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Nucleares: otro aviso más

 

La energía nuclear es algo demasiado delicado como para que lo maneje la raza humana.

 

 

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NUCLEARES: OTRO AVISO MÁS

Por esta vez, vamos a empezar con lo que debería ser la conclusión: la energía nuclear es algo demasiado delicado como para que lo maneje la raza humana. Y que nadie se ofenda, por favor, pero basta ver las evidencias. Para estas cosas, el hombre es un manazas, un elefante borracho en una cristalería. Pretender manejar algo tan delicado como el poder del átomo es como querer tocar el violín con pezuñas de burro, que son unos bichos muy majos, pero que lo tienen francamente difícil para el virtuosismo musical. En fin, que mejor lo dejamos, o lo aplazamos, hasta que los hechos, la historia que está por venir, demuestre que por fin, hemos madurado, que nos hemos hecho mayores y que ya estamos preparados, ya no para jugar con fuego, sino para manejarlo con consciencia y con inteligencia, y por supuesto sin chamuscar lo que se nos ponga por delante y sin hacer saltar por los aires nuestro propio planeta, que ya es el colmo. Como de momento falta sensatez a toneladas, mejor nos conformamos con el quimicefa de nuestra infancia y practicamos tranquilamente sin causar catástrofes.

El último desastre nuclear, el de Tokaimura, en Japón, lo ha dejado claro una vez más: no se trata de un problema tecnológico, sino humano. Aún suponiendo, que es mucho suponer, que estemos preparados para disponer de la energía atómica sin riesgos, seguiríamos estando en la cuerda floja. La respuesta humana es impredecible. Nunca se puede asegurar, por muchos protocolos internacionales que se firmen, por muchas normativas que se establezcan, que el técnico que maneja no haya tenido un mal día, o sea un despistado compulsivo, o haya copiado en el examen que le dio el puesto, o haya reñido con su mujer la noche anterior, o que quizá sea un psicópata -que los hay, a puñados- deseoso de provocar el fin del mundo antes de tiempo. Cualquier cosa que se nos pueda ocurrir es posible. Y es cierto que podríamos decir lo mismo de los conductores que todos los días salen a la carretera, o del médico de guardia, pero recordemos que sólo Chernóbil provocó 10.000 muertos, según la OMS, sin contar con los miles de personas que padecen cáncer, leucemia o deformaciones como consecuencia de la radiación. No hacen falta más explicaciones.

La energía nuclear es indomable. Y cometemos demasiados errores en un tema que no admite ni uno sólo. Ahora el mundo occidental se lleva las manos a la cabeza porque las centrales nucleares de Japón se saltaban a la torera todas las normas de seguridad, manejaban el plutonio con la misma alegría que un carnicero se desenvuelve con una mortadela con aceitunas. La planta de Tokaimura no había previsto un plan de actuación en caso de desastre. Su única protección eran las vallas que la separaban de la calle. Exteriormente ningún indicativo informaba de que era una instalación nuclear. Estaba rodeada de un centenar de viviendas, un colegio y locales comerciales. Según los expertos que investigaron a posteriori, esta empresa se saltaba sistemáticamente todas las normas de seguridad. Los operarios manejaban manualmente el uranio enriquecido, en vez de utilizar maquinaria específica. No fue un accidente: fue una estupidez. Un obrero transportaba uranio en un caldero, así de simple.

Claro, el resto del mundo se escandaliza. El programa nuclear de Japón parece que es más arcaico que el troncomóvil, comparado con los avances de occidente. Esto lo dicen los países de occidente, por supuesto, los mismos que hace pocos meses se hacían los remolones a la hora de pagar para poder cerrar la central de Chernóbil en condiciones, los mismos que saben que toda Rusia es en sí misma una bomba nuclear, que son conscientes de que con la disolución de la URSS el tema nuclear ha quedado a la deriva, como un islote engorroso del que nadie se preocupa. Los países de occidente saben que los submarinos nucleares abandonados se oxidan en los helados mares del norte, y no hacen nada por evitarlo. Saben que los residuos radiactivos han estado vertiéndose en el fondo del mar y han sido cubiertos con toneladas de cemento que no durará eternamente. Saben que entre las ex repúblicas soviéticas el tráfico de plutonio es casi tan habitual como el de tabaco rubio americano. Saben, en fin, muchas cosas, y más que no habrán llegado a los medios de comunicación, y sin embargo no mueven un dedo más que para llevárselo a la sien y decir "estos japoneses están locos". Tokai-mura es un aviso, uno más, de que aún no sabemos jugar con fuego./ C.F.

 

   

   
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Última revisión: abril 07, 2011. 
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