
Una noche, mientras dormía,
la diosa madre de la tierra me despertó y removió mi interior. Me habló de un hombre
que vivía en una tribu lejana, un hombre que estaba enseñando una nueva forma de vida. |
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CUENTO INDIO VII:
"RIO DE FUEGO"
POR ELENA G. GOMEZ
Cuando nace
un niño en nuestra tribu nosotros invocamos a los antepasados, ellos nos hablan a través
de los signos y nos indican cómo debe llamarse el recién nacido.
Este es el primer y más importante de los nombres que todo indio posee, porque define lo
que está escrito en su origen, en las estrellas.
Cuando yo nací, el espíritu de la diosa madre salió del interior de la tierra, y su
sangre de fuego regó las tierras de mi tribu y nos obligó a que dejásemos todo y
partiésemos sin nada a otro lugar.
Los ancianos de la tribu vieron en ello una señal y supieron que yo sería una persona
que necesitaría encontrar un nuevo destino y para ello tendría que dejar todo lo que
poseía.
Yo soy Río de Fuego. De pequeño fui un niño inquieto y alegre, me
gustaba tener amigos y disfrutar con ellos de la vida que nos rodeaba.
Una de las cosas que más me gustaba era mirar a las estrellas. Pasé muchas lunas
observando el movimiento de los astros y aprendiendo a ver en ellos sus consejos y
advertencias. Fue una infancia sencilla y bonita, sí, muy bonita, pero cuando cumplí 14
años algo sucedió.
Una noche, mientras dormía, la diosa madre de la tierra me despertó y removió mi
interior. Me habló de un hombre que vivía en una tribu lejana, un hombre que estaba
enseñando una nueva forma de vida.
Tuve que reunir mucho valor dentro de mí, pues dejar a mis amigos, a mi familia y mi vida
me resultaba muy doloroso. Pero lo hice y partí.
Pasó algún tiempo hasta que encontré al hombre sagrado del que la
diosa madre me había hablado.
Lo primero que recuerdo y que más me sorprendió fue que el hombre era un joven, un joven
como yo, pero en su mirada había decisión, confianza y mucha seguridad. "¿Cómo
podía tener tanto poder siendo tan joven?", pensé.
Cuando llegué a su lado me saludó como si llevara mucho tiempo esperándome y me dijo
algo que nunca olvidé: "Son los hombres los únicos seres vivos que tratan de poseer
la vida y cuanto más la encadenan más lejos de ella están. Todos tenemos que renacer
muchas veces antes de encontrarnos a nosotros mismos. Tú has empezado un nuevo camino,
por ello te digo que mires a la naturaleza y que veas cómo en ella nada permanece fijo,
todo cambia. Algún día los hombres también necesitarán renacer, dejar las viejas
tradiciones y vivir libres sin poseer, porque sólo el que se une a la vida vivirá; aquel
que quiera retener algo para sí morirá".
Luego se quedó en silencio. Durante un tiempo no hablamos nada, no hacía falta, sus
palabras habían llenado mi corazón, habían saciado mi necesidad. Después él me
pregunto:
-¿Cómo te llamas?
-Río de Fuego, -contesté.
-Y ¿sabes lo que significa?, -preguntó.
-No, nunca pensé en ello, -respondí.
-Pues debes buscarlo, porque un hombre que vive sin saber quién es y qué debe hacer no
es nadie.
Y con estas palabras se marchó.
Durante mucho tiempo pensé en lo que él me había dicho. Me uní a su
tribu y empecé a vivir una nueva forma de vida que no supuso para mí ninguna dificultad,
era como si siempre hubiera vivido así, pero, aunque todo marchaba bien, estaba inquieto,
no lograba encontrar la respuesta a la pregunta que él me hizo.
Un día me acerqué a él para pedirle consejo y le dije que por mucho que pensaba en
ello, por mucha meditación que hacía, no era capaz de saber el significado de mi nombre.
El me miró con su profunda mirada y dijo así:
-¿Quién es más fuerte, un guerrero que mata a un enemigo o una mujer que da vida a un
niño? ¿Quién es más poderoso, la noche que nos envuelve con su manto oscuro o el Sol
que nos da la vida cada día? ¿Qué es más importante, que tú sepas quien eres o que
sepas lo que los demás necesitan de ti?
Has buscado en tu interior pero no has encontrado la respuesta, porque ésta se encuentra
en los demás.
Si no dices lo que piensas, si no haces lo que dices, si no estás dispuesto a que los
demás vean en tu corazón, entonces no estás preparado para saber quién eres tú.
Conocerse a uno mismo implica mucho valor, porque una cosa es lo que tú crees ser y otra
muy distinta lo que eres para los demás. Si de verdad quieres encontrarte acude a los que
te rodean, vuélvete como un niño y estate dispuesto a cambiar.
-Pero yo soy como soy, -le dije.
-No -contestó-, tú eres lo que quieres ser, eres tu propio sueño hecho realidad, y si
miras a tu alrededor podrás ver que cada día todo se renueva, cada día la naturaleza y
la vida que está a tu lado renace, y si ella lo hace ¿por qué no puedes hacerlo tú?
Sólo el que está dispuesto a no retener nada para sí puede renacer cada día.
Ahora vuelve a la tribu y busca en ellos quién eres tú, y si estás dispuesto, te
descubrirás.
El tiempo fue pasando e hice lo que él me dijo. Un día comprendí
quién era yo y lo que significa ser Río de Fuego.
Río de Fuego es movimiento y verdad. La verdad que está en el interior de cada uno de
nosotros y que vive oculta y encerrada. Cuando se superan las barreras, las limitaciones y
los prejuicios, la coraza que encadena nuestro fuego interno se rompe y entonces éste
sale y quema todo aquello que no es útil, y en su movimiento nos hace más libres y nos
conduce a la unión con uno mismo, porque igual que el río llega al mar y se funde en
él, el destino de cada hombre es llegar al Uno, al Todo, y ser Uno en El. |