
Y así estamos a la puerta del
2000: mucha tecnología, muchos cacharros que se acumulan, muchas letras por pagar y mucho
estrés, sobre todo mucho estrés, mucha infelicidad y mucha ansiedad.
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LLEGA EL 2000
POR RAQUEL BUZNEGO (PSICOLOGA)
Ya está aquí, a la vuelta de la esquina, no tienes más que salir a la calle
mirar y ver cómo se aproxima. ¿Acaso no ves a jóvenes y niños tirando de móvil? ¿No
te has fijado que en cada esquina hay una tienda en la que puedes comprar el ordenador y
todos los complementos que te apetezca y hayas soñado? ¿Acaso no has visto aún los
reproductores de discos DVD?
Llega, como todo, porque ha de llegar y porque en el calendario jamás
ha habido ni habrá, vuelta atrás. Maldita la gracia que me hace porque voy a tener un
año más, porque atrás quedará el siglo en que nací y porque supongo que más
humanidad no habrá.
Y sin embargo, a pesar de tanta tecnología, de tanta formación e información, de tanta
cultura material y de tanta búsqueda del bienestar a costa de lo que sea y de quien sea,
aún existen y existirán crímenes horribles, maltratos a mujeres y niños, guerras sin
sentido y hombres y mujeres que duermen en la calle porque en la sociedad en que vivimos
no tienen hueco ni techo.
Años llevamos hablando del 2000 como si fuera algo mágico, algo
diferente, algo esplendoroso y sin embargo ¿le importa al mendigo de la esquina que
salgan nuevos móviles, formato más apañado y diseño más sofisticado? o ¿acaso le
importa que los coches sean más potentes, más veloces y más aerodinámicos? o ¿le
importa al 2000 y a la historia de las naciones, las autonomías y los municipios que se
encuentre un mendigo en la calle arropado por la negrura de la noche, el frío, el hambre
y el miedo a algunos grupos que se empeñan en exterminarle?
A nadie le importa nada, cada cual vive su vida y, en ocasiones, fastidia al que puede,
pero jamás ayuda a quien no puede.
Todo ha avanzado, a pasos apresurados y agigantados. Los avances en
medicina son grandiosos, sin duda, hoy la vida de cada uno de nosotros es mucho más larga
que a principios de siglo, afortunadamente; se atajan y curan enfermedades que hace 60 ó
70 años eran mortales y sin los trasplantes mucha gente tendría una escasa esperanza de
vida. Y, sin embargo, también se ha hecho y se hace un uso dramático de estos
conocimientos porque dicen que hay tráfico de órganos, que hay niños que son robados en
cualquier parte del planeta, para extraer sus órganos e implantarlos a quien los necesita
y que, por supuesto, es buen postor. ¿Serán sólo las malas lenguas?
La tecnología también nos ha ayudado, somos capaces de conocer el mundo sin movernos de
casa, podemos mantener cualquier conversación con cualquiera en cualquier parte del mundo
a través, bien sea del correo electrónico, del teléfono, incluso desde el móvil si
estamos alejados y perdidos en cualquier parte o lugar que nos apetezca.
Y como unas cosas van llevando a otras, salen al mercado constantemente nuevas y
formidables ofertas tentadoras, un móvil más eficaz, a tu justa medida y color adecuado
a tu vida, no te lo puedes perder porque, sin duda alguna, dará categoría a tu
excepcional personalidad y obviamente esa personalidad excepcional no debe, ni quiere,
conformarse con menos.
Y los coches, ¡ay los coches! Tienes que adquirir lo último de lo
último. Con ello ganas en atractivo y vives intensamente, si no lo haces estás perdido y
anticuado. Mucha carrocería para tan poca cabeza, digo yo, a veces.
Y así estamos a la puerta del 2000: mucha tecnología, muchos cacharros que se acumulan,
muchas letras por pagar y mucho estrés, sobre todo mucho estrés, mucha infelicidad y
mucha ansiedad.
Nos hemos deshumanizado, nos hemos desdibujado entre tantas cosas, a veces inútiles,
sentimos envidia de los que más cosas tienen y valoramos poco, o nada, al que nada tiene,
para admirar, muchas veces, al fantoche que mucho exhibe y más vacila.
Y por tanto no seremos más felices, ni ahora, ni en el 2000, porque el consumo
desmesurado tiranizará y esclavizará, más aún, al hombre y porque no hemos hecho buen
uso de lo que a nuestra disposición está. Hemos caído en el abuso y el abuso nunca hace
al hombre mejor, sino más engreído, más neurótico, más estúpido y más solitario.
No hay vuelta de hoja, así será el 2000, tal como el día de hoy, los avances que
deberían estar a nuestro servicio nos pondrán exclusivamente a su servicio, pagando un
alto precio, por supuesto, y así seguiremos encantados en nuestra condición de
marionetas del sistema y del puro y duro consumo.
Espero equivocarme. |