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Los grandes avances que experimentan todos los órdenes de la medicina en los últimos años, han contribuído a aumentar espectacularmente la longevidad en los países desarrollados. Los tratamientos se perfeccionan y se multiplican las posibilidades de curar lo que hasta hace poco se consideraba incurable. Pero todo este vértigo de avances implica un riesgo que se nombra poco: olvidar que el paciente no es sólo un cuerpo enfermo que necesita cuidados, sino un ser humano integral que busca recuperar su bienestar a todos los niveles. El reto de la medicina del siglo XXI será combinar todos los avances científicos y tecnológicos con el trato humano. La persona antes que el enfermo, esa es la nueva filosofía. "Los medios científico-técnicos están consiguiendo efectivamente el alargamiento de la vida, aunque a veces a costa de unas condiciones de vida poco deseables. Por tanto, empieza a ser un objetivo de interés para la ciencia médica la calidad de esa vida ganada, es decir, no tanto los años de vida que se logran, sino cómo se consiguen vivir", explica el doctor asturiano Juan Antonio Fernández-López.
La preocupación por la calidad de vida surge por vez primera en los Estados Unidos, donde la sanidad no está integrada dentro de un sistema público, sino privado, y donde el usuario, como consumidor que paga la asistencia, siente la necesidad de exigir y de participar en el proceso de su propia recuperación. En Europa, este movimiento enraíza en los países nórdicos, Alemania a la cabeza. A nuestro país tarda más en llegar la nueva corriente. La primera vez que se oye hablar de Calidad de Vida es en un congreso científico en el año 86, aunque el concepto no se incorpora realmente hasta principios de los 90, cuando grupos de profesionales -sobre todo en Asturias y Cataluña- se ponen a trabajar en la adaptación de métodos de medida de la calidad de vida a la realidad cultural española: "No sólo se trata de traducir los instrumentos de medida -cuestionarios- de una lengua a otra, sino de adaptarlos al sentido de cada pueblo. Es un proceso difícil y lento, porque los sentimientos de una cultura no coinciden con los de otra". Por este medio se hace posible la moderna tecnología comunicativa de la calidad de vida, que en definitiva recoge, de forma fiable y válida, la opinión del paciente para contar con ella a la hora de tomar las decisiones clínicas. Para hacer esto posible, confluyen en este campo diversas disciplinas, no sólo la psicología, la antropología, la psicometría y la medicina, sino también la economía, importante para calcular los costes de las intervenciones y optimizar los recursos, facilitando, así, la toma de decisiones de los políticos o de los planificadores. EEl reto de la medicina del siglo XXI será combinar todos los avances científicos y tecnológicos con el trato humano. La persona antes que el enfermo, esa es la nueva filosofía.
El hecho de la menor estima que tienen las mujeres de su calidad de vida puede deberse a factores sociales, como la desigualdad de oportunidades. Ahora bien, no debemos olvidar otro aspecto, descrito por la filosofía, que considera la psicología femenina más sensible a las señales del cuerpo que la psicología masculina. "Es un hecho notorio que el cuerpo femenino está dotado de una sensibilidad interna más viva que el del hombre, esto es, que las sensaciones orgánicas intracorporales de los hombres son vagas y como sordas comparadas con las de la mujer. La relativa hiperestesia de las sensaciones orgánicas de la mujer trae consigo que su cuerpo exista para ella más que para el hombre el suyo. Los varones, normalmente, olvidamos nuestro hermano cuerpo". Por esta razón, refleja más el deterioro y los problemas de bienestar. En lo tocante a los cambios en la calidad de la vida relacionados con la edad resulta que hasta los 15 años (infancia), se registran puntuaciones muy altas, que descienden cuando el joven toma plenamente contacto con el mundo exterior. Más tarde, entre los 30 y los 45 años y coincidiendo con la estabilidad familiar y laboral, vuelven a ascender los niveles de calidad alcanzando los valores más altos de la vida, para después descender paulatinamente. PPara hacer la evaluación de la calidad de vida, lo primero es recoger fielmente la opinión del paciente, preguntarle cómo se encuentra y cómo puede desarrollar sus actividades, cómo percibe su situación vital en todos los órdenes, etc.
Para hacer la evaluación de la calidad de vida, lo primero es recoger fielmente la opinión del paciente, preguntarle cómo se encuentra y cómo puede desarrollar sus actividades, cómo percibe su situación vital en todos los órdenes, etc. Las preguntas se presentan de manera estructurada y estandarizada en forma de cuestionarios que el enfermo debe rellenar. Teniendo presente sus respuestas, el médico está incorporando a su trabajo diario un concepto de salud mucho más amplio que el tradicional bienestar físico. Se aborda un enfoque global del individuo que comprende, por igual, el bienestar y las capacidades de actuación en las tres esferas de la vida humana: la física, la psíquica y la social. Hoy por hoy, pocos centros médicos en España evalúan sistemáticamente los resultados de sus intervenciones en términos de calidad de vida; sin embargo, confiamos que la importancia y el interés creciente del tema, así como el esfuerzo continuado de diferentes equipos de investigación en nuestro país permitirán en un futuro próximo acercar esta tecnología comunicativa a la mayoría de la población./ C.F. Más información sobre el tema puede encontrarla el lector escribiendo a la dirección electrónica: correo@pecvec.es o en la página Web: http://www.pecvec.es |
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