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Jesús el CristoPUERTA DIMENSIONAL
Texto:
Elena G. GómezTexto: Elena G. Gómez

JESUS

2000 AÑOS DE UN MENSAJE VIVO

El auténtico sentido de la Navidad se pierde en esta sociedad de consumo y aunque muchos alegan que en realidad Jesús no nació el 25 de diciembre, para nosotros carece de importancia si Jesús nació en marzo o en cualquier otro mes, lo que cuenta es que son unos días para revivir el auténtico sentido de la Navidad.
La Navidad representa el impulso a la semilla que todos llevamos dentro.
Si la semilla es un árbol en potencia que contiene genéticamente a las raíces y al tronco, a los frutos y las hojas, el Cristo es la semilla del Hombre Nuevo, de un hombre consciente de su lugar en la Creación, de un hombre altruista, de un hombre que transciende los límites del Yo para introducirse en el Todo.

Texto: Elena G. Gómez

Cuál fue su secreto? ¿Cómo consiguió que su mensaje venciera el paso del tiempo, los cambios culturales, las modas, las falsas creencias y permaneciera vivo en los hombres?
Tal vez la respuesta no sea tan compleja como muchos tratan de hacernos creer, porque su mensaje de Amor y Fraternidad fue dado fuera del tiempo, para cualquier hombre que desee entrar consciente en las aulas de la evolución.
Aquellos que se eligieron dueños de su mensaje continúan llenando sus sencillas palabras de encíclicas, de dogmas, de castigos, de complicados tratados teológicos que apartan al hombre de Dios, de su Creador.
2000 años después, nadie puede discutir que su mensaje sigue vivo, pero también incomprendido. ¿Cuánto tiempo necesita la humanidad para reaccionar y vivir su sencillo mensaje?

¿Quién fue Jesús el Cristo?

Lo primero que debemos aprender a distinguir es la diferencia que existe entre Jesús y el Cristo.
Cristo no es un acontecimiento histórico, sino que es una energía cósmica que está compenetrando a todas las formas de vida que existen en la Creación. No es algo que sucedió hace 2000 años, sino que existe desde el principio de los tiempos.
Jesús fue un ser de un alto grado de evolución capaz de conectar con esta energía cósmica.
Las pruebas de la diferencia entre Jesús y la energía Crística, se recogen en muchos episodios de sus primeros años donde se refleja el desconocimiento que tenía de su naturaleza, y cómo a medida en que fue desarrollando su crecimiento espiritual también descubrió su naturaleza Crística. Podemos decir que cada paso que dio fue para transformar su naturaleza humana en Crística, y con ello dejó escrito un camino para toda la humanidad.
Jesús fue el primer hombre que manifestó las energías Crísticas, las energías de la unidad y de la conciencia fraternal.
Fue el primero que habló de Dios-Padre, un Dios cercano y deseoso de que sus hijos le comprendieran.
Con su vida dejó trazado un auténtico proceso iniciático que va desde el nacimiento a una nueva consciencia, hasta llegar al sacrificio para entrar en otro estado de existencia, pasando por el reconocimiento, la entrega y la demostración de una forma distinta de vida.
La sencillez de su mensaje no disminuye en ninguna medida la grandiosidad de su vida, las demostraciones que en ella hizo, y las puertas que abrió para toda la humanidad. Su mensaje y su vida no es exclusiva de ninguna religión, porque Jesús, unido a la energía Crística, se transformó en Jesús el Cristo, y abrió la puerta del AMOR UNIVERSAL.

El precursor del cambio

Hay que tener presente que los procesos de cambio son siempre lentos y progresivos, y que no todas las partes o vidas que conforman un cuerpo están en el mismo grado de evolución, y por tanto no tienen la misma capacidad de asimilar los cambios.
En el proceso de evolución humana el hombre atraviesa por distintos estados de conciencia, desde el primitivo hombre que carecía de conciencia personal hasta el hombre del futuro, que se caracteriza por la visión de la totalidad.
Este salto entre la conciencia separatista e individualista hasta la conciencia del Todo sólo puede ser realizado mediante la vivencia de la conciencia Crística, es decir, mediante la comprensión de las palabras del Maestro.
Pero para entender la transcendencia de su vida para la evolución humana, hay que comprender lo que hoy en día muchos científicos han demostrado, es decir, la existencia de campos morfogenéticos a través de los cuales ni las fronteras culturales, ni físicas, impiden que si un individuo conecta y vive algo distinto, el resto de su especie acabe incorporándolo a su vida.
Por ello, el hecho de que Jesús conquistase la Conciencia Crística, demuestra que toda la humanidad está capacitada para vivir ese cambio, para dar el salto evolutivo de la conciencia individualista y egoísta a otra altruista y más global.
Jesús fue el gran precursor, y bien podría haber dicho que "todos llegaréis al Padre porque yo he llegado"
Jesús fue la avanzadilla, el que captó el nuevo arquetipo cósmico que llamamos Cristo, por ello la identificación entre Jesús y Cristo no es una idea religiosa, sino un hecho trascendental para la humanidad, porque si Jesús fue el primero que lo unió significa que algún día la humanidad será la personificación de las energías Crísticas, es decir, de las energías del Amor y la Unión.

El Hombre-Cristo impulsa la unificación, y en su interior no se identificará con lenguas particulares, ni fronteras, sino con una conciencia de unidad.

La Crucifixión

Son muchas las cosas que rodearon la vida del Maestro y que fueron distorsionadas, con el paso de los años. La mayor parte de los símbolos que él dejó no están correctamente representados. Entre ellos cabe destacar, por lo que condiciona y obstaculiza la evolución humana, la imagen de dolor y sangre que el cristianismo eligió como símbolo y que se aleja mucho del auténtico Cristo vivo y luchador.
Fue en el Concilio de Constantinopla, en el año 680 de nuestra era, cuando decidieron sustituir la imagen del cordero que hasta ese momento había sido utilizada, por la de la Cruz como símbolo del cristianismo. Con ello, se alteró profundamente el significado de la cruz.
La muerte en la cruz, en su más pura esencia, no lleva connotaciones de dolor y muerte, sino que tiene un significado mucho más profundo, eleva al crucificado a la categoría de Hombre-Dios.
El símbolo de la cruz lejos de ser un patrimonio exclusivo del Cristianismo, se remonta a un conocimiento que existía ya en nuestros antepasados.
La Cruz representa la victoria del hombre que habiendo trascendido sus límites temporales, consigue el desarrollo de todo su ser.
Nadie puede nacer a una nueva conciencia si no muere a la vieja, pero esta muerte no significa dolor, sino liberación.
Tomar la cruz es transformar al hombre tradicional e incompleto en el hombre del futuro, el que ha desarrollado una conciencia de Unidad porque se siente parte de una conciencia Suprema que denomina Padre.
Aceptar la cruz implica una actitud de vida responsable para vivir conscientemente, para descubrirse a uno mismo, para asumir la propia vida.
Jesús no dijo en ningún momento que por haber tomado él la cruz nosotros quedásemos liberados de ella. En el proceso evolutivo espiritual, todos, inevitablemente, pasaremos por la crucifixión.

La Conciencia Crística

De la misma forma que el proceso de individualización del hombre condujo a que surgieran primero las tribus, luego las naciones y la separación entre los pueblos, la Conciencia Crística no tiene nada que ver con la división sino con su contrario, con la integración.
El Hombre-Cristo impulsa la unificación, y en su interior no se identificará con lenguas particulares, ni fronteras, sino con una conciencia de unidad que le lleva a una comprensión superior y que le aleja de la creencia de verse bajo el estigma del pecado para comprender que es en realidad un Dios con todas sus potencialidades.
La Conciencia Crística lleva a la comprensión de que todos formamos parte de un Todo, que cada uno de nosotros tenemos una función dentro de este gran cuerpo y, por tanto, la responsabilidad de funcionar dentro de él, porque si uno se para el cuerpo se detiene.
La conciencia Crística se conquista a través de la Unidad, y en ella el Cristo fue un auténtico Maestro demostrando la Unidad en sus tres manifestaciones: La Unidad con uno mismo, siendo fiel a lo que se piensa, a lo que se desea, y negando todas aquellas normas y costumbres que no permiten al hombre ser uno mismo. Demostró la Unidad con sus semejantes, mediante una vida de entrega, de sacrificio, de expresión sin medida, sin condiciones. Y por último, fue el primer ser en hablar de Dios-Padre, en destruir la imagen creada del Dios vengativo y severo para reconciliar al hombre con su Creador.

Aquellos que se eligieron dueños del mensaje de Jesús continúan llenando sus sencillas palabras de encíclicas, de dogmas, de castigos, de complicados tratados teológicos que apartan al hombre de Dios, de su Creador.

La asignatura pendiente

Jesús anunció la relación paterno-filial de Dios y el hombre y, por tanto, la relación fraternal entre los hombres. Como consecuencia de ello surgió el nuevo precepto: "Amaos los unos a los otros", pero este amor que promovió Jesús no es sólo un amor a los familiares y amigos, sino que implica la comprensión auténtica de que todos formamos parte de una misma Red, de un mismo cuerpo, y todo cuanto hagamos lo estamos haciendo a los demás.
Hoy en día la humanidad vive su examen, un examen de Amor, de Fraternidad, de conciencia Crística.
Del resultado depende el paso a otro estado de vida superior.
De momento, la humanidad ha escogido el egoísmo y ello conduce al dolor, y muchas veces a la pérdida de todo aquello que valora. Sólo cuando el hombre decida vivir conscientemente el Amor, la Entrega y el Sacrificio, podrá estar capacitado para el siguiente paso evolutivo.

 

   

   
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Última revisión: abril 07, 2011. 
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