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EL ARBOL DEL BUHO

 

 

Y la pequeña y atrevida gota la miró sin comprenderla y acercándose a las demás que estaban esperando les dijo: "No temáis, no es una diosa, es una loca".

 

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CUENTO INDIO II: LA
SOLEDAD
POR ELENA G. GOMEZ

El día anterior, cuando la tarde se despedía, había llegado al poblado un joven contador de historias cuya fama le precedía y hacía que todas las tribus le recibieran con gran ilusión.

En la tribu había un revuelo general, todos buscaban el mejor lugar, el más próximo al joven.

¡Cuéntanos la última historia!, le gritaban los niños impacientes, y el joven, sonriendo, comenzó...

"Hace mucho, mucho tiempo, sucedió algo muy especial. Escuchad...

Había una vez una solitaria nube blanca, redonda, perfecta, que danzaba feliz en un limpio cielo azul. Un día decidió pedirle al padre Sol un deseo.

"Padre, -le dijo- estoy cansada de vivir sola en este enorme cielo, quiero bajar a la tierra, quiero conocer otras formas de vida, quiero ser distinta".

Y el padre Sol, que siempre estaba dispuesto a cumplir los deseos de su pequeña, le dijo: "Haré realidad tu deseo, pero antes escucha bien mis palabras. Recuerda que tú eres una nube y que ahora miras las cosas desde aquí arriba, recuerda siempre lo que ahora ves porque cuando estés en la tierra las cosas te parecerán distintas. Recuerda que todos somos iguales, que no hay nadie más importante que otro, y que todo lo que vivas, por muy real que te parezca, siempre será algo temporal. No te detengas en tu viaje, no quieras pertenecer a nada ni a nadie. Recuerda, eres una nube, y eres libre".

Nube le prometió que no lo olvidaría, aunque en realidad no había escuchado muchas cosas porque en su cabeza ya se estaban dibujando las aventuras.

Así, el padre Sol empezó a concentrar sus rayos en Nube, y ésta sintió que su cuerpo se hacía cada vez más pequeño. Sintió miedo, pero no se volvió atrás. El cuerpo se hizo más pesado, más denso, hasta que ¡chop!, su cuerpo impactó con el agua y se fundió con otras miles de gotas que bajaban corriendo, jugando y sonriendo por el manantial.

Nube, que ahora era Gota, sonrió. "Ya nunca más estaré sola", pensó, y quiso sumarse a las risas de sus nuevas compañeras. Pero, de pronto, todo quedó en silencio y Nube, ahora Gota, se dio cuenta que sus hermanas la miraban y se apartaban de ella.

"No lo entiendo, ¿qué os ocurre?", gritó. Pero nadie le decía nada, hasta que una pequeña gota, con cara de atrevida, se acercó a ella y le dijo... "Eres distinta a todas, por eso se apartan de ti. Te temen. Tú no naciste en la tierra como las demás, tú llegaste del cielo. ¿Quién eres? ¿Eres una diosa? ¿Vienes a castigarnos y secar nuestro manantial?".

Nube, ahora Gota, le contestó sorprendida y sin poder disimular su risa "No, yo soy como vosotras, sólo quiero conocer nuevas cosas y, sobre todo, no quiero estar sola. Puedo contaros muchas cosas del lugar de donde vengo y vosotras me podéis enseñar vuestro mundo. Yo sólo quiero aprender, ¿entiendes?".

Y la pequeña y atrevida gota la miró sin comprenderla y acercándose a las demás que estaban esperando les dijo: "No temáis, no es una diosa, es una loca". Entonces, todas las gotas se rieron y se alejaron.

Nube, ahora Gota, se sintió sola, mucho más sola que antes, y empezó a pensar que tal vez se había equivocado y que todo lo que le estaba sucediendo era una lección para así no volver a querer conocer cosas nuevas nunca más. ¿A dónde iré ahora?, se preguntó, y recordó las palabras del padre Sol. "No te detengas en tu viaje"... y Nube, ahora Gota, continuó.

Después de mucho tiempo de viajar sin descanso, un día, cuando Gota estaba soñando despierta, sintió una sacudida, luego quietud, después nuevamente otra sacudida, para a continuación empezar a subir y subir hasta que llegó a la entrada de una cueva roja y blanca.

"¿Una cueva?", se preguntó extrañada Gota. No, aquello no era una cueva, estaba entrando en aquellos seres que se llamaban humanos. "¡¡Bien!! -exclamó llena de alegría-, una nueva experiencia que vivir".

Y confiada, se dejó caer en el interior del humano, y a medida en que entraba dentro más impresionada se quedaba. Aquello era maravilloso, lleno de colores, de luces, de sonidos.

Miles de seres de todas las formas imaginables habitaban en el interior de aquel humano.

Aquello sí que fue una gran experiencia para Nube, ahora convertida en humana. Se pasó mucho tiempo recorriendo aquel Universo, hablando con unos y con otros, pero cuanto más conocía lo que allí pasaba peor se sentía: las vidas estaban tristes porque el humano no sabía que ellas estaban allí. Y el humano, en su olvido e ignorancia, vivía ocasionando la muerte de sus propias vidas.

Y Nube, ahora humana, sintió que se asfixiaba, que necesitaba huir de aquella prisión. Y buscó una salida. Encontró una ventana llena de colores y tras ella un Arco iris. Así que Nube, ahora Humana, corrió hacia él y entró dentro de una cascada, y Nube se convirtió en lágrima.

Y mientras descendía por el rostro del humano vio que el padre Sol le hacía un guiño... "Nube, ¿quieres regresar a tu lugar?"

"Sí, por favor, gritó Nube, ahora Lágrima".

Y el Sol calentó aquella Lágrima y la hizo volar.

A medida que Nube, ahora Lágrima, ascendía, empezó a recobrar su forma inicial y empezó a sentirse de nuevo Nube.

Y cuando estaba en el cielo el Sol le preguntó: "¿Estás contenta con tu experiencia, Nube?

"Sí, padre, contestó, ahora ya sé que todos somos iguales y que aunque crea que estoy sola nunca lo estoy, porque dentro de mí viven muchas vidas, vidas que yo tengo que cuidar".

Esta es la historia -dijo el joven- de Nube Solitaria, una Nube que descubrió su verdad. ?

 

   

   
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Última revisión: abril 07, 2011. 
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