
Continúa la Iglesia tomando al
hombre libre, no oveja, por desviado, llamando al pueblo rebaño, e intentando evitar que
se le acabe el público para su teatro. |
|
COSAS
DE JAZZ
DE LA PRESENTACION Y DE VATICANAS BUFONADAS
POR JUAN MARIA GARCIA CAMPAL
Conste que en estas
"Cosas de Jazz" sólo ejerzo el antiguo oficio de escribiente, ya que entre las
muchas pericias y habilidades que él tiene, de la de escribir, carece. Lo hago por tanto
por camaradería, pues meses hace que compartimos tiempos, espacios y correrías.
De él diré que, al igual que la música que le nombra, es del color
de la ausencia de la luz, y que ya como el jazz, comienza a dar prueba de enriquecedor
mestizaje. Una pequeña capa de su pelo blanquea. Por lo demás, simple perro es, sin más
raza que la canina, libre de las esclavitudes genéticas del pedigrí.
Le conocí un día en que visité el campo en que se concentraba, perdón, protegía, con
la civilizada ley del más fuerte, con otros cuatrocientos canes. El, que de su perra vida
no guarda recuerdo que no esté entrecruzado por mallas metálicas, harto de ver humanos
compungidos que nos acercamos a mirarlos y a sentirnos bondadosos mientras nos laman las
manos, me cantó las cuarenta a su sonora manera, o sea, ladrando. Ante su ladrado canto,
pregunté a la encargada del campo, "¿Y... esto?" Aquel "esto" aún
avivó más su enfado. "Ya ve", contestó ella. Aumentaba su rabia y desprecio
hacia todo lo humano cuando dije, "Me lo llevo". El primero lo dudó. Pero
viéndome señalar y decir "A este... a Jazz", lo dió por cierto. Me odió al
agobiarlo con mi manía de mandar: ¡Ven!, ¡No!, ¡Quieto!, ¡Sienta!, ¡Echa!, ¡Toma!,
¡Vamos!... Me hizo entender que él necesitaba alguna orden menos y algo más de espacio
y de tiempo mediante pifias cometidas en mi ausencia. Le entendí. Le reñí, pero lo
entendí. Así, poco a poco, nos hemos hecho amigos.
Cuando leo, escucho la radio o veo los noticiarios televisados, él se
arrima mimoso y yo le acaricio el lomo. Cuando le pregunto "¿Qué, Jazz, te has
enterado?" El agacha las orejas y frunce el ceño. Digo, "¡Que estamos de
acuerdo, vamos!" El, entonces, mueve el rabo. Total, que hacemos buenas migas este
perro y este humano. Y como me ha convencido de que traduzca al dictado sus ladridos y
gruñidos sobre determinados hechos in y humanos, acaba aquí la presentación y comienza
su primer dictado:
"Da risa, más por ridícula que por simpática, la beligerancia del vocero
vaticanista "L'Osservatore Romano" con respecto al Nobel de Literatura de los
dos últimos años. Quizá le convenga organizar para el próximo año, y a las puertas
del jurado, un rezo exasperado de rosarios. Quizás así, consiga abortar, perdón,
alumbrar a su medida, el fallo. Continúa la Iglesia tomando al hombre libre, no oveja,
por desviado, llamando al pueblo rebaño, e intentando evitar que se le acabe el público
para su teatro.
Si con el Nobel para Darío Fo se "ha(bía) sobrepasado la frontera de lo
imaginable", eligiendo "un bufón", después de tantos genios" van los
suecos y, en vez de rectificar su cultural pecado, optan, disgustando al Vaticano, que de
tanto dogma tiene el imaginario plano, por otorgar el de este año a un
"recalcitrante comunista", a José Saramago. Sigue la Iglesia igual que siempre,
con la doble moral o función teatral. En una, se representa la caridad, en otra, la
necedad. En una, se atemoriza al corazón, en otra, se pisotea la razón.
Normal es que la oveja ande en rebaño y hasta que el pastor lleve
bastón de ordeno y mando que así descanso. Pero, ¿el hombre? digo yo que podrá
avanzar, recto, además de erecto, como lógica consecuencia de su natural discernimiento,
evolución y conocimiento, y no de no sé qué polvos, lodos y hechos milagreros. No veo
la necesidad de palos, de rebuznos doctrinarios, ni de amenazas de mayores infiernos, que
el que ya para demasiados es el presente, ha representado para tantos el pasado y no
parece que el futuro lo vaya a hacer para muchos más menudo. Así que, recen sus almas
pías y dejen a los demás decidir sus vidas, sus gustos y hasta la forma de aliviar sus
disgustos. Si la sociedad civil respeta escrupulosamente la personal opción de todo
creyente y la de los católicos muy especialmente, ¿por qué esa Iglesia no hace lo mismo
en justa correspondencia con los ciudadanos y ciudadanas que no comparten su creencia? Si
son éstos capaces de elegir alcaldes y gobiernos, ¿por qué no se les respetan las
decisiones que atañen a la vida ciudadana o sólo al ámbito individual?
En fin, ladridos perdidos. Seguirá la santa diciendo que lo que muchos
hombres consideran por intolerante e intolerable, necedad, es virtud perseverante, y
llamando lo que les venga en gana y suene a maldad a todo aquel que crea en el hombre y en
su exigencia de bien hacer terrenal sin esperadas a gratificaciones "post
mortem". Es tanta su soberbia que si no es en ella el hombre no persevera,
recalcitra. ¡Qué su dios les perdone! Yo ahora ladraré para que unos sepan que cabalgan
y ella, la de las vaticanas bufonadas, que se columpia".
Y Jazz quedó ladrando.
|