
El agua es como la sangre, circula
incesamente por el cuerpo de la madre tierra limpiando y purificando todo lo que toca. |
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CUENTO INDIO III: AGUA
POR ELENA G. GOMEZ
La joven india se
acercó al río. Ella no sabía que yo la estaba observando, así que, graciosa y
desinhibida, se introdujo en las aguas.
Sintió como el frío le cortaba la respiración y, alegre, como una niña, comenzó a
reír y a jugar.
Los rayos del sol lanzaban destellos en su negra melena. Todo era sencillo, natural, no
había nada más que pureza. Así era ella, la joven Agua Clara.
Ella no sabía lo cerca que yo siempre estaba de ella, protegiéndola de los peligros,
porque ella, Agua Clara, no conocía la maldad del mundo que la rodeaba.
Todas las tardes Agua Clara se bañaba en el río, eran unos momentos
especiales en los que se fundía con el agua. Yo, algunas veces, tenía la sensación de
que ella y el agua eran la misma cosa, y que un día, el río, la rodearía con sus brazos
y se fundirían en un largo viaje, un viaje hacia el sol.
Cuando Agua Clara terminaba su baño, salía a tumbarse a la hierba. Allí se quedaba
horas contemplando las nubes, el sol, y aunque nunca me lo dijo, soñaba.
Muchas veces me pregunté cuáles serían sus sueños, qué desearía su corazón.
Pero un día sucedió algo especial, algo que nunca podré olvidar y que cambió su vida.
Aquel día, cuando Agua Clara salió del agua, no se dirigió a la
hierba, sino que se sentó en una roca y empezó a cantar. De su voz salía una melodía
que se fundía con el sonido de las aguas, hasta que de pronto, de lo más profundo del
río, emergió una mujer.
Sus cabellos eran dorados, casi blancos, su cuerpo era transparente, y de sus labios
brotaba una sonrisa.
Se acercó a Agua Clara y ésta, como si la conociese desde hace mucho tiempo, le cogió
la mano.
La señora empezó a hablar a Agua Clara. Al principio no podía entender lo que le
decía, así que con mucho cuidado me acerqué hasta ellas y, oculta detrás de una
piedra, oí lo que la mujer le decía...
"El agua es como la sangre, circula incesantemente por el cuerpo
de la madre tierra limpiando y purificando todo lo que toca.
Se mueve por todos los lugares, no conoce de obstáculos, nada la detiene, y si alguien
quiere impedir su paso, ella, con su fuerza, conseguirá abrir un nuevo camino.
El agua es la razón por la cual la vida se multiplica y se expande.
El agua mueve, el agua crea, el agua purifica. Nadie puede vivir sin agua, porque forma
parte de su origen, porque forma parte de su creación.
El agua protege al niño en el vientre de su madre, y desde el principio está presente en
su vida, dentro y fuera, y entre vosotros, uniéndoos con el lazo invisible del amor.
¿Piensas que el agua es sólo un líquido?", le preguntó la
mujer, y luego, sin esperar la respuesta continuó:
"Ser agua es ser uno con todos y con todo.
Es respetar la vida y sus manifestaciones.
Es ser mente abierta siempre dispuesta al cambio, al movimiento, a la transformación.
Ser agua es ser niño alegre, joven rebelde y anciano sabio.
Ser agua es dar y no retener, porque el agua que se estanca se pudre y pierde todas sus
propiedades.
Ser agua es fluir permanentemente, a veces suave como la brisa, otras poderosa como una
tormenta, a veces oculta, otras visible, pero siempre, siendo tú, agua".
La mujer agua empezó a fundir su cuerpo en el río y poco a poco su imagen se difuminó
en él.
Agua clara permaneció en silencio, absorbiendo cada una de las
palabras.
Despues, se puso de pie sobre la roca y gritó a la mujer...
"Gracias, ahora comprendo el significado de mi nombre.
Yo soy Agua Clara, y fluiré dentro de los corazones de mis hermanos, les acariciaré con
mis manos, les alegraré con mis palabras, les mimaré con mis cuidados.
Agua Clara cumplió su promesa y por donde ella pasa, nunca nadie tiene sed. |