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EL ARBOL DEL BUHO

 

 

 

Si quieres caminar hacia mañana debes aprender a vivir hoy, sin compararte a los demás, porque cada hombre tiene su propio camino.

 

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CUENTO INDIO IV:
HOMBRE SILENCIO
POR ELENA G. GOMEZ


El gran Jefe Lobo Audaz le gustaba sentarse delante de la puerta de su tienda y contemplar el movimiento de los hombres y mujeres de la tribu.
Desde su privilegiada posición tenía una vista total del poblado, lo que le permitía estar enterado de todo cuanto sucedía en su pueblo: necesidades, preocupaciones y disputas eran conocidas y controladas. Nada se le escapaba.
Los años habían pasado muy rápido desde aquella mañana en la que había tomado las riendas de la tribu. Habían sido unos años intensos en los que había pasado de todo, años de prosperidad con otros de escasez, pero se sentía orgulloso porque la tribu nunca lo había pasado mal.
Ahora se encontraba ante una difícil decisión: buscar su sucesor.

Y esta sucesión debía realizarse con la aprobación de todos los ancianos sabios de la tribu. El candidato podía ser cualquier joven que hubiera demostrado valentía, inteligencia, decisión y, sobre todo, un profundo amor y respeto a la Tribu.
Había buenos candidatos, pero él sabía que había uno especial, uno que le decía su corazón, pero tenía un problema, dudaba de que la tribu lo admitiera porque llevaba muchos años sin hablar.
El jefe Lobo Audaz conocía bien el interior de Hombre Silencio, sabía leer en sus ojos desde que de niño, cuando su padre marchó de la tribu, perdió su voz.

Hombre Silencio había sido un niño distinto a los demás, había estado apartado de la tribu, pero Lobo Audaz sabía que en su corazón había más amor que en ningún otro y que nunca se separaría ni traicionaría a la tribu.
Ahora tenía que hacerle comprender que tenía que cambiar, tenía que borrar el pasado y comenzar una nueva etapa de su vida.

Lobo Audaz se retiró al interior de su tienda y llamó al joven Hombre Silencio y le habló así:
"Joven Hombre Silencio, la tribu necesita ya un sucesor que cuide de todos y lo haga con serenidad, con valentía y con amor, mucho amor.
Yo sé, pues así me lo dice mi corazón, que tú eres el hombre que nuestra tribu necesita, pero para ello debes romper tu silencio porque, por mucho dolor que tenga tu corazón, no debes vivir con la carga del pasado. Ahora retírate dentro y escucha la respuesta que vive en tu interior".

Hombre Silencio salió de la tienda del Jefe sin pronunciar palabra y subió a la montaña. Llegó a un lugar oculto con un manantial de agua pura y transparente. Encendió un fuego para la noche y, cuando llevaba un tiempo sentado junto a él, un pájaro que por allí pasaba dejó caer una pluma dorada que se depositó a su lado. Por primera vez en su vida se sentía completo, había encontrado a los amigos que siempre había buscado.

Durante tres días y tres noches Hombre Silencio permaneció sentado en concentración hasta que escuchó una Voz clara que le decía:
"Pasado y futuro no pueden estar juntos en el mismo espacio, así que debes elegir si deseas vivir prisionero de algo que fue y que ya nunca volverá a repetirse o si prefieres, por el contrario, construir un nuevo futuro.
Si quieres caminar hacia mañana debes aprender a vivir hoy, sin compararte a los demás, porque cada hombre tiene su propio camino.
Hay hombres que caminan al Norte para encontrar su fuerza, otros que prefieren la calma y la tranquilidad y se dirigen hacia el Sur, pero sólo los valientes hacen el camino más difícil, el que está en su interior.
Cada hombre debe construir su propio camino y debe hacerlo momento a momento, llenándose de confianza y de observación, porque el que observa la vida aprende a moverse en ella.
Existen muchas dificultades en la vida, pero tienes que enfrentarlas con valor, y las heridas, por profundas que sean, hay que caminar por encima de ellas.
Cada fracaso tienes que transformarlo en una enseñanza, porque quien es fuerte dentro sabe remontarse por encima de toda dificultad.
Llena tu vida de sensibilidad, mira en el interior de los ojos de las personas y en ellos verás su verdad".

Hombre Silencio descendió al poblado y cuando llegó a el reunió a todos y con voz clara y firme dijo: Hace días partí de vuestro lado como Hombre Silencio, ahora regreso a vosotros como El que Escucha la Voz.
Desde hoy mi corazón estará dispuesto a compartir su interior y nunca nada más me separará de vuestro lado".
Y dicen que El que Escucha la Voz siempre fue leal y valiente, y enseñó a otros a escuchar su propia voz.

 

   

   
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Última revisión: abril 07, 2011. 
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