
Hoy que todos tenemos las fachadas
llenas de cables, algún árbol difunto, alguna huerta inservible por mor de sus tendidos
y muy pocas posibilidades de poseer acciones, van y la privatizan, dicen que para hacerla
rentable, para que sea competitiva. Y el buen ciudadano se tiene que olvidar del expolio y
la intromisión. |
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LA COMPAÑÍA
POR JOSE ROMERO SEGUIN
Muchos
de los que hoy pintamos ya alguna cana, tuvimos cable antes que teléfono, y nunca
conocimos a una Matilde que tuviera acciones. Guardamos, eso sí, memoria de aquellos
Garicuper de funda color falange y con el nombre de la Compañía bien rotulado en la
pechera. Pertrechados con su ancho cinturón de cuero multiusos, del que colgaban
destornilladores y alicates de empuñadura recubierta de plástico anaranjado. Con sus
robustas escaleras plegables, perfectamente barnizadas y enceradas, que se desplegaban y
plegaban con sorprendente suavidad. Obreros de casco largo y mirada corta como Guardias
Civiles, que un día aparcaban su Renault-4 a la puerta de casa y te cruzaban la fachada
con un cable avaricioso y negro como una noche antártica, un cable con toda la pinta de
tubo de desagüe, que se tragaba aleros, dinteles de puertas y nidos de golondrina.
Obreros del Estado, funcionarios del cable, que a la menor te miraban desde su escalera y
te decían aquello de "somos de telefónica", como si no se viera, como si uno
pudiera equivocarlos con un deshollinador, o un remienda fachadas. Eran así, chulos como
la Compañía. Si en su camino se interponía un frutal, mala suerte para él, se talaba y
luego ya se vería; y si eran veinte también, que para eso ellos eran un servicio
público. Y era cierto, pues pocos eran por entonces los que podían disfrutar de él en
casa, los demás al locutorio cutre de cualquier vecino, donde la intimidad estaba
asegurada sólo por la propia intrascendencia de lo que se decía. Lo demás era tan
público como el servicio que la buena de la compañía prestaba.
Hoy que todos tenemos las fachadas llenas de cables, algún árbol
difunto, alguna huerta inservible por mor de sus tendidos y muy pocas posibilidades de
poseer acciones, van y la privatizan, dicen que para hacerla rentable, para que sea
competitiva, y no sólo eso, liberalizan el servicio, es decir deja de ser público para
convertirse en privado. Y el buen ciudadano se tiene que olvidar del expolio y la
intromisión, para alegrarse pues por fin va a tener competencia el gran monstruo, y con
ello se supone que una bajada de las tarifas. Ingenuidad de ingenuidades, pues hoy la
compañía se ha deshecho de aquellos enigmáticos curritos de mirada dura y gesto altivo,
hoy subcontrata Empresas que le hacen el trabajo en la calle a golpe de la nueva modalidad
de contratos basura. Hoy la compañía ya no va de dura, va sencillamente de trilero,
mostrando de forma tan obvia la carta que a uno no le cabe en la cabeza de que lo puedan
confundir, pero es así. La fórmula está en la diversidad, o sería mejor decir en la
confusión: tienes para los móviles un catálogo interminable de tarjetas y tarifas;
tienes por horas y minutos; tienes planes claros y oscuros, provinciales, de andar por
casa; tienes como en un baratillo mil retales del mismo precio valor, pero de distinto
valor y color para que puedas elegir. Con unos te regalan el teléfono y te cobran las
tarjetas, con otras te cobran el teléfono y te regalan la tarjeta. También puedes elegir
opciones para empresarios, o como se dice ahora, para profesionales y así hasta morirte
de asco y rabia, porque sabes que al final te la están dando.
Llegan en su desfachatez hasta el extremo de no cortarse a la hora de
anunciar su capacidad de crear confusión, y lanzar un anuncio o espacio publicitario en
el que una joven desquiciada ante la transparencia y sencillez de las ofertas, acude a una
vidente para que ésta le haga luz sobre semejante laberinto y le pueda ella elegir la que
más le convenga. En este anuncio volví a ver la mirada dura de aquellos cruzados obreros
de antaño, es decir, el descaro, el si no quieres como si quieres, si la Compañía se ha
vuelto a vestir de azul y ha dicho aquí estoy, pasa algo. Pero qué va a pasar, son un
servicio público, te mandan una factura donde te especifican al detalle por qué te
cobran cuando hablas y cuando no hablas. Y no sólo eso, es competitiva, ágil y super
diversa, en fin una coña.
Además para que no quede ninguna duda de su modernidad y adaptación a los nuevos
tiempos, han fichado a un delantero de lujo, el hombre del cable de la Europa de los
Pueblos, de origen alemán y de nombre enrevesado y con ciertas connotaciones peyorativas
si se pronuncia mal, por lo que me voy a cortar. Un Ronaldo a decir del Presi de la
Compañía, y aquí nos tienes a todos hoy a la defensiva, y mañana bajo los cuatro
palos, esperando un balón multidimensional disparado a través de un cable de fibra
óptica que no vamos a saber por dónde se nos va a colar en nuestro remendado y exiguo
presupuesto. |