
Salimos de un punto y a él
volvemos. Y en su recorrido cada uno vive lo que piensa y piensa sólo lo que es capaz de
soñar. |
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EL
ARBOL DEL BUHO
EL VIAJERO
POR ELENA G. GOMEZ
Lo primero que se
produjo fue una potente e impresionante explosión y, aunque resulte extraño, oí mi
nombre. Por lo menos eso fue lo primero que recuerdo.
Pero, cierra los ojos y escucha, porque te voy a contar cómo fue mi viaje".
Cerré los ojos como me dijo y él, con su grave voz, comenzó el relato...
"Era como si alguien me hubiera llamado desde un lejano lugar. Me
sentía atraído por una fuerza misteriosa y supe que había llegado la hora y que debía
emprender mi viaje.
Inmediatamente empecé a dar vueltas y vueltas descendiendo por una gigantesca espiral que
cada vez se hacía mas estrecha. Confieso que al principio sentí miedo.
Luego, entré en un túnel oscuro y silencioso, caminé dentro de él y de pronto, en el
fondo, vi una esfera que giraba y producía un sonido. A medida en que me acercaba a ella
pude reconocer lo que decía. Me llamaba.
Me sentí hipnotizado por su voz y atraído por su belleza. La esfera no dejaba de
llamarme, era como si hubiera sido creada para mí, como si fuera el espacio perfecto en
el tiempo adecuado. Así que me lancé con fuerza hacia ella y entré en su interior.
Cuando lo hice se produjo otra explosión, la segunda grandiosa explosión, pero esta vez
la voz ya no sonaba lejana, sino dentro de mí. La voz y yo éramos uno, y un hermoso arco
iris cubrió la esfera, y desde ese momento ya no hubo más oscuridad.
En ese pequeño cosmos que era el cuerpo de la que sería mi madre, se había producido un
gran acontecimiento, había comenzado la magia de la vida, de mi vida.
Después de aquellos agitados momentos iniciales, se produjo un
movimiento más rítmico y sereno. La esfera que me contenía se depositó en una
superficie suave y aterciopelada y empezó su proceso de transformación. Mientras
sucedía todo esto yo empecé a familiarizarme con la nueva situación. No era fácil
estar allí, me sentía como un gigante atrapado en un chip, pero sabía que aquello era
normal porque ya lo había vivido en otras ocasiones, así que empecé a trabajar. Lo
primero que hice fue repasar el objetivo de mi futura vida. Estudié cuidadosamente el
plan que había trazado, el lugar que había elegido para nacer, las características de
mis padres, el entorno, e, incluso, la fecha más adecuada para que todo resultase
perfecto. Sí, no podía fallar, además contaba con la ayuda de mis pensamientos,
perdón, vosotros los llamáis ángeles. Ellos estarían atentos para recordarme lo que
tenía que hacer, y también, cómo no, para hacer realidad mis sueños.
Mientras yo me preparaba, mi cuerpo había dejado de ser una esfera y tomaba más y más
forma. Ahora debía comenzar una nueva fase, la de conocer el mundo que me rodearía.
Lo primero que recuerdo de forma especial e inolvidable de este nuevo
tiempo, fue cuando oí la voz de mi madre por primera vez. Era muy distinta a todo y a
todos los que luego escucharía. Era como si su voz me mirase. Yo la sentía, y aunque no
siempre entendía lo que decía, no me importaba, porque ella me acariciaba y me protegía
con su voz. Algunas veces sentía como se tocaba su vientre y entonces fluía entre
nosotros un hilo dorado de energía. Ella me quería y eso era todo cuanto yo necesitaba.
De pronto, un día, el espacio empezó a contraerse, parecía que
había un terremoto, un movimiento de tierras, una explosión, sí, la tercera explosión.
Comprendí que había llegado el momento de salir de mi burbuja, y enfrentarme a mi viaje,
y con él, a la dualidad, porque yo sabía que dentro había luz mientras que fuera me
esperaba la oscuridad. Dentro estaba protegido, seguro, fuera había continuos peligros.
Todo era distinto, lo sabía, pero debía continuar porque mi viaje tan sólo había
comenzado.
Por alguna razón que desconozco, al nacer no me ocurrió como a la inmensa mayoría de
los humanos, y no perdí el recuerdo de lo que había sido antes, y esa consciencia hizo
que mi vida fuese distinta, que mis objetivos y preocupaciones no fuesen los cotidianos
sino una meta distinta, un reto permanente, una actitud continua de aprendizaje, porque,
en realidad, para eso hacemos este viaje.
En mi vida pude conocer a otros muchos viajeros que se habían olvidado que estaban de
paso, y al hacerlo se aferraban a lo que tenían, y construían maletas tan pesadas que no
podían caminar, permaneciendo encadenados a ellas, inmóviles en una vida preestablecida,
en un sueño que otros habían para ellos creado.
Y te cuento todo esto ahora porque he comprendido que cada uno, en su
viaje, en su vida, en realidad lo que hace es trazar un círculo. Salimos de un punto y a
él volvemos. Y en su recorrido cada uno vive lo que piensa y piensa sólo lo que es capaz
de soñar.
Cada uno es su propio sueño, su propio pensamiento creado.
Ahora estoy a punto de regresar, veo el túnel y dentro de él hay una esfera dorada y
brillante, dentro de ella hay una voz que me llama, presiento que dentro de la esfera,
fuera del tiempo y del espacio, también estoy yo".
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