
Hoy, en las portadas y
contraportadas de los periódicos se anuncian armas, con la misma naturalidad que en las
páginas centrales aparecen vehículos. |
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LA RESISTENCIA PASIVA
POR JOSE ROMERO SEGUIN
Las preguntas que se
hace la razón, son ¿de qué está hecho un kosovar, que no esté hecho un kurdo? ¿De
qué está hecho un kuwaiti que no esté hecho un ciudadano iraquí? ¿De qué Pinochet, y
de qué no estaba hecho un opositor chileno? En la respuesta a estas y otras similares,
está la clave de la falta de legitimidad de Occidente con los United Setas Of América a
la Cabeza, léase en este caso OTAN, para emplear la fuerza contra ese otro hijo de la sin
razón que es, el líder serbio Milosevic.
Analizando caso por caso descubrimos la triste y constante realidad,
puros intereses económicos. Para ocultarlos está la demagogia de la defensa de los
derechos humanos, de la paz, de la justicia, de la solidaridad. Hoy todo lo hermoso que
debiera conformar y confirmar nuestro sistema social, se ha convertido en triste
complemento, en sofisticada vestimenta que sólo cubre y adorna nuestras miserias
sociales.
Importa la paz cuando esta paz conviene a este omnipresente poder. Defendemos al débil
para debilitar al fuerte y poner así a sus pies a dos débiles. Mandamos ayuda
humanitaria para no mandar progreso. Animamos revoluciones para desanimar a los hombres y
humillar a los pueblos. Ponemos y quitamos dictadores según convenga a las
multinacionales. Así es cómo funciona el mundo, lo demás no son sino meros gestos,
altruistas, generosos y por supuesto dignos todos ellos del mayor respeto y
consideración, pero que no por ello dejan de ser sólo eso, un gesto. Porque la política
de verdad, la que de verdad decide se rige por otro tipo de motivaciones que nada tienen
que ver con la solidaridad y la justicia.
Hoy, en las portadas y contraportadas de los periódicos se anuncian
armas, con la misma naturalidad que en las páginas centrales aparecen vehículos. Aviones
invisibles, misiles inteligentes, helicópteros apache, propios para cualquier exterminio
como su propio nombre indica, enormes B-52 y toda una extensa panoplia de cachivaches para
la sangrienta paz a que parece que estamos abocados. Armas que un día fueron secretas y
hoy son de segunda generación. Saldo a liquidar entre reyezuelos y dictadores de la peor
catadura, a los que primero se arma y luego lógicamente se desarma, menudo negocio.
Parece imposible que en estos tiempos en que los avances científicos
técnicos han sido más que notables, en el campo de las relaciones humanas no hayamos
avanzado nada, que nos hallemos tan lejos, tan perdidos aún en la noche de los tiempos.
Pero tiene que ser así, porque si no fuera así, que sentido tendría avanzar en el otro
campo. Si el desarrollo de las distintas razas y naciones que componen el mundo fuera
parejo qué sentido tendría crear. La máquina del feroz capitalismo, se mueve con carne,
sangre y dignidad humana. Y es que no sabemos avanzar sino es contra alguien, no sabemos
progresar sino en detrimento de alguien. No podemos concebir el bienestar sin establecer
diferencias.
Ideamos y creamos sofisticados medios tecnológicos con el más alto registro de nuestra
inteligencia y curiosamente los utilizamos con el más rudimentario sentido y más básico
fin.
No hemos evolucionado, humanamente no, nos hemos tecnificado,
robotizado casi, pero no humanizado. Prueba de ello es que hasta en el estricto ámbito de
la creatividad no somos capaces de imaginar cuando deseamos representar el futuro, sino
catástrofes, destrucción, guerras, todo un alarde de lo que hoy somos, seres capaces de
crear las más sofisticadas naves y armas, pero incapaces de humanizarse, de encontrar
nuevas formas de relación y entendimiento. Por ello el paisaje que se representa es
siempre caótico, agresivo y yermo, y las reacciones de los hombres confusas y primitivas.
No obstante nunca es tarde para rectificar, pero para ello debemos
desoír el canto de las sirenas de las fábricas y centrarnos en las del mar, es decir,
apostar por la imaginación en detrimento de la técnica en función del capital.
Y es que se pueden crear resortes administrativos, judiciales, de ayuda, de lo que se
quiera, pero si no hay voluntad de cambiar, no hay nada que hacer. El amor no se impone,
el respeto tampoco, las políticas se pueden imponer pero no así los sentimientos. Las
bombas y el terror no van a crear lazos fraternales entre serbios y kosovares, eso seguro,
por el contrario se van a agudizar los odios y rencores.
Pero no es menos cierto que, ante el genocidio y la barbarie sólo nos queda que de
verdad sea válida, la resistencia pasiva, esa gran aportación de Mathama Gandhi, de ese
cristo hindú que supo hacer de la paz la más eficaz de las armas. Pero cuántos son los
seguidores, cuántos los que estamos dispuestos a ponernos ante las bayonetas y las balas
en nombre de la paz y de la concordia. Cuando seamos tantos que intimidemos la maldad de
los criminales, amanecerá un nuevo día, mientras, seguirán los ejércitos armando la
paz y lo que es aún peor, imponiéndola por las calles y corazones del planeta, en nombre
de un orden que no es sino balance. |