Revista Fusión

 Subscripción RSS

FUSION también eres tú,  por eso nos interesan tus opiniones,  tus reflexiones y tu colaboración  para construir un  mundo mejor

Recibe nuestras noticias en tu correo

 


 

 

EL ALEPH

 

 

Una persona sin libertad no vive, malvive agazapada, escondida. Una mujer en esa situación se puede considerar que vive secuestrada, pues la coacción afecta a lo más sagrado que poseemos los seres humanos, el derecho a vivir en libertad.

aleph.jpg (11914 bytes)
LA TRISTE MILONGA DEL DIVORCIO
POR JOSE ROMERO SEGUIN

Cientos, miles de mujeres extrañadas, exiladas en la pérfida diáspora del miedo. Mujeres topo, que más que escondidas viven enterradas. Mujeres miedo, que subsisten aterrorizadas en medio de las pacíficas calles de las pacíficas democracias. Este es el paisaje agreste de una realidad que atrapa a cientos, a miles de mujeres, y que nos debería llenar de vergüenza. Mujeres que se ven obligadas a dejar atrás su casa, sus hijos y sus amigos, para iniciar una huida hacia el anonimato. Ciudadanas de una sociedad no integrista que sin embargo las condena a portar el velo del terror sobre sus rostros. Mujeres de aquí, de hoy, de España, que viven sin derechos ni libertades. Mujeres abandonadas a su suerte, por un sistema que se jacta de controlarlo todo, de no permitir que nadie se sienta atacado o impedido no ya sólo a expresarse libremente sino a salir tranquilamente a la calle y acudir a su trabajo.

Mujeres cuyo único delito es haber decidido poner fin a una vida en pareja que para ellas no era sino un infierno. Pobre delito es este de romper lo ya roto, lo que se rompió el día en que el amor se convirtió en odio, las caricias en violencia, la ternura en desprecio, el respeto en tiranía y la amistad y el afecto en sumisión. Ese es su único delito, la condena, ver como su agresor no se conforma con la separación, que no lo acepta, que se opone a ella, y que papá Estado se siente impotente para protegerlas. Para pararle los pies a estos chulos de todo pelaje, que se creen que ser hombre es un privilegio que les da derecho a todo. Seres estúpidos pero peligrosos, que hay que poner a buen recaudo, a los que hay que demostrar que no se les va a permitir que impongan su santa voluntad cuando está en juego nada más y nada menos que la dignidad y la libertad de otra persona.

Hoy, es cierto, se condena a los maridos por lesiones, se le imponen multas y hasta prisión. Y ahora se quiere legislar en el sentido de permitirles que se puedan divorciar de inmediato, siempre que cuenten con una sentencia firme contra su compañero por malos tratos. Esta ley como tantas otras viene sobrada de obviedad y falta por tanto de sentido común. El que se agilice y legalice la ruptura de lo ya roto, es de agradecer, pero no es suficiente puesto que aquí ocurre algo mucho más grave que todo eso, más grave aún, me atrevería a decir, que la puntual agresión. Pues estoy seguro que cualquier mujer de las que se encuentran en esta situación, darían algo porque esa pesadilla que las aterroriza, se hubiera detenido en el momento en que ella tuvo el coraje de denunciar la agresión y un juez firmó la separación. Seguro que sí, que lo harían gustosas, porque ello les permitiría iniciar una nueva vida, les permitiría algo aún más elemental, vivir. Pero no, no pueden vivir, porque la amenaza persiste aún después de la separación, y es ahí donde debía poner el ojo el legislador, dejarse de marear la perdiz con la triste milonga del divorcio fulminante, y empezar a condenar a las agresiones como se merecen. Y aún más que ellas, a la amenaza, al ataque brutal que ello supone a su libertad. Una persona sin libertad no vive, malvive agazapada, escondida. Una mujer en esa situación se puede considerar que vive secuestrada, pues la coacción afecta a lo más sagrado que poseemos los seres humanos, el derecho a vivir en libertad. Estas mujeres deberían tener pues la consideración de un secuestrado, pues se ven en la necesidad de vivir en un zulo, se ven obligadas a desaparecer literalmente de su vida, para perderse en otra vida distinta a la que ellas eligieron y a la que tienen todo el derecho.

Y entiendo por ello que se deberían condenar a los perseguidores a penas similares a las de los secuestradores. Sin que ello suponga descartar la formación y la información como los medios más eficaces para poner fin a esta locura.

Hoy por hoy y ante la gravedad del delito, no debemos conformarnos con la posibilidad de una separación y un divorcio más o menos acelerado. Se tiene que hacer algo más efectivo y contundente, en una palabra, algo capaz de proteger la integridad de la libertad, pues cuando a una mujer se la agrede en ese ámbito, se la está anulando como persona y como ciudadano.

Yo ante esta situación de desamparo, las animo a que se defiendan, a que defiendan con firmeza y con fiereza si cabe su integridad, dignidad y libertad. Que exijan a los políticos soluciones prácticas y no parches. Si no lo hacen así, me temo que van a tener que seguir viviendo a escondidas, mirando siempre hacia atrás, como animalillos asustados. Y a eso no hay derecho. Si alguien debe esconderse, si alguien debe sentir sobre su piel el desprecio y la indiferencia es aquel que se atreve a agredir y perseguir a su compañera, ese ser que no es capaz de aceptar que antes que machos o hembras somos todos seres humanos. Y que nadie es por supuesto propiedad de nadie.

 

   

   
INDICE:   Editorial Nacional, Internacional, Entrevistas, Reportajes, Actualidad
SERVICIOS:   Suscríbete, Suscripción RSS
ESCRÍBENOS:   Publicidad, Contacta con nosotros
CONOCE FUSION:   Qué es FUSION, Han pasado por FUSION, Quince años de andadura

 
Revista Fusión.
I  Aviso Legal  I  Política de privacidad 
Última revisión: abril 07, 2011. 
FA