
Su violencia amedrenta, el vacío de
sus mentes, entristece. Sus cabezas, al margen de rapadas, son pequeñas, o así parecen
por lo que dejan traslucir de su contenido. |
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COSAS
DE JAZZ
DIFERENTES TEXTURAS DEL MISMO PELIGRO
POR JUANMARIA GARCIA CAMPAL
Pensando estaba, no creo
yo que en voz alta, sobre esta especie de pringosidad mediocre que se está instalando
entre nosotros a base de purezas étnicas, nacionalismos de boina, quintaesencias
patrióticas y otras amargantes zarandajas disfrazadas de valores eternos y elevados
ideales, cuando Jazz enviándome una triste mirada desde sus ojos tostados y hermosos,
comenzó a hablarme y comencé yo a grabarle, que es como ahora recojo sus dictados, por
no perderme el goce de sus rabazos, arqueos de cejas, amagos de cabreo y ladridos de
diverso tono. Me dijo así: "Qué nos vas a contar a los de mi raza de ardores
guerreros. Qué de amores patrios y otras insanas purezas, qué a nosotros mejores amigos
del hombre y también sujeto más socorrido para la humana patada y gratuita crueldad,
qué a mí que amén de perro, luzco el negro. Su violencia amedrenta, el vacío de sus
mentes, entristece. Sus cabezas, al margen de rapadas, son pequeñas, o así parecen por
lo que dejan traslucir de su contenido. Proclaman, incapaces de reflexionar adecuadamente,
la lógica simplista de: a grandes males, grandes remedios. Por descontado los grandes
males no los sufren ellos y, por supuesto, sus grandes remedios sí lo serían, porque
así seguramente nivelarían alguna oculta deficiencia además de la cerebral. Se nutren
donde mayormente siempre lo hicieron, en donde bien comidos se sienten prietas las filas y
donde no habiendo más horizonte que la propia nariz, bizquean entreteniéndose de sus
carencias con la imaginación puesta en coronar equipados de estandarte montañas nevadas.
En fin, lamentable, pero real y cierto como la historia misma. Ahí tenéis, tenemos, de
muy diversas formas, a veces, confesadamente, a través de un chiste, un comentario, una
actitud, que pasa casi desapercibido, cosas de Fulano, pero que poco a poco, suave y
peligrosamente se va instalando en vuestra conciencia colectiva, porque en principio no
será necesario que todos lo ejerzan, porque, en principio, a lo peor, vale con que no se
condene, con que no se censure moral y legalmente, con que se permita en nombre de la tan
traída tolerancia, sin que pensemos, penséis, que ésta es hermana menor de la libertad
y que no es tal aquella que ataca, por disimuladamente que lo haga, la dignidad y los
derechos de todos y cada uno de los hombres, del género humano.
Y a lo mejor estoy yo hoy muy subido de tono, pero ¿que hay realmente
detrás de un chiste de "negros"?, y ¿qué encierra el vocablo
"moro"?, y ¿los gitanos?, y... Sin ir más lejos. No hace un mes aún que en la
ciudad de León, a un ciudadano con trabajo, con contrato que incluso llegó a enseñar,
se le negó el alquiler de un piso porque era gitano. Dispuesto estaba a pagar un año por
adelantado. Ni así. ¿Racismo? ¿Fascismo? Qué más da el ismo. No son diferentes
texturas de la misma mierda humana, del mismo peligro para la libertad y la democracia.
Pero cómo es que comienza a aparecer manifestada en nuestros jóvenes,
muchos de los cuales ya han nacido, crecido, se han formado y desarrollado en el período
más largo de libertades públicas que ha vivido este país, España, en los últimos dos
siglos. Quién es, quiénes son, los responsables de esta peligrosa locura.
Algo tendréis que ver todos digo yo, y quizá en esta culpa social quede bien aquella
fórmula religiosa y sea vuestra responsabilidad bien por obra, o por palabra o por
simple, pero no inocente, omisión. En estas cosas es en las que no vale mirar para otro
lado. Os estáis jugando mucho más de lo que a simple vista parece.
En realidad, ahora que me atrevo a decir que lo pienso, no hay tanta
diferencia entre ustedes los humanos y nosotros los canes, y la que hay juega a favor de
mi tesis, es decir, en contra de algunos de ustedes. Y todo viene del aprendizaje.
Nosotros más primarios, aprendemos por estímulos y castigos, ustedes por imitación. Y
aquí creo que he puesto el dedo en la llaga. Cuando un padre, por lo tanto ya mayorcito,
44 tacos, de un jugador de fútbol de la categoría cadete, agrede a la árbitro de 16
años y le da tal paliza, patadas incluidas, que le provoca desgarro de un ovario,
contusiones en la cara y el cuerpo, hematoma en un ojo y posible lesión de menisco,
¿qué se puede esperar del que enseña ciencias o artes de las que entiende poco? Pues
que sea zancajo o zancarrón. Con tales padres, fascistas por su comportamiento, qué
fabricamos, fascistas. Y si nos metemos en harinas de políticas nacionales o listas para
qué queremos más. Que no me dices amén, te chamusco el almacén, que fue un vasco el
que quemó, vasco de en medio me quito yo. Y así, con silencios cómplices, medias
verdades y silenciosas llamadas a la sinrazón, se va atizando el fuego que quema la
razón. ¿Tolerancia? Sí, de todo aquello que la merezca porque la da y la practica. Lo
contrario no es tolerancia es jugarse la libertad por nada. Pero, en fin, ustedes sabrán
que son más listos que yo, que apenas si ladro un poco no sin antes darme un poco a la
reflexión."
Y ladró Jazz, y se echó a mis pies, y soñamos un mundo que estaba al revés. |