
Grande es la razón de Estado, mas
no debemos olvidar que no siempre lo grande contiene idénticas razones, que muchas son
las veces que no esconde sino grandes injusticias y viles intenciones. |
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EL
ALEPH
EPIGRAMAS DE PRIMEROS DE AÑO
POR JOSE ROMERO SEGUIN
Comenzaré el año felicitando con cariño a los currantes de Fusión
que día tras día y no sin esfuerzo y tesón, se curran mi espacio de libre expresión.
También a los lectores que me regalan su tiempo, y a veces si lo merezco, su atención.
A todos gracias, mil gracias doy, y mil perdones les pido, pues no siempre lo que escribo
merece tal distinción.
Año nuevo estrenamos, tenga mi bendición, otra cosa es la intención, que no siempre
quien estrena cambia, porque el cambio sin más no entraña sino mera continuación. Vaya
por delante mi intención y sea por tanto este, de otro talante, de otra condición.
Sería sencillo ridiculizar y hacer mofa de esta nuestra justicia, que hoy castiga
ejemplar y mañana ejemplar perdona a los ejemplares señores, pero el drama es de cojones
porque ésta es la que tenemos para juzgar a reyes y bufones.
Más nada hemos de temer, que el correcto lenguaje demócrata ya ha subsanado el caso con
el fino dicho que no comparto, pero acato.
A riesgo de resultar pedante, diré que en bajar al averno no fue el último Dante, que
está aún caliente la bajada de la ministra Mariscal de Gante.
Estremecidos están los felipistas pues juran sus condenados, que el cervero no es
dóberman, sino caniche.
Después de a Guadalajara tanta peregrinación, he llegado a la conclusión, que ni son
todos los que están, ni van todos los que son.
Si tienen los multicines para todas sus salas el día del espectador, porque no va a tener
la segunda del Supremo su día del secuestrador.
Lo que oyes, carcelero, no es cascar de nueces ni crujir de sabroso turrón, sino apretar
de mandíbulas y chirriar de dientes, pues es la rabia el turrón que con saña devoran
los comunes prisioneros, en esta Navidad de generosas revisiones, notables indultos y
señoriales excarcelaciones.
Nada hay, soldado, más horrible que una vez ganada la guerra comprendas que has perdido
la razón.
Proclama el libertador "yo os daré nuevo estado"; maldita virtud la suya que
aún no ha ganado y ya habla como un dictador.
Nos auguran los profetas institucionales que va a ser este un año próspero en
generosidad y abundante en tolerancia. Quiera dios que no termine siendo, como me temo, el
de la sangrante impunidad, el de los criminales perdones.
Los políticos en la calle, los de ETA en la oca, la de oca a oca y salgo porque me toca,
y los comunes en sus celdas, como es costumbre en este país de hipócritas.
Ya salen los héroes del cambalache democrático, ya el populacho grita, ¡inocentes,
inocentes! Pálpase D. Rafael cariacontecido la frente, mientras para dentro se dice: qué
razón tiene quien afirma que donde hay masa hay confusión. Porque la misma palabra en su
boca, sería razón suficiente, para aclarar para siempre el enigma de cada cual, su
verdadera condición.
Se escandaliza el pueblo ante la actitud de los Obispos, dicen que no encuentran razones a
sus pastorales nacionalistas. Desde cuándo, incautos míos, le han importado a la Iglesia
razones, lo que le importan son Estados, donde sea qué más da, ella es siempre
centralista.
No son los políticos clase, que para serlo hay que tenerla, son sólo grupo de afines
intereses. Y si en los grupos llamásele a los jefes, padrinos; llámase en los partidos,
líderes.
Tener conciencia de que somos distintos, es por lo oído vital. Me pregunto yo a tenor de
lo visto, si no será este postulado fascista, digo racista.
Cuanto más próximo está el poder más próxima la injusticia, más selectivo el
nepotismo, más temible el despotismo, más clara la corrupción.
Grande es la razón de Estado, mas no debemos olvidar que no siempre lo grande contiene
idénticas razones, que muchas son las veces que no esconde sino grandes injusticias y
viles intenciones.
En su día en nombre de la convivencia nos entregamos al olvido, ayer por el bien de la
democracia ignoramos la corrupción, hoy en el nombre de la paz otorgamos el perdón.
Pienso yo, bien está ser generoso, mas no me cabe en el pecho sino preguntarme, si no
irá siendo hora de plantar cara a tanto asesino, a tanto chorizo, a tanto dictador.
¡Ojalá! sean estos epigramas remendones maldades mal ripiadas, juzguen Uds. señores.
Mientras, despídome yo riendo, riendo por no llorar. |