
Afortunadamente
y por más que algunos se empeñen la vida sigue, nada la para, nadie la detiene.
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PRIMA, VERA, PRIMAVERA
POR JUANMARIA GARCIA CAMPAL
L a cercanía de la
primavera, sospecho, está alterando a mi Jazz. Lleva un marzo en que parece presa de la
hambruna más terrible que por nuestra casa se recuerde. Y no es que hayamos tenido que
proceder a la dura estabilización del pienso y sobrantes, no, que la cosa no va tan bien
como dicen pero tampoco tan mal, en nuestro afortunado caso, que no se soporte y con
alegría. Ahora mismo, mientras le doy a la tecla en este escrito, aquí lo tengo con un
vacío bote de yogur que zarandea de un lado a otro como diciéndome "no". Le
prestaré atención que, sin duda, algo me dice:
"Déjate, Juanmari, de alegrar el ojo al primer atisbo de sol que
entra por la ventana, y de mirar, no sin cierta preocupación, tu perfil de barril en el
espejo que enfrentas sonriente y abandonas ceñifruncido. Mucho me temo que alertado por
el primero de la llegada del tiempo de solaz te sientas alarmado por la figura poco
canónica para la presente modernez y, sin embargo, muy canónica por sus relieves que
portas, y que esto te lleve a emprender una lucha sin cuartel y contra el reloj por la
consecución de un "body" tipo yogur o "quítome de comer", como tu
prima, que acabes dando pena. Mente sana en cuerpo sano, me suena a mí a equilibrio entre
una y otro, continente y contenido, no a esclavitud de la una en el otro, que , además,
querido compañero (¿no era yo el amo?) tan falso me parece identificar ahora la
extremada delgadez con la salud y la belleza como que en tiempos de nuestras, bueno,
vuestras, abuelas se atribuyese tal excelencia a la regordeta presencia. Debe estar la
virtud, me parece, por el medio en estos temas. Y, entiéndase bien, conste que digo medio
y no centro, que suele ser por ahí, a su vera, por donde rompen puentes y bastones y
donde viene a querer esconderse el que siente miedo, o excesiva prudencia, de reconocerse
bien de izquierdas, bien de diestras, que derechas tal parece que no quedan. ¡Guau! ¡Ja!
Porque digo yo en mi canina experiencia y observación que ya bastantes
extremadas delgadeces ha forzado la historia toda y la injusticia abundantemente presente
como para que el y la que pueda se recree en ella por ir errado en el camino que lleva a
la verdadera belleza, consecuencia normalmente de encontrarse uno a gusto consigo mismo,
pensamiento y sentimiento, aunque la carrocería sea más bien utilitaria y de aquí que
de lujo y pasarela. Así como que de regordeces, pues ídem de lienzo, que barriguitas
conocemos que nos quitaron y quitan desde el hipo hasta el aliento. Así es que, por si
por ahí te diera, te comunico que servidor está muy bien en este peso, pues sin querer
llegar a parecer un mastín, por más que sea de postín, no pretende volver a la casi
transparencia en que le encontraste más por hambre que por parecer galgo veloz de
carrera. Soy como soy, un ni fu ni fa, no llamo la atención, pero no lo dudes, como tú,
como yo, como tú paciente lector, no hay otro igual, que al ser en vuestro caso personas
y en el mío animal, somos aún un producto divinamente original.
Y por hoy ya estuvo bien del exterior de los cuerpos, vamos a entrar,
vamos a lo del pensar. Estoy enfadado con el Vaticano, y no lo muerdo, porque no me cae a
diente. Mira con qué secreto le echó la mano al señorito chileno del bigotito afilado.
Cuando decía no sé qué perro que no era inocente que en esta España nuestra, y en
otros tiempos pasados, pasearán a otro enano bajo palio, no le faltaba razón. Siempre
anduvo este poder, el eclesiástico, mejor al dictatorial paso militar de ordeno y mando,
¡ar!, que al civil, crítico y democrático. Y es que, claro, lo del libre albedrío no
lo llevaron bien nunca ni unos ni otros que, en el fondo, se sienten pastores de borregos,
dejando el papel de tales, faltaría más, para nosotros. El día que les ajuste las
cuentas su Jefe, no sé que le dirán de sus traiciones y engaños a tanta gente. Y me
pregunto yo si serán tan así con su llevada y traída justicia divina. Porque ya sería
timo que encima de apaleados aquí, en la cosa terrenal, llegasen algún día el Pinochet
éste y otros asimilados, incluso ya adelantados, a la cosa celestial y se colasen delante
de los morros, narices, del personal que por rejodido llaman cínicamente bienaventurado.
Pío XII bendijo tanques alemanes e italianos por aquello del nuevo orden. Aquí más de
un capellán castrense hubo en paseos. Parece ser que en Chile no se vio tan mal la merma
de feligreses. Y aún se atreven a dar doctrina. ¡Jesús, qué osadía! Deberían entonar
más que el "mea culpa" una eterna disculpa, pues amén de estas y otras
fechorías han atormentado y atormentan, en vida la conciencia y buena voluntad de mucha
gente humilde y buena. Dale a la amenaza, dale a la promesa, dale al teje y al maneje de
las conciencias ajenas. Ley del embudo y doble discurso, hablándonos de Dios es como
mejor sirven a su señor, el poder, de aquí y ahora, terrenal, con perdón. ¿Quién
hablaba de fariseos? De nuevo se ve el plumero al gran jefe de tanta oveja y tanto
clérigo.
Y ahora, te dejo que noto la loca primavera en mis venas y, qué
quieres que te diga, no pienso ponerle puertas al campo."
¡Jazz, Jazz! Nada. Afortunadamente y por más que algunos se empeñen
la vida sigue, nada la para, nadie la detiene. Me voy tras él. Hasta el mes que viene.
¡Ah! Amén. |