
De pronto el fantasma se convirtió
en algo tan real que casi podía ver su burlona sonrisa y oír sus palabras diciéndome
"¿pensabas que ya no existía? ¿que me habías vencido? Pues aquí estoy". |
|
EL
ARBOL DEL BUHO
FANTASMAS
POR ELENA G. GOMEZ
Ultimamente vengo practicando un sistema de trabajo mental que
consiste, además de otras muchas cosas, en formularme una pregunta y lanzarla al espacio
mental, mi espacio mental, tal y como funciona Internet sólo que sin ordenador por el
medio.
Como estoy convencida de que Internet es una pobre imitación de la capacidad mental que
tenemos dentro, y como considero que mi mente es capaz de hacer muchas cosas y que sólo
tengo que dejarla que funcione sin ponerle esquemas ni impedimentos, pues la cosa
funciona, y en numerosas ocasiones comprobé que si deseo mucho conocer algo y me planteo
una pregunta, la respuesta tarde o temprano siempre llega.
Así que como el método resulta y como no tenía ninguna idea ni inspiración para
escribir el Búho de este número, se me ocurrió lanzar una llamada a mi mente para que
me sugiriera un tema.
Llegó la hora de sentarme a escribir y aunque aún no me había llegado la respuesta me
encontraba extrañamente tranquila. Mientras me venía la inspiración miré hacia la
estantería y vi que había un libro colocado fuera de su sitio, me levanté y lo cogí
dispuesta a devolverlo a su lugar correspondiente, pero antes, de forma totalmente
inconsciente, lo abrí. Y, casualidades del destino, lo abrí justo en una página que
tenía un papel doblado a la mitad. Desdoblé la hoja y lo leí, tenía una poesía.
La primera sensación que recibí fue como si alguien me hubiera pegado una bofetada,
aquella poesía escrita cinco años atrás traía al presente un viejo y desagradable
recuerdo, un fantasma del pasado que ahora se presentaba ante mí y se reía en mis
narices.
De pronto el fantasma se convirtió en algo tan real que casi podía ver su burlona
sonrisa y oír sus palabras diciéndome "¿pensabas que ya no existía? ¿que me
habías vencido? Pues aquí estoy."
De pronto la noche se volvió más oscura y la soledad de la habitación se llenó de
recuerdos. El espacio se plegó y el tiempo desapareció, el pasado y el presente se
mezclaron y entablaron su propia batalla.
Entonces empezaron las preguntas: ¿Por qué tengo que preocuparme ahora de algo que no
existe, que fue, que tuvo su tiempo pero que ya no es real?, ¿por qué tiene tanto poder
el pasado cuando en realidad a mí lo que me importa es el presente para construir un
futuro auténtico?, ¿cuánto tiempo necesitará la humanidad para liberarse de tantos
esquemas y prejuicios del pasado?, ¿por qué había aparecido este poema justo ahora?,
¿qué me quería decir? Y pensé en las miles de personas que viven aferradas al pasado,
o prisioneras por algo que hicieron, o castigándose por algo que dejaron de hacer.
Y la única realidad es que el pasado ya no existe salvo que cada uno decida alimentarlo
en su mente y crea en él. Pero, ¿qué ocurre si se la da tanta fuerza que se vive como
algo real? si así se hace ¿no se estará creando un fantasma? Y mientras se vive en el
pasado el reloj del presente sigue marcando minutos y horas que ya nunca volverán.
El pasado es una cadena, es una trampa, es algo que detiene y aprisiona y sólo es válido
para exprimirle las enseñanzas y continuar sin detenerse, esa es la clave, no parar.
Porque el pasado encadena mientras que el futuro libera y ¿quién quiere vivir
encadenado?
Pero lo cierto es que yo había pedido un tema y ahí, en un pequeño e insignificante
papel estaba la respuesta. Confieso que nunca me hubiera imaginado que fuese así.
Pero no estaba dispuesta a perder esta oportunidad porque en estos cinco años que habían
transcurrido desde que el papel se escribió hasta ahora habían cambiado muchas cosas
pero, sobre todo, había cambiado yo.
Y de la lucha que se había creado en mi espacio virtual resurgió un deseo, cerrar el
pasado. Y en lo más profundo de mí agradecí lo que había ocurrido, sencillamente
porque me había concedido la oportunidad de cerrar un círculo.
Estaba dispuesta a reírme del fantasma así que le miré a los ojos y un segundo antes de
empezar a desvanecerse le vi como nunca antes le había visto, y empezaron a dibujarse
unos rasgos que me parecieron familiares. Era yo cinco años atrás.
Y tú ¿cuántos fantasmas conservas? |