
Hay médicos realizando trabajos que
no tienen nada que ver con su competencia, hay abogados en paro y hay periodistas
vendiendo seguros. Y esta gente no va a poder, jamás, demostrar que vale y que sabe,
porque no va a tener la oportunidad de demostrarlo. |
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LOCOS POR EL TRABAJO
POR RAQUEL BUZNEGO (PSICOLOGA)
No puedo pensar en otra
cosa que no sea el trabajo, tengo miedo a cometer un error, reviso y repaso, odio la
inactividad, el conformismo y la irresponsabilidad y no puedo permanecer tranquilo cuando
en una reunión he de exponer y lógicamente, en muchas ocasiones, convencer.
Es el argumento y el sentir del hombre agobiado y estresado por el trabajo. No tiene
tiempo para nada y tampoco quiere tenerlo. Cuando lo tiene piensa en los próximos
proyectos, en las reuniones y los objetivos y, además de pensar, lleva el trabajo, si
acaso, a casa.
Los triunfadores, dice E. Rojas, son los que se divierten con el trabajo. También dice:
"Trabajar con amor es lo más inteligente, haciendo de la profesionalidad una
actividad experta que nos lleve al progreso personal" (Rojas E. La ilusión de vivir,
Temas de Hoy, 1998)
Pero en la vida hay de todo: triunfadores, fracasados, luchadores,
conformistas, etc. El panorama es variado con mil intensidades y con mil matices.
El triunfador lo ha ganado a pulso, algunas veces, no siempre; otras veces han sido las
circunstancias, las oportunidades y, para qué engañarse, la familia y las amistades.
Enrique Rojas, y su forma de ver la vida, es una necesaria inyección de optimismo, de
renovación de las esperanzas y de motivación, pero sin duda alguna, desconoce algunos
estratos sociales, desconoce las desventajas del hombre que lucha, del hombre que se
prepara y del hombre que cansado de tanta injusticia y tanto enchufismo tira la toalla
porque la vida le ha demostrado que no va a llegar a ninguna parte.
En nuestra sociedad, una sociedad en crisis, una sociedad idiotizada
por el materialismo, una sociedad carente de valores que no sean el propio individualismo
y el propio crecimiento a costa de lo que sea, hay médicos realizando trabajos que no
tienen nada que ver con su competencia, hay abogados en paro y hay periodistas vendiendo
seguros. Y esta gente no va a poder, jamás, demostrar que vale y que sabe, porque no va a
tener la oportunidad; y no la va a tener porque con la rentabilidad económica hemos
topado.
E. Rojas tiene la oportunidad de escribir en publicaciones varias y
todo el mundo estaría encantado de contar con él en su periódico o revista, porque es
conocido y porque, sin duda, contribuye a la venta. Otros desconocidos podrían decir lo
mismo, contar lo mismo y aconsejar lo mismo, pero nadie les va a escuchar porque todos no
caben, y si no caben todos sólo caben los importantes.
Hoy, si no conoces a nadie que te brinde alguna oportunidad, sencillamente no eres nadie.
Hay que luchar, hay que estudiar, hay que renovarse y hay que construir un proyecto de
vida al cual encaminarse, pero no sólo eso asegura el éxito. El éxito es algo que se
consigue como resultado de muchas variables y no todas son controlables por todos.
Y volviendo al tema con el que hemos comenzado, los triunfadores; me
producen gran admiración, aprendo de ellos, de sus preocupaciones, de su ansiedad, de su
estrés y de sus depresiones, que también hay, pero también me producen mucha pena, pena
porque teniendo en su mano casi todo para ser felices, a veces, no saben serlo. Se
preocupan por todo, viven pendientes de los ascensos, someten a su cuerpo y a su mente a
un desgaste de energía que no tienen tiempo a reponer, son intransigentes consigo mismos,
son pulcramente controladores, buscan obsesivamente el reconocimiento, son perfeccionistas
patológicos y, como consecuencia de estas características y otras muchas, se olvidan de
vivir, olvidan que el organismo pasa factura, se olvidan de que hay que descansar y
redirigir la mirada hacia lo que hay alrededor. Esperan a disfrutar cuando se sitúen
mejor, cuando tengan un chalet mayor, cuando tengan un coche mejor, pero es un engaño,
una trampa, porque cuando se sitúen mejor también van a tener mayores preocupaciones,
mayores exigencias y más altos objetivos que cumplir.
Si conviene y se considera que el tiempo que se ha de vivir es el
presente y que la salud importa, es el momento de replantearse la cuestión antes de que
por su cuenta se la replantee el corazón.
Jamás digo, a nadie, que está equivocado porque cada cual ha de desarrollar su proyecto
de vida como desee. Sencilla y llanamente les digo: "Recorre el camino que desees
pero, detente a mirar las rosas y apáñate con las espinas, porque más allá no habrá
solamente rosas, también habrá espinas".
Los triunfadores pueden divertirse con el trabajo, quizá así sea, pero yo le preguntaba
recientemente a uno: si te pagaran la mitad por el trabajo que haces ¿cuánto tiempo
seguirías esforzándote tal como ahora haces? Desconocía la respuesta.
La gente da todo lo que puede en su trabajo, lucha, progresa, se
preocupa, son adictos, algunos, al trabajo, pero saben que si progresan también el
progreso económico es suculentamente mayor.
Que cada cual elija su vida y la lleve a cabo, si puede, tal como la ha diseñado, pero
que no olvide que el presente es ahora y el sacarle partido a la vida también es ahora,
mañana aún no existe y para algunos jamás existirá.
Tengámoslo en cuenta, al menos, de vez en cuando. |