseguida encuentra nombres para todo, los ha llamado ciberokupas. La maniobra es genial. Están agazapados, estudiando la actualidad en busca de una víctima para la okupación, que puede ser, por ejemplo, una marca, una empresa, una sociedad. Si por casualidad no han registrado aún su página web, el okupa se la queda. La compra por una cantidad de risa, y si la operación es buena, se sienta en el sofá de su casa con la oreja preparada para escuchar ofertas. La jugada está dentro de las normas.

Hace pocas semanas, un estudiante turco de 26 rastreaba con interés las noticias sobre la posible fusión de dos multinacionales. Antes de que saltase la noticia de la unión definitiva, este espabilado ya había registrado el nombre que previsiblemente tendría la página de estos dos gigantes. Bingo. Dio en el clavo. Nadie cayó en la cuenta de ese pequeño detalle. Cuando se dan cuenta, alguien, en algún lugar del mundo sea Bora-Bora o Groenlandia, se está desternillando a costa de la incompetencia de una gente tan competente, y se frota las manos ante la perspectiva de una venta millonaria.
Pues enhorabuena por el golpe, muchacho. En este caso concreto se trataba de una multinacional del petróleo a la que, particularmente, no me importaría sangrar. Así que quien pueda, adelante, que no se corte. Una mega empresa como esa siempre se levanta sobre pilares más bien poco respetuosos con el ser humano. La carrera salvaje por crecer más y ganar más, deja millones de víctimas anónimas en todo el planeta. La riqueza de pocos es la pobreza de muchos. Por eso, aunque no sea más que una pequeña estocada, me parece realmente estupendo que alguien pueda abrir una pequeña brecha en la panza del gigante y sacar algo de provecho.

Internet tiene algo fascinante: se ha cargado las jerarquías, así, de un plumazo. Antes, los golpes de nivel estaban reservados a los cacos de nivel, de las altas esferas, que son los que tienen acceso a los botines suculentos sin que les apremie el temor de ir a dar con sus huesos a la cárcel. A partir de Internet, un adolescente a medio hacer, desgarbado y con espinillas, puede convertirse en una pesadilla para la CIA sin moverse de su dormitorio, en un pisito de Carabanchel. Desde luego es un gustazo.

 

   

   
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Última revisión: abril 07, 2011. 
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